Conclusiones de la huelga en la plataforma logística de Pull&Bear en Cabanillas del Campo

El pasado jueves, 20 de noviembre, amanecía sobre la planta logística de Pull&Bear en Cabanillas del Campo, provincia de Guadalajara, con sus accesos bloqueados. Cientos de trabajadores se levantaron en huelga exigiendo una mejora en sus condiciones salariales y laborales al primer monopolio de la industria textil en nuestro país: Inditex.

La plataforma logística de Pull&Bear en Cabanillas del Campo, una de las firmas del grupo Inditex, supone cerca de un 80 % de la carga logística y de distribución de la marca en España. A pesar de ello, es una de las plantas logísticas de todo el grupo Inditex con los salarios más bajos, incluso dentro de la propia Pull&Bear. Las comparativas con las plataformas de Narón (A Coruña), también de Pull&Bear, o con la plataforma de Meco (Madrid), a escasos 16 kilómetros de distancia, son indecentes. Los bajos salarios en relación con los de otras plataformas del grupo, las altas cargas de trabajo, las jornadas estresantes y el abuso de la temporalidad son una realidad cotidiana y opresiva para los más de 500 trabajadores empleados de forma directa en la plataforma. Una situación que contrasta con los enormes márgenes de ganancia del grupo, que eleva un 3,9 % sus beneficios anuales y un 10,6 % sus ventas navideñas.

Esta situación, sostenida durante muchos años, y la absoluta negativa de la empresa a negociar ni un ápice llevaron a la convocatoria de una huelga en la planta por primera vez desde su apertura en 2014, una huelga que tuvo una duración de nueve días y que pretendía golpear al gigante capitalista en unas fechas clave para la facturación: el Black Friday. Tras nueve días con un seguimiento muy alto, un despliegue policial sin precedentes y la posibilidad, encima de la mesa, de convertir la huelga en indefinida, el Comité de Huelga, con el refrendo de los trabajadores, decidió levantar la convocatoria tras un tímido acuerdo con la empresa de mejora en algunos pluses y en contrataciones, pero muy lejos de las pretensiones iniciales de la plantilla.

Los conflictos laborales pueden medirse como victorias o derrotas en función de los resultados obtenidos, pero a largo plazo es casi más importante el nivel de organización y conciencia que, tras un conflicto, adquieren los trabajadores; es decir, si después del conflicto con la empresa la plantilla sale más cohesionada, organizada y consciente o si, por el contrario, decae el ánimo, cunde el descrédito y aflora el individualismo. Si, a pesar de no haber conseguido una gran victoria en el plano económico, la plantilla sale reforzada en lo organizativo de un conflicto, se estará en disposición de volver a luchar con más fuerza y mejor organización más adelante. Si, con independencia de lo logrado, no hay conclusiones que permitan reforzar la organización y, con ello, el poder de los trabajadores, los avances obtenidos tendrán fecha de caducidad y cada vez resultará más difícil no ya conseguir nuevos, sino sostener las condiciones existentes.

A la hora de afrontar un conflicto laboral, más aún una huelga, la unidad es una condición indispensable. La unidad sindical puede actuar como un importante catalizador de la movilización de la plantilla, pero el factor fundamental es la unidad de los propios trabajadores y trabajadoras del centro, aun a pesar de que las distintas organizaciones sindicales no actúen al unísono. Esa unidad no se decreta: se construye lentamente y con métodos democráticos propios del movimiento obrero, como la asamblea, forma de toma de decisiones colectiva y vinculante. En el caso de la plataforma de P&B en Cabanillas del Campo, la unidad se trabajó con mimo por parte de las organizaciones convocantes. Pese a que la mayoría de los sindicatos presentes en el centro de trabajo y en el comité de empresa apoyaron la huelga, se optó por organizar un referéndum, a fin de que la última decisión sobre si ir a la huelga —por primera vez en la historia de la plataforma— la tomara la plantilla. El respaldo a la convocatoria fue mayoritario, como se demostró posteriormente en el número de trabajadores en huelga y en la participación en los piquetes informativos.

Pero, si la plantilla estaba unida, decidió mayoritariamente ir a la huelga y se movilizó masivamente, ¿por qué tras nueve días no se consiguieron arrancar mejores compromisos a la empresa? Indudablemente, un factor fundamental para determinar la fuerza de la clase obrera es su número. Si una amplia mayoría de la plantilla se moviliza, el trabajo no sale adelante y la empresa empieza a notar en sus márgenes de beneficio la presión de la huelga. Pero el número por sí solo no es suficiente si no va ligado a un alto nivel de organización, fruto de la experiencia acumulada de cientos de conflictos entre el capital y el trabajo. Ahí es donde hoy el movimiento obrero y sindical en nuestro país encalla, al no ser capaz de trasladar esa experiencia acumulada entre distintas generaciones de obreros en lucha.

Resulta obvio señalar que, si un centro de trabajo afronta por primera vez una huelga, sus trabajadores y trabajadoras no cuentan como colectivo con un acumulado de errores y aciertos sobre los que desplegar la acción sindical. Pero, precisamente por ello, son los sindicatos de clase —organizaciones con largo recorrido que aspiran a organizar a la totalidad de la clase obrera en su choque contra el capital— quienes están llamados a recopilar experiencias exitosas en diferentes conflictos y ponerlas en práctica en otros lugares.

Una huelga, más aún cuando un solo centro de trabajo se enfrenta a un gran monopolio como Inditex, necesita para triunfar de un fuerte componente organizativo. Ser capaces no solo de movilizar a una parte mayoritaria de la plantilla, sino de organizarla para hacer frente a días de paro en los que el frío, la incertidumbre y la represión policial van haciendo mella progresivamente en la moral de quienes luchan. Es necesario organizar turnos para sostener los piquetes informativos, conformar grupos a los que se encarguen las labores de avituallamiento para aguantar horas y días a las puertas de la empresa, o articular las acciones necesarias para garantizar el éxito del paro, neutralizando la acción de los esquiroles y superando las medidas represivas que el Estado despliega en defensa del beneficio capitalista.

Si se pretende escalar el conflicto hacia una huelga de larga duración, esta labor organizativa se vuelve, si cabe, todavía más indispensable. Hay que desarrollar herramientas para paliar el impacto económico de la huelga en el hogar de cada compañero, para que la carestía de la vida no obligue a romperla. La externalización del conflicto aparece aquí como un elemento a organizar por parte de los huelguistas: dar a conocer por qué se lucha y buscar la solidaridad en otras plantas de la empresa, en otras marcas del mismo monopolio y el apoyo de toda la clase obrera, así como en los espacios de vida y socialización de las trabajadoras y los trabajadores. Todo ello multiplica el conflicto y lo expande, abriendo nuevos frentes de batalla a la empresa y reforzando el sostén de la plantilla. Frente a un gran monopolio, que cuenta con la capacidad de aminorar el impacto de la huelga desviando el trabajo a otros centros, toda esta labor es aún más esencial.

En un mundo dominado por un puñado de grandes monopolios, con unas relaciones laborales cada vez más fragmentadas que dificultan el combate unificado de la clase trabajadora, el acceso de las plantillas al patrimonio colectivo de las diferentes experiencias de lucha es más necesario que nunca. El movimiento obrero y sindical necesita espacios de socialización de estas experiencias, reflexionar colectivamente sobre cómo se desarrolla cada conflicto y extraer lecciones para aplicar en los siguientes choques que están por venir. La conclusión de la huelga en la plataforma de P&B en Cabanillas del Campo es que necesitamos más unidad, más organización y más solidaridad si queremos darle la vuelta a la tortilla. La tarea no es sencilla y requiere de muchas manos y aún más voluntad, pero el campo está abonado para que germine, crezca y se multiplique un movimiento obrero fuerte, capaz de acabar de una vez y para siempre con la explotación y la opresión. Al lío.