En un contexto de profundización de la crisis capitalista, de empeoramiento sostenido de las condiciones de vida de la clase trabajadora y de completa integración de la socialdemocracia en la gestión del sistema, el Partido Comunista de los Trabajadores de España vuelve a intervenir en el terreno electoral. Desde Nuevo Rumbo entrevistamos a Alberto Sopeña, candidato del PCTE en Aragón, para analizar la situación política en la comunidad, el papel de las elecciones y las tareas que se abren para la clase trabajadora.
Nuevo Rumbo: Para comenzar, ¿qué es el PCTE y qué sentido tiene la presentación de una candidatura comunista en Aragón en un escenario dominado por los partidos de la burguesía y la socialdemocracia?
Alberto Sopeña: El PCTE, como partido marxista-leninista, es la organización que en sus planteamientos políticos y organizativos representa objetivamente los intereses de la clase obrera aragonesa.
El sentido fundamental de presentar una candidatura comunista frente al bloque dominante de los partidos capitalistas es puramente táctico: se trata de aprovechar el escenario electoral para dar a conocer nuestra propuesta política y tratar de aumentar la organización y el nivel de conciencia de clase. Para nosotros, cada convocatoria electoral es una oportunidad para evidenciar las grandes limitaciones de las instituciones burguesas y señalar que la única salida real a la explotación no reside en una u otra gestión del capitalismo, sino en su superación. Por eso, el hecho de que nos presentemos a las elecciones no debe confundirse con que depositemos ninguna esperanza de cambio en las instituciones ni que creamos que el socialismo se alcanza a través de pequeñas conquistas desde ellas.
NR: Desde el análisis del PCTE, ¿cómo se expresa la crisis capitalista en Aragón? ¿Cuáles son sus manifestaciones concretas en la vida cotidiana de la clase trabajadora?
AS: La crisis del capitalismo en Aragón se manifiesta, en esencia, como una profunda brecha entre los beneficios empresariales y el empobrecimiento de la clase trabajadora. Mientras la región atrae inversiones millonarias en logística y tecnología (como los centros de datos, las plataformas de transporte, las energías renovables…), la realidad cotidiana de los trabajadores está marcada por la pérdida de poder adquisitivo, el empeoramiento de la calidad de vida, la precariedad laboral y el difícil acceso a la vivienda, a la par que los servicios públicos son degradados y privatizados. Mientras el capital se reorganiza para mantener sus beneficios, el crecimiento económico de unos pocos es siempre la miseria y el expolio de la mayoría.
De hecho, la crisis en Aragón no es falta de riqueza, sino el desvío sistemático de recursos públicos y naturales para sostener las ganancias del capital. Los datos macroeconómicos aragoneses resultan obscenamente positivos en comparación con la situación general de la población.
NR: Los distintos Gobiernos autonómicos, tanto de uno como de otro signo, se presentan como gestores «responsables» de la comunidad. ¿Qué balance hacéis desde el PCTE de estas décadas de gestión institucional del capital en Aragón?
AS: Para quienes llevamos años siguiendo la política real de nuestra comunidad, este tipo de declaraciones suenan a chiste de mal gusto. Los distintos partidos necesitan que la gente olvide con rapidez su pésima gestión y presentarse como valedores de los intereses de los aragoneses.
Con el actual Gobierno del PP no necesitamos hacer mucha memoria. Hace tan sólo unas semanas anunciaron una inversión de 20 millones de euros para el curso que viene para concertar parte del bachillerato y de la educación infantil. Mientras tanto, este curso ya son 39 aulas de la educación pública menos que el curso anterior y más de 2.000 plazas de bachillerato público han quedado vacantes. Datos como estos evidencian que, lejos de una voluntad de mejorar la educación, el Gobierno del PP vela por los intereses de las empresas educativas, muchas de ellas vinculadas a congregaciones religiosas.
Con el Gobierno anterior, bajo la presidencia de Lambán, y haciendo un poco de memoria, recordamos el proyecto de unión de estaciones de esquí Canal Roya en el Pirineo. Fue bajo el Gobierno del PSOE-PAR-CHA-Podemos cuando comenzó este proyecto que iba a destinar más de 25 millones de euros de dinero público a bolsillos privados y a destruir un ecosistema con un valor medioambiental tremendo.
Ejemplos de cómo unos y otros han gobernado siempre para los intereses del capital hay muchos, pero estos concretamente muestran también cómo debe ser la respuesta. Fue la movilización popular la que frenó el proyecto de unión de estaciones y, ante el anuncio de los conciertos educativos, ha sido la comunidad educativa quien ha salido durante tres jornadas de huelga a la calle a protestar contra la medida.
NR: El PCTE defiende que la participación electoral no es un fin en sí mismo. ¿Qué papel juegan estas elecciones autonómicas dentro de la estrategia general del Partido y de la lucha por la emancipación de la clase trabajadora?
AS: Para nosotros, presentarnos a las elecciones responde a una cuestión táctica. Somos plenamente conscientes del carácter de clase que tienen las instituciones en el capitalismo, y con los ejemplos que hemos dado antes se evidencia que la tónica general de unos y otros partidos es la derivación de dinero público a manos privadas. Por eso, nuestra presencia en las elecciones no responde al objetivo de gestionar el capitalismo, sino a la necesidad de dar a conocer cada vez más al Partido entre la clase obrera aragonesa y organizar la oposición obrera, aumentando el grado de conciencia y participación política de los trabajadores y las trabajadoras aragonesas.
NR: A menudo se intenta trasladar a los trabajadores la idea de que el cambio social vendrá exclusivamente a través de las urnas. ¿Cómo combate el PCTE esta visión y qué importancia le da a la organización política y sindical de clase?
AS: Hacer política no es votar cada cuatro años (o tres, en este caso), y esta es una máxima que desde el PCTE defendemos siempre.
La idea de que el cambio será a través de las urnas la han explotado mucho, especialmente, los partidos de «izquierdas», con todo un discurso centrado en «frenar a la reacción». Sin embargo, hemos visto las consecuencias de institucionalizar la protesta y confiar en estos partidos. El descontento general es evidente. Quienes venían supuestamente a defender los intereses de las y los trabajadores han acabado gobernando para los de siempre, con el hándicap de que, al depositar la confianza de cambio en las urnas, hemos vivido unos años de desmovilización por parte de las principales organizaciones sindicales y el movimiento obrero en general. Como consecuencia, entre otras cosas, con la desconfianza generada por estos partidos al ser incapaces de cumplir con sus promesas electorales, la intención de voto vira hacia la derecha y extrema derecha. Como si ellos sí que fuesen capaces de solucionar los problemas que sufrimos y no representasen los intereses de quienes nos explotan.
Es por eso por lo que el PCTE se presenta a las elecciones con un programa que no es electoral, sino de lucha. Se trata, sin duda, del más ambicioso socialmente de todos los programas y, aun así, el único realizable. Esto es posible porque la manera de conseguir aquello que proponemos no es a través de las urnas, sino mediante la organización y la lucha obrera. Por ello, toda nuestra campaña se sustenta sobre la llamada a la organización sindical y de clase, que es la única forma de lograr victorias para los trabajadores y trabajadoras.
NR: Entrando en cuestiones concretas, ¿cuáles son hoy los principales ataques que sufre la clase trabajadora aragonesa en materia de empleo, vivienda y servicios públicos?
AS: En cuanto al empleo, Aragón se caracteriza por una elevada parcialidad que afecta especialmente a las mujeres, quienes firman el 80 % de los contratos parciales. Parcialidad y precariedad atraviesan el mercado laboral aragonés y, aunque las estadísticas generales de empleo son similares a las del resto de España, la temporalidad es otro de los grandes problemas (independientemente de que ahora no existan los contratos temporales propiamente dichos). Como consecuencia de esto, tenemos en Aragón un riesgo de pobreza y exclusión social que afecta a más del 20 % de la población, un dato que ha crecido diez puntos desde la pandemia y que se vuelve aún más preocupante entre los niños y niñas, donde la pobreza infantil alcanza casi el 30 %. Además, el número de trabajadores que no llegan a fin de mes no deja de incrementarse: actualmente, un 13 % de las personas con empleo son trabajadores pobres.
Esta situación se ve agravada por el estado de los servicios públicos. El ejemplo que hemos dado sobre los conciertos educativos muestra muy bien cuál es la situación de la educación pública aragonesa, cuestión que se agrava en el medio rural y en barrios obreros infradotados y guetizados. Paradigmática es la situación del transporte sanitario, actualmente gestionado por Hermanos Tenorio, cuyos trabajadores llevan más de tres años en conflicto con la empresa, reclamando mejoras salariales y en sus condiciones laborales. Podemos afirmar que los servicios públicos son poco a poco degradados y privatizados, a nivel tanto de comunidad autónoma como municipal.
Pero la que seguramente sea la cuestión más sangrante es el acceso a la vivienda. Estamos hablando de que en Aragón tan solo el 17 % de los menores de 30 años pueden independizarse y, sin embargo, casi la mitad de las viviendas que se compran en nuestra comunidad son sin hipoteca. Para que luego haya quienes nieguen la lucha de clases.
NR: Frente a estos ataques, ¿qué propuestas plantea el PCTE para Aragón y en qué se diferencian sustancialmente de los programas de los partidos que aceptan el marco del sistema capitalista?
AS: Las propuestas del Partido vienen recogidas en el programa de lucha del que hablábamos antes. Y es precisamente el hecho de que sea un programa de lucha y no un programa electoral al uso lo que hace que sea posible conseguirlo.
En materia de vivienda, por ejemplo, defendemos la prohibición de todo tipo de desahucios y corte de suministros básicos a familias trabajadoras (recordemos que en España se ejecutan más de 100 desahucios al día), así como la expropiación sin indemnización de viviendas vacías en manos de bancos y fondos de inversión; y la limitación real y efectiva de los alquileres, siempre en detrimento de las ganancias de los propietarios.
En servicios públicos apostamos por la expulsión de todas las empresas privadas de la educación, la sanidad y los servicios sociales y, muy especialmente en Aragón, reclamamos la necesidad de desarrollar una red de transporte que conecte todo el territorio, con especial atención a las zonas rurales que enfrentan la despoblación. Se trata, en definitiva, de sacar de la ecuación el beneficio económico y articular los servicios públicos para dar respuesta a las necesidades de todos los aragoneses.
Respecto a la cuestión laboral, entendemos que se trata de una cuestión de fondo, no de cómo se llame el contrato. Por eso proponemos la prohibición de las empresas de trabajo temporal y también luchamos contra las relaciones laborales cada vez más flexibles que nos convierten en mano de obra a demanda, a disposición de las empresas cuando más rentables les resultamos.
NR: La subordinación del Estado español a la Unión Europea, la OTAN y las estructuras imperialistas tiene efectos directos en la vida de los trabajadores. ¿Cómo se manifiesta esta dependencia en Aragón?
AS: Aragón, y especialmente Zaragoza, es un enclave estratégico con alta presencia militar: tenemos la mayor base aérea de España, la Academia General Militar, la Base San Jorge, el campo de maniobras de San Gregorio y las Bárdenas Reales, este último en zona limítrofe con Navarra. Por otro lado, cada vez son más las empresas dedicadas a la industria militar, que reciben ayudas y subvenciones con el objetivo de «consolidar Aragón como referente europeo del sector». Más allá del peligro evidente para la población civil en caso de guerra, vemos un discurso cada vez más generalizado sobre las bonanzas de la industria militar y la creación de empleo.
Lo que suele omitirse en estos debates es el hecho de que la mayor inversión en «defensa» viene de detraer presupuestos de otras partidas, generalmente servicios públicos, y que desde una perspectiva internacionalista es inaceptable que las armas, equipos, municiones, drones y tecnología aragonesas se destinen a la guerra imperialista, con envíos tan sangrantes como los realizados a Israel desde nuestra comunidad.
NR: ¿Qué tipo de relación debe construir el PCTE con otras organizaciones políticas, sindicales y populares que dicen defender los intereses de la clase trabajadora en Aragón?
AS: Ahora que volvemos a asistir al discurso de la unidad de la izquierda contra la reacción, esta pregunta está a la orden del día. Para nosotros, los acuerdos y la unidad con otras organizaciones deben construirse bajo una hoja de ruta común, un horizonte de lucha y objetivos compartidos. En ese sentido, tenemos puntos de encuentro y colaboramos activamente con otras organizaciones sociales, como por ejemplo con colectivos de vivienda ante el aviso de ejecución de un desahucio o con Casa Palestina por el fin de relaciones comerciales y diplomáticas con Israel. No obstante, no creemos en un «frente de izquierdas» que suponga renunciar a nuestras propuestas políticas y de lucha por unirnos a otros partidos que, buscando su rédito electoral, llaman a frenar a la reacción en las urnas y aspiran a gestionar el capitalismo.
NR: Ya se ha hablado de las limitaciones de las instituciones burguesas pero, en el caso de que el PCTE obtuviera representación institucional, ¿cómo se utilizaría esa tribuna?
AS: Hemos dejado claro que nuestra concurrencia a las elecciones no responde a la ingenuidad de creer en ninguna transformación social desde las mismas. Nuestro objetivo general es aumentar la organización de la clase y construir una fuerte base social capaz de arrancar victorias a los capitalistas. Aun así, en caso de lograr representación, no renunciaríamos a ella. Entendemos que el objetivo de los comunistas es construir un poder a pie de barrio y centro de trabajo que imponga sus propios intereses ante los de los explotadores, pero la representación institucional es un altavoz más para dar a conocer nuestra propuesta política, llamar a la organización y desentrañar los intereses de clase que hay tras cada medida.
Se trataría, al fin y al cabo, de una tribuna desde donde amplificar nuestro mensaje, pero nunca formaremos parte de un Gobierno, por muy «progresista» que sea, cuyo cometido sea la gestión del capitalismo. Nosotros venimos aquí a denunciar y luchar por la superación del sistema que nos explota y condena a la pobreza, no a gestionarlo.
NR: Para finalizar, ¿qué mensaje lanzarías a los trabajadores, a la juventud obrera y a los sectores populares de Aragón que desconfían de la política institucional?
AS: Que desconfíen, porque la política institucional es un engaño que te obliga a elegir entre el mal mayor o el mal menor, pero que esa desconfianza no se convierta nunca en indiferencia. Cuanto más nos desentendemos de la política, más libres tienen las manos para hacer y deshacer a su antojo. Y, si dejamos nuestro futuro en sus manos, nuestros problemas se agravarán más y más. Desde el PCTE traemos un mensaje duro pero con esperanza: la única forma de hacer valer nuestros intereses de clase es tomando partido.
Desde Nuevo Rumbo te agradecemos el tiempo y la disposición para compartir con nosotros los análisis y las propuestas del PCTE en Aragón, y le deseamos suerte al partido en las elecciones del día 8.