«Little Caracas» en Madrid: capitales venezolanos, oposición política y recomposición de clase

Madrid es una ciudad que está en constante cambio. Y, sin embargo, hay determinadas cosas que se mantienen relativamente estables. Por ejemplo, el barrio de Salamanca ha sido siempre el barrio de las élites madrileñas. Su céntrica ubicación y su exclusivo status hacen que la mayoría de nosotros ni siquiera nos planteemos la posibilidad de mirar precios de alquiler; mucho menos aún, de compra de pisos por la zona. Ha sido siempre una zona vedada a la clase trabajadora madrileña.

Sin embargo, podría parecer que en los últimos años está ocurriendo algo distinto. El barrio de Salamanca está empezando a adoptar nuevos vecinos venezolanos. ¿Podría ser esto un ejemplo de la identidad madrileña que reivindica nuestra queridísima presidenta Isabel Díaz Ayuso? A fin de cuentas, según ella, Madrid es una comunidad que «aúpa» a quienes llegan con «ganas de tener sus propios proyectos personales».

Nada más lejos de la realidad. La «diversidad» o «multiculturalidad» que defienden nuestros gobernantes es la misma que ha sido siempre: aquella que viene con capital bajo el brazo, dispuesta a reforzar su proyecto político y sus intereses de clase.

De los 8,7 millones de inmigrantes venezolanos en el mundo, cerca de 600.000 están en España. De esos, más de 210.000 viven en nuestra comunidad, y 40.000 en la misma ciudad de Madrid. Pero los ejemplos de «multiculturalidad» que aprecia la señora Ayuso probablemente se identifiquen mejor con los cerca de 3.000 venezolanos que viven en el barrio de Salamanca, en la zona que ahora se conoce como «Little Caracas», cercana a la calle Jorge Juan.

La realidad es que la inmigración venezolana que vive en «Little Caracas» es minoritaria y no es representativa del total de venezolanos que viven en nuestra ciudad, que en su mayoría son de clase trabajadora, compañeros nuestros en sectores particularmente precarizados, como el de la hostelería.

Sin embargo, sus compatriotas del barrio de Salamanca no tienen el mismo perfil. Entre ellos encontramos personas de alto poder adquisitivo (recordemos las Golden Visas activas hasta abril de 2025, que otorgaban permisos de residencia a quienes invirtieran más de 500.000 € en bienes inmuebles) que han trasladado sus capitales y redes empresariales fuera de un país en el que sus activos corrían riesgo, no fuera a ser que les tocara trabajar, como al resto de sus compatriotas.

Así, España (y más concretamente Madrid), es una opción particularmente amable para quienes buscan un entorno fiscal favorable con el que proteger su capital. La compra de viviendas o edificios residenciales con el fin de explotar sus rentas ha sido una de las facetas que han adoptado estas inversiones. Y con ello, por supuesto, hemos venido apreciando el tan conocido incremento de los precios del alquiler, que ha dificultado el acceso a la vivienda a la clase trabajadora madrileña.

Pero ahí no acaba la lista de motivos que hacen de Madrid un destino atractivo para la emigración burguesa de Venezuela. Además de empresarios y rentistas, «Little Caracas» también cuenta entre sus vecinos con cuadros políticos de la oposición venezolana.

El entorno político de la comunidad de Madrid, presidida por el Partido Popular, es un estímulo para cuadros políticos contrarios al régimen chavista, como por ejemplo Leopoldo López, quien, desde su salida de Venezuela en octubre de 2020, continúa desde España su lucha política contra el Gobierno de Nicolás Maduro.

También para su padre, Leopoldo López Gil, que llegó a España en 2014, y a quien el Gobierno de Rajoy concedió la nacionalidad española en 2015, para luego ser incorporado en 2019 a las listas para las elecciones al Parlamento Europeo, resultando elegido el primer eurodiputado venezolano por el PP.

Así, la oposición venezolana ha encontrado en el PP madrileño un padrino en pleno centro imperialista europeo. Sólo basta recordar cuán rápido salieron los principales cuadros del partido en Madrid a celebrar el bombardeo de Caracas del 3 de enero, y cómo de rápido protestaron cuando Trump dijo que María Corina Machado «es una mujer muy agradable, pero no tiene ni el respeto ni el apoyo para dirigir Venezuela».

La oposición venezolana está muy cómoda en Madrid, desde donde puede legitimar su narrativa antichavista y de presión internacional contra Venezuela. En palabras de Carlos Tablante para un artículo en el New York Times en enero de 2026, «es más útil tener al presidente electo en Madrid que en la cárcel en Caracas».

De esta manera, vemos cómo «Little Caracas» se conforma como un núcleo desde el que la burguesía venezolana puede proteger sus privilegios de clase, tanto a través de mecanismos fiscales y económicos como a través de herramientas políticas. También, gracias a su vinculación con otras burguesías nacionales, como la española.

A través de todas estas vías, la clase dominante venezolana continúa reproduciéndose y recomponiéndose, esperando el día en el que el contexto internacional les permita volver a Venezuela y, con sus privilegios de clase intactos, seguir explotando al pueblo trabajador venezolano.

Volviendo al inicio de este artículo, todo cambia para que todo permanezca igual. Puede que ahora tenga algo más de acento venezolano, pero el barrio de Salamanca continúa siendo el hogar de las élites en Madrid. Un lugar en el que el poder financiero, empresarial y político actúan en alianza para mantener el dominio de la clase capitalista sobre la clase trabajadora.