El PCTE celebra su III Congreso este mes de noviembre. Para conocer el camino transitado por la organización desde el II Congreso, los objetivos para este nuevo alto en el camino y sus análisis sobre el panorama político nacional e internacional, desde Nuevo Rumbo entrevistamos a Javier Martín, miembro del Buró Político del partido.
Nuevo Rumbo: El PCTE celebró su II Congreso en noviembre de 2021, en el centenario de la fundación del Partido Comunista de España como sección de la Internacional Comunista. El plenario de ese congreso supuso un paso muy importante porque terminó aprobando, tras un proceso de meses de debate en el partido y la juventud, el Manifiesto-Programa, un documento fundamental que analiza la historia del comunismo español, el sistema imperialista mundial y el capitalismo español contemporáneo y traza una propuesta para construir la sociedad socialista-comunista. ¿Qué vigencia tiene ese documento hoy? ¿Está a debate en este nuevo proceso congresual?
Javier Martín: Toda la vigencia. El Manifiesto-Programa es el documento estratégico que define y articula tanto la política del PCTE como la política que el PCTE le ofrece a la clase obrera en España. El Manifiesto-Programa fue el resultado de un proceso profundo de debate y discusión a lo interno de nuestro Partido, pero también fue el resultado de un proceso más largo, de generaciones, para la superación de la bancarrota que significó el eurocomunismo en nuestro país. Esa travesía por el desierto requería, con el objetivo de encontrar una orientación y volver a tierras fértiles, de una ruptura y superación teórica del eurocomunismo, que no es otra cosa que la forma específica que tomó en España el asalto burgués al comunismo, la contrarrevolución.
Una de las concepciones que había que superar era, precisamente, la del movimientismo, la ausencia de un programa claro hacia la toma del poder. Esta ausencia de programa propio, independiente, de la clase obrera, era la más clara evidencia de una práctica política que solo podía dar vueltas sobre sí misma, una ilusión de movimiento, incapaz de trascender los marcos de la política capitalista.
El Manifiesto-Programa nos devuelve una brújula, sintetiza los largos debates en la diáspora (la fragmentación del comunismo a raíz de la traición eurocomunista) y nos permite volver a actuar con una misión. La misión es la organización de la Revolución socialista, claro. Pero la clave está en que no sea una abstracción, un horizonte lejano, no vinculado a nuestras tareas presentes, no verificable en nuestra práctica cotidiana. La necesidad histórica, aquella que se expresa en cada fenómeno como la evidencia de que el socialismo-comunismo es la respuesta a las preguntas que plantea el capitalismo, no es otra cosa que la apertura de una posibilidad de desarrollo, una posibilidad que requiere de una serie de actos a su favor.
El Manifiesto-Programa parte, en consecuencia, del análisis riguroso de la realidad objetiva, del estado actual de la correlación de fuerzas, para definir una serie de lineamientos políticos esenciales que nos permiten conectar el actual estado de cosas con la construcción de una nueva sociedad. Se puede entender, por tanto, que es un documento que no caduca cada pocos años, pero que sí requiere de actualizaciones de acuerdo a los aprendizajes que va obteniendo el Partido y al cambio en las condiciones externas de su actuación. En este III Congreso, por ejemplo, hemos decidido colectivamente profundizar en el capítulo VII del M-P, particularmente en la intervención de masas y el modelo de Partido.
NR: Han pasado cuatro años desde el II Congreso del PCTE. ¿Qué avances que haya cosechado el partido en este periodo destacarías y cuáles crees que han sido los principales debes u obstáculos encontrados?
JM: Creo que ha habido algunos avances y muchos «debes». Y esto es bueno si se enfoca adecuadamente. Dentro de la superación del eurocomunismo y sus consecuencias debemos ir más allá del plano teórico; debe ser una superación práctica, los debates de este congreso están aquí localizados. Esta superación práctica tiene implicaciones también en lo interno, en el estilo de trabajo interno y la cultura militante. Por ejemplo, es necesario acabar con el miedo al error, y es necesario desterrar todo conformismo.
Estas lógicas se han osificado en la cultura militante. Tras la diáspora y el diluvio (la caída de la Unión Soviética y la victoria de la contrarrevolución a nivel mundial), hubo muchos honestos y valientes comunistas que tomaron el camino del resistencialismo. Este camino era como cavar un trinchera, ponerse a cubierto y mantener protegidos nuestros principios. Fue un periodo necesario, permitió que no todos sucumbieran a las lógicas socialdemócratas. La historia les ha dado la razón, todo sea dicho: las distintas familias de «renovadores» acabaron y siguen acabando, a veces en el mejor de los casos, en las filas de la socialdemocracia.
Pero aunque hace tiempo que tocó salir a la superficie, es normal que hoy nos sigan afectando las costumbres de aquel periodo, a pesar de haber sentado las condiciones para la superación definitiva tanto del periodo eurocomunista como del resistencialista. El miedo al error lleva al conformismo, el conformismo a la quietud, y la quietud es prolongar la muerte política.
Romper con esta dinámica nos permite reconocer las deficiencias y exponerlas abiertamente para reflexionar sobre cómo superarlas. Nuestro planteamiento es que en el conjunto de errores y debilidades lo que debemos hacer es encontrar el problema central, el que nos permite hacernos con el control de toda la cadena; y este problema central es la dificultad para desplegar una práctica política independiente y de masas. Con relación a este problema central se miden todos los demás.
NR: Y analizando esas dificultades encontradas, ¿cuáles son los principales objetivos que se marca el PCTE en este congreso de cara a los siguientes cuatro años?
JM: Pues al calor de lo dicho, sentar las bases teóricas para superar este problema. Lo primero, para ello, ha sido profundizar en nuestros principios, en los fundamentos que rigen nuestra actividad política. Entenderlos mejor para interiorizarlos no superficialmente, es decir, no dogmáticamente, no especulativamente, sino como principios que responden a una serie de determinaciones y experiencias históricas para comprobar y adaptar su aplicabilidad al momento actual.
Por ejemplo, no se puede pensar sobre intervención de masas sin pensar antes en el modelo de partido que proponemos. El partido de nuevo tipo del leninismo, las características que definen su fisonomía, se derivan de la particular relación entre espontaneidad y conciencia en la época del imperialismo. Esto lo explicamos con más detenimiento en nuestras tesis; invito al lector a echarles un vistazo y, si puede, a estudiarlas atentamente. La cuestión más importante es que la profundización nos permite sacar conclusiones válidas, operativas, para el presente: el partido es la primera y avanzada expresión de independencia de clase, pero esa independencia, para no perderse, para no diluirse, necesita organizarse: la independencia política exige independencia organizativa. Pero esa independencia organizativa no es aislamiento, es la condición de posibilidad para poder desplegar la práctica de la fusión, esto es: fundir el comunismo científico con las masas.
Nuestro planteamiento es que si el M-P permitió a nuestro Partido lograr una unidad política a lo interno, ahora la clave está en mejorar las formas de desplegar esa unidad a lo externo. Pero esta vocación de masas requiere también de una práctica propia, de acuerdo a los objetivos propios. El eurocomunismo reintrodujo en el comunismo un accionar político característico de la socialdemocracia y de los partidos burgueses, una práctica exterior, activista, que entiende la política sólo en su vertiente electoral, publicista o comunicativa. Es fundamental recuperar la noción bolchevique de una práctica interior, una acción política que se realice en el seno de los espacios de vida y trabajo de la clase, que derive la necesidad y posibilidad del programa del comunismo de los fenómenos y conflictos diarios en los que se expresa dicha necesidad, que organice a las masas en torno a ese combate, etc.
Esta intervención, además, debe priorizarse en el ámbito productivo, en los centros de trabajo, donde se estructura homogéneamente y en conflicto directo con el capital la clase obrera. Por ello reafirmamos y profundizamos en nuestra apuesta por el giro obrero, con su correspondiente correlato organizativo: necesitamos que el Partido se organice principalmente en el ámbito productivo, que ahí desarrolle la mayoría de su actividad, y que, por tanto, nuestro partido sea, tanto en términos político-ideológicos como en términos de composición, un partido de la clase obrera.
Pero este no es el único espacio, o frente de masas, de intervención: nuestro Partido profundiza también en su intervención en el ámbito vecinal, a través del proyecto de los Centros Obreros y Populares, por ejemplo; en su intervención entre la juventud trabajadora a través de los CJC; en su organización de la lucha de las mujeres trabajadoras; en su labor de solidaridad y oposición a la guerra imperialista, etc. Se trata de elaborar estrategias claras y definidas para cada frente de masas y para cada sector económico que potencien la presencia e influencia del PCTE.
Esto nos lleva también a profundizar sobre dos cosas: la relación con el entorno y la fisonomía del partido. La realidad actual de la lucha de clases en nuestro país nos enfrenta con la realidad de una correlación de fuerzas enormemente negativa; vivimos seguramente uno de los momentos más bajos de organización de la clase trabajadora desde que existe como clase. Las organizaciones de masas, la alta estructuración de la vida social obrera, garantizaban un estado casi permanente de tensión, movilización y reproducción de la conciencia de clase. Hoy, cuando eso casi no existe y hay que reconstruirlo, es necesario apuntalar cada avance, cada posición conquistada. Por eso creemos esencial reforzar las formas de vinculación con el entorno partidario, con aquellas personas que simpatizan con el programa comunista: ofrecer y garantizar un vínculo no solo ideológico, también organizativo.
Hay que resistir frente a la temporalidad de la política burguesa, oponer otras velocidades, ser conscientes de que debemos mirar mucho más lejos, aunque eso implique ir algo más lento. Y es necesario además hacer eso sabiendo que vivimos un momento de agudización de las contradicciones capitalistas. El lema del III Congreso es Un Partido para luchar en todas las condiciones precisamente porque sabemos que la amenaza de la guerra, la intensificación de la explotación, la carestía de la vida y la reacción obligan a estar lo más preparados posible. Necesitamos velocidad pero no precipitación, agilidad pero no sucumbir a los ciclos de la política burguesa. La recomposición política y organizativa de nuestra clase, en el momento actual, necesita de un Partido que frente a todas las amenazas pueda continuar desarrollando su política, plantando cara a dichos peligros y avanzar desde su propia agenda, desde sus propios objetivos y necesidades.
Para ello son importantes muchas cuestiones de organicidad interna que se reflexionan en la tesis: centralidad, dirección colectiva, profesionalización, etc. Pero me voy a centrar en una: funcionar como un partido de combate, es decir, bolchevizar. Nuestra comunicación, elaboración teórica, procesos deliberativos, estructuración interna…; todo ello debe ir orientado a mejorar las capacidades de combate del Partido y, en consecuencia, de la clase obrera.

NR: En el momento de celebración del II Congreso, el primer Gobierno de coalición, del PSOE y Unidas Podemos, no había llegado aún al ecuador de la legislatura. Desde entonces han cambiado unas cuantas cosas en el panorama político del país, y otras permanecen: la socialdemocracia acumula ya siete años gobernando, pero las elecciones autonómicas de 2023 dibujaron un mapa con mayorías del PP, que viene utilizando sus Gobiernos autonómicos como ariete contra el Gobierno central. En este III Congreso, ¿hacéis una previsión de los posibles escenarios políticos tras las elecciones generales que, en principio, se celebrarán en julio de 2027, si no se produce un adelanto electoral? ¿Cómo condiciona eso el trabajo general del partido?
JM: Creemos que no se trata tanto de jugar a ser pitonisos, como de trazar con rigor el momento histórico actual para comprender las tendencias y escenarios que pueden abrirse, tanto en un plano nacional como internacional. En lo que respecta al trabajo del Partido, sus objetivos troncales no cambian en lo sustancial frente a una forma de gestión u otra. Ambas, gobierne el PSOE o gobierne el PP, van a realizar, en un estilo u otro, a un ritmo u otro, los imperativos políticos del capitalismo para el momento actual. El consenso político de la burguesía europea, expresado a través de sus distintos partidos, es la flexibilización laboral, la austeridad y la guerra; y los principales perjudicados de ello son la clase obrera y los pueblos. Eso es así en rojo o en azul.
Es cierto que, aunque el contenido es el mismo, no lo es la forma, y esto tiene implicaciones importantes en la política comunista que hay que tener en cuenta: en ritmos, en niveles, en posibilidades. No podemos caer en una igualación abstracta que nos impediría actuar sobre el verdadero estado de cosas, conectar con las subjetividades y sensibilidades reales del momento. Todo eso debe formar parte de nuestro análisis táctico en cada fase. Pero en este proceso congresual debemos centrarnos en lo que es común a cualquiera de los dos escenarios y que define lo fundamental de nuestra labor política: nuestro Partido debe centrarse en favorecer la reconstrucción de una oposición obrera frente a las violencias del capitalismo, frente a la guerra y frente a la reacción. Una oposición obrera que resitúe el núcleo de combatividad en los centros de trabajo, garantizando con ello la dirección asalariada, proletaria, de las movilizaciones y las luchas sociales que están por venir.
NR: Ya en noviembre de 2021 venía produciéndose un auge de las posiciones reaccionarias a nivel político y social, con discursos contra la población migrante permeando entre capas de la sociedad cada vez más amplias. Cuatro años después, estas posturas no han dejado de crecer y de multiplicar sus altavoces, con un episodio como las cacerías de este verano en Torre Pacheco. ¿Cómo analiza el PCTE este auge de la reacción y cómo cree que debemos enfrentarlo?
JM: La reacción es un fenómeno histórico que no responde a la habilidad o maldad de unos lidercillos, sino a condiciones y necesidades específicas del capital en un momento determinado. Tiene además diversas estratificaciones, todas ellas con sus particularidades, todas ellas con un sentido de clase. El contexto, muy resumidamente, es de la crisis multifacética del capitalismo, en el plano económico, pero también en el social, ideológico y político.
Yendo a lo esencial, para no aburrir al lector en exceso, podríamos decir que sus características ideológicas –el fetichismo estatal, el nacionalismo económico, el chovinismo, el discurso anti-inmigración, la pulsión represiva– conectan los intereses de un sector de propietarios, de capitalistas, con la radicalización de determinadas capas medias a nivel social. Así es como se va configurando el programa de máximos de la burguesía y su movimiento.
Esta utopía reaccionaria sirve para aglutinar a diversos sectores descontentos que aúpan y empujan un programa de gestión del capitalismo que, frente a la quiebra del consenso de la «globalización», frente al descenso continuado en las tasas de ganancia de las potencias, plantea un acortamiento de las cadenas de valor, apostar por un modelo aparentemente menos inestable y menos dependiente de otras potencias, y reajustar con ello el panorama general de las alianzas internacionales para relanzar su acumulación.
Este auge reaccionario, cuyas posibilidades reales son –como se demuestra luego en las administraciones en las que la ultraderecha ha conseguido llegar al Gobierno– más angostas de lo que dibujan sus discursos, se ve favorecido por la propia tendencia a la reacción inherente del imperialismo. Frente a la descomposición capitalista, los Gobiernos e instituciones se ven obligados a aumentar sus mecanismos de control y represión en la vida social para garantizar el normal discurrir de la sociedad burguesa, a disciplinar la fuerza de trabajo bajo la bandera del nacionalismo, a aumentar la competitividad frente a otras potencias y monopolios, etc.
Por ello, toda lucha contra la reacción debe estar vinculada a una lucha general contra el capitalismo. Decía Brecht que cuando se sabe que la desgracia tiene un remedio es posible combatirla. El remedio definitivo contra la ultraderecha y el fascismo no es el malmenorismo, ni la socialdemocracia, ni ninguna forma de gestión del capital: es el movimiento obrero consciente. Un movimiento obrero que sea capaz de plantar cara a la reacción en todas sus formas, pero plantar cara organizadamente, enfrentar cada expresión, tanto estructurada como espontánea, tanto consciente como inconsciente, en cada espacio de vida y trabajo.
NR: En el ámbito internacional ha subido varios escalones el recrudecimiento de las tensiones, conflictos y enfrentamientos entre potencias que ya venía señalando el PCTE en sus análisis desde antes del II Congreso: la guerra de Ucrania, la guerra comercial entre EE.UU. y China, los aranceles de la administración Trump o el genocidio perpetrado por el Estado de Israel en Gaza, además de otros tantos conflictos a escala regional en distintos puntos del globo. ¿Cómo analiza el PCTE el escenario mundial y cómo se coordina con otros partidos comunistas y obreros para poder hacerle frente al imperialismo desde cada país?
JM: Partamos de algo importante que tiene que ver con la bolchevización antes referida: nuestro Partido, aunque actúa en un marco nacional-estatal, se siente una sección del Partido mundial de nuestra clase. El problema es que este partido no existe aún, y tampoco puede decretarse; debe ser el resultado de una unificación progresiva de los partidos comunistas y de las estrategias del movimiento obrero.
El desarrollo del imperialismo implica la completa internacionalización de la vida económica y, a su vez, el agravamiento de la tendencia a la concentración nacional-estatal, marco y plataforma esencial de los capitalistas en su competición mundial. De ahí se deriva nuestra apuesta organizativa por un Partido organizado a nivel estatal pero en coordinación progresiva con otros partidos en el ámbito europeo y mundial. Y ese mismo cuadro nos permite comprender lo que ocurre en este momento en el plano de las relaciones entre las potencias.
Todos los sucesos que se mencionan en la pregunta, efectivamente, no han surgido de la nada, están todos ellos interconectados, todos responden a un crecimiento progresivo de la tensión mundial, y todos, en esencia, son expresión de una realidad ya referida en la pregunta anterior: la de un sistema imperialista internacional en desaceleración económica. Esto implica que las grandes empresas, los monopolios dominantes en los distintos países, tienen una importante sed de beneficios, y una forma esencial de obtener estos beneficios es acceder a nuevos mercados, recursos naturales, rutas de transporte de energía y mercancías, etc.
Pero, claro, el mercado capitalista mundial se rige por unas series de alianzas que han ido tejiendo en el desarrollo del comercio complicadas redes de dependencia mutua; redes rubricadas mediante acuerdos, protocolos, leyes, y hasta instituciones. Esto implica que cada intento por alterar este consenso, o cada intento por mejorar la posición propia en detrimento de la de otros, genera conflictos. En un mundo ya repartido solo caben nuevos repartos según la fuerza, según el capital. Los distintos Estados actúan así en defensa de los intereses de sus capitalistas principales: en periodos de menos «urgencia» económica es más fácil encontrar vías diplomáticas de resolución de estos conflictos, pero en periodos de urgencia estos tienden a estallar en su forma militar. Por eso vivimos un momento de escalada bélica.
Los y las comunistas llevamos años alertando del crecimiento progresivo de las tensiones que han desembocado en la situación actual. Pero es que reconocer esas tensiones, aun cuando no se expresan de manera tan visible, directa o mediática, implica reconocer que son inherentes al capitalismo en su fase imperialista. Por ello la unificación mundial de los comunistas, la unificación mundial de la estrategia del movimiento obrero, es la única forma de combatir de manera efectiva y superar definitivamente el capitalismo.
NR: En concreto, las dos principales alianzas imperialistas de las que forma parte España, la UE y la OTAN, han sido unas de las principales responsables en la escalada bélica que vivimos hoy. El Gobierno español no ha dudado en cumplir con las exigencias impuestas a cada estado miembro, aunque ha querido simular una voz discordante, por ejemplo, en la cuestión del aumento del gasto en Defensa a un 5 % del PIB o en torno al genocidio en Gaza. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de medidas cosméticas, de gara a la galería, en esta política del Gobierno español?
JM: A veces se exagera en exceso el carácter «cosmético», que, aunque sea cierto en lo esencial, en ocasiones nos impide comprender en profundidad el sentido de las actuaciones o fenómenos políticos. Esto, en general, pero aplica a nuestro Gobierno y su presidente especialmente. En las disputas con los EE.UU. y la dirección de la OTAN con respecto al gasto militar, por ejemplo, también se están expresando propuestas distintas de gestión y contrapesos internacionales en un momento de reajustes y volatilidad internacional. Moncloa está tratando de mantenerse leal al bloque euroatlántico y a la vez representar un papel conscientemente díscolo que abra la puerta a otras alianzas y los sitúe como referencia de una especie de resistencia frente a los vientos reaccionarios. Por ello cumplirá con los acuerdos de gasto militar, pero la flexibilidad que han conseguido en su ejecución les permite manejar los ritmos, camuflar las partidas, etc. Las políticas de cara a la galería, los esfuerzos cosméticos, son inherentes a la propuesta socialdemócrata, que requiere de consensos a veces contradictorios con las políticas que despliega. Por eso es tan importante denunciar la teatralidad que caracteriza su política, como entender que dentro de esa teatralidad hay elementos políticos de mucha relevancia.
NR: Muchas gracias por el tiempo y la atención dedicados para la entrevista. Y deseamos suerte y éxitos al III Congreso del PCTE.