El escuadrismo del ICE en el capitalismo estadounidense

Los recientes asesinatos de Alex Pretti y de Renee Nicole Good y las constantes redadas violentas contra población migrante por parte del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) han generado una fuerte indignación y protestas populares, especialmente en Minneapolis (Minnesota).

Estos hechos han sido la gota que colma el vaso de un proceso prolongado de despliegue de violencia estatal, impulsado principalmente durante la administración de Donald Trump. A pesar de que algunos medios y partidos en España (como PSOE y Sumar) repliquen el argumentario del Partido Demócrata estadounidense, presentando la actual violencia estatal como exclusiva del trumpismo, la realidad es que la violencia contra la población migrante ha sido una constante desde la creación del ICE en 2003 bajo el mandato de George W. Bush, manteniéndose durante los mandatos de Obama y Biden. De hecho, durante el periodo 2021‑2025, la administración Biden incrementó el presupuesto del ICE.

Sin embargo, el incremento más drástico se ha producido durante el mandato de Donald Trump, en el que su dotación ha pasado de 8.000 millones a 30.000 millones de dólares y el número de agentes se ha incrementado de 10.000 a 22.000. Esta expansión se entiende en el marco de la narrativa racista y antiinmigración del denominado movimiento MAGA, que centra su discurso en el odio contra los trabajadores extranjeros y fomenta la violencia y su persecución sistemática. Las imágenes de razias contra inmigrantes protagonizadas por las fuerzas federales del ICE, de estilo paramilitar, que se desplazan en vehículos sin matrícula, con el rostro cubierto y, en muchas ocasiones, sin uniforme son la muestra de la consolidación de una verdadera fuerza de choque dirigida contra la población trabajadora de origen extranjero, ampliable a otras capas de trabajadores, como muestra la violencia ejercida contra manifestantes antirracistas.

Asimismo, la criminal violencia desplegada por el ICE no se explica únicamente en términos de narrativa o como punto de apoyo para la construcción discursiva MAGA, a pesar de que ha convertido a los trabajadores migrantes en un chivo expiatorio de los problemas derivados de la desigualdad en el país. Se trata, más allá de alimentar el relato reaccionario, de crear una fuerza paramilitar afín al movimiento MAGA, con capacidad para ejercer una violencia terrorista que persiga, en última instancia, confrontar a la clase obrera y los sectores populares que se opongan a las políticas capitalistas de los Gobiernos estadounidenses. Podría, también, jugar un importante papel dentro de la confrontación con otros sectores políticos en EEUU, que a su vez expresan los intereses de distintos bloques de la burguesía estadounidense. Esta posibilidad existe en tanto que su equipamiento militar excede con mucho el necesario para la represión de la población civil, al contar con capacidades tácticas para la ejecución de operaciones especiales propias de escenarios de guerra, como veremos más adelante.

El ICE se ha dado a conocer por sus formas de actuación opacas que lo dotan de permisividad impune, para lo cual han adoptado medidas como la desactivación de las cámaras de seguridad de los agentes o la consolidación de un cuerpo jurídico capaz de sortear cualquier denuncia con consecuencias penales, además de una amplia tolerancia legal a sus actuaciones desmedidas, entre las que se encuentran el allanamiento de morada y el secuestro de niños. El ICE cuenta con mando en plaza para el ejercicio de la violencia, por lo que se sabe impune. Solo de esa manera se entienden sus asesinatos a sangre fría.

El ICE, fuerza escuadrista

El ICE recluta entre sus aspirantes a los elementos más reaccionarios del movimiento MAGA, convirtiéndose en una verdadera fuerza de choque escuadrista para disciplinar en última instancia la protesta popular. El parecido con las camisas negras italianas y las pardas alemanas es evidente. Sin embargo, se podría decir que existe algún matiz. En el caso del nazi-fascismo, la génesis escuadrista procedía inicialmente de sectores políticos del nacionalismo radical ubicados fuera de la institucionalidad burguesa –aunque en connivencia con lo más reaccionario del Estado–, incorporados posteriormente al poder burgués como fuerza de choque del capital monopolista. Sin embargo, en el caso del ICE, su génesis tiene una carácter más estatalista, buscando crear un organismo armado de carácter paramilitar de fidelidad al movimiento MAGA.

En cualquier caso, tanto en el escuadrismo nazi-fascista como en el ICE, el objetivo es el mismo: la conformación de una fuerza ideológicamente afín, en este caso, a lo más reaccionario del movimiento MAGA que responda a su dirección, ya que el ICE es un organismo dependiente del Departamento de Seguridad Nacional, dirigido en la actualidad por Kristi Noem, fiel al movimiento MAGA.

No obstante, pese a la brutalidad estatal, la resistencia popular no se ha hecho esperar. Se han organizado redes de solidaridad basadas en sistemas de alerta temprana con el objetivo de advertir a inmigrantes de la presencia de agentes del ICE, a la vez que se ha extendido la grabación y registro por parte de la población de las actuaciones parapoliciales. Las movilizaciones contra el ICE han escalado hasta lograr la organización de una jornada de lucha masiva y huelga general el 23 de enero, convocada por sindicatos y otras organizaciones sociales. La respuesta del ICE no se ha hecho esperar, arremetiendo con extrema violencia contra los miembros pertenecientes a estas redes, llegando al asesinato a sangre fría, como es el caso de los tiroteos en Minneapolis de Renee Nicole Good y Alex Pretti, que hemos comentado anteriormente.

El ICE, un negocio armamentístico

El otro elemento fundamental de la política de Trump respecto al ICE es asegurar el desvío de fondos públicos hacia empresas armamentísticas, que obtienen jugosos beneficios mediante el equipamiento de este organismo. El ICE está dotado de rifles de asalto, armas largas y miras láser, además de helicópteros Black Hawk de asalto táctico, drones MQ-1 o blindados antiminas como el Golan MRAP, de origen israelí. Se trata de un negocio suculento tanto para la industria armamentística como para otras compañías afines, como es el caso de General Atomics. Otras empresas, como Palantir Technologies, Clearview, IBM, Onix o BI Technologies, se encargan de tareas de vigilancia digital para localizar objetivos de deportación, realización de reconocimientos biométricos y faciales, análisis de iris para la identificación, espionaje de chats de WhatsApp y Signal o rastreo de redes sociales con el fin de identificar inmigrantes y potenciales enemigos. De igual modo, se financia con miles de millones dólares a empresas que operan en los centros de detención, como Geogrup o CoreCivic.

El ICE, por tanto, desempeña un papel multifuncional en distintos niveles. Actúa como eje de cohesión del discurso supremacista y racista del trumpismo, favorece la concesión de millonarios contratos a grandes empresas estadounidenses y consolida una fuerza de carácter paramilitar con capacidad de despliegue táctico, destinada a reprimir la organización de la clase obrera y de las capas populares frente a la dominación capitalista.

La importancia de las inversiones capitalistas en Minnesota

El Gobierno federal necesita garantizar el orden burgués en Minnesota para asegurar las inversiones capitalistas. En concreto, el 21 de enero, el Senado levantó la restricción de la explotación minera en Boundary Waters Canoe Area Wilderness, cercana al distrito minero de Duluth, una zona rica en metales que EE.UU. considera estratégicos, como níquel, cobre y metales del grupo del platino y titanio. Además, Minnesota es el mayor productor de hierro y taconita, al tiempo que destaca en el sector agrícola y en la red ferroviaria, desempeñando un papel clave para asegurar el control de las rutas comerciales que conectan Canadá con Estados Unidos.

El ICE, como herramienta de terror de la clase capitalista, es financiada a través de fondos públicos producto del trabajo de la clase obrera, para acabar beneficiando, como ya se ha señalado, a la industria armamentística y a otras compañías que cumplen funciones auxiliares: vigilancia de fronteras o espionaje digital, entre otros.

Política exterior agresiva y disciplina interna

Paralelamente, el llamado orden liberal internacional se ha revelado abiertamente como la farsa que siempre ha sido. Ahora ya ni siquiera resulta necesario invocar los derechos humanos como coartada para intervenir e invadir países, como ocurrió en los casos de Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria o Irak. Por el contrario, la arquitectura jurídica de ese orden se ha desprendido de la pátina de los derechos humanos y se muestra como lo que es: la guerra más descarnada entre potencias imperialistas que buscan asegurar el máximo beneficio para sus capitalistas. Durante la Guerra Fría, la URSS actuó como un contrapeso a los desmanes del imperialismo; tras su desaparición, después de décadas de hegemonía estadounidense y el exacerbamiento de las contradicciones interimperialistas, el orden liberal exhibe su acta de defunción, apelando sin cortapisas a los intereses imperialistas en la guerra de rapiña, como muestran las declaraciones de Trump respecto al petróleo de Venezuela o su reivindicación de Groenlandia como área «natural» de influencia estadounidense.

La agresividad de la administración Trump en las relaciones internacionales frente a sus competidores requiere, simultáneamente, contener en el plano interno la contradicción principal entre capital y trabajo. Precisamente, en ese sentido, el ICE sirve a los intereses de la clase dominante como instrumento disciplinador de la clase obrera: no solo contra la fuerza laboral migrante, sino también frente al conjunto de trabajadores y sectores populares que osen confrontar el poder burgués. Su política exterior agresiva y su política interna represiva constituyen, así, las dos caras del mismo capitalismo monopolista, que necesita asegurar áreas de influencia, mercados, extracción de recursos y exportación de capitales, mientras mantiene subyugada a la clase trabajadora en el ámbito nacional.