Aitor Vega: «Nuestra prioridad es ser la oposición a todo un sistema que trata derechos básicos como mercancías»

Castilla y León se convierte este 15 de marzo en el escenario de una nueva ronda en la lucha parlamentaria entre los principales bloques políticos burgueses del país. Las elecciones autonómicas de este 15 de marzo son una prueba de fuego en un escenario complejo, como es la comunidad autónoma más grande del país. Una comunidad autónoma enorme, diversa, compleja y que sufre en sus carnes algunas de las peores consecuencias del desarrollo económico desigual que vivimos actualmente. Sobre todo esto y más hablamos con Aitor Vega, responsable político del PCTE en Castilla y León y número 1 de la lista comunista en la provincia de Palencia.

Nuevo Rumbo: Empecemos por el principio, para quien no conozca la comunidad. ¿Qué es Castilla y León?

Aitor Vega: Para entender Castilla y León, hay que quitarse la venda del «romanticismo rural» que nos venden desde las redes sociales y mirar la cruda realidad que padecemos: es un territorio que el capitalismo ha sentenciado para usarlo como reserva de recursos y mano de obra barata.

Sufrimos una despoblación que no es fruto de la casualidad, sino de un sistema que expulsa a nuestra juventud. Todos tenemos a alguien en nuestra familia que ha tenido que emigrar a otras ciudades de España o fuera del país ante la falta de oportunidades. Esto nos convierte en la región más envejecida de Europa.

Esta sangría demográfica es la excusa que utiliza el capitalismo, sea del color que sea, para desmantelar los servicios públicos. Vivimos una gestión clasista del territorio: si vives en el medio rural, tus derechos básicos tienen fecha de caducidad. Se cierran consultorios, se eliminan líneas de transporte y se centraliza todo en núcleos urbanos, obligando a nuestra clase obrera de mayor edad a desplazarse kilómetros para obtener servicios mínimos. Castilla y León es una tierra rica que se desangra mientras instalan macroproyectos energéticos que solo traerán la destrucción al mundo rural con cero puestos de trabajo, o mientras se convierte en el laboratorio del ministerio de Defensa y la OTAN.

NR: ¿A qué se deben esas cifras de despoblación y envejecimiento?

AV: El desarrollo del capitalismo en España ha provocado que Castilla y León deje de ser un centro productivo para convertirse en una reserva de recursos. Esta estrategia se ejecuta mediante la destrucción sistemática de nuestra base industrial, obligando a las capas más jóvenes de la clase obrera a buscarse la vida en otros lugares, lejos de sus hogares. Nuestra prioridad es confrontar un sistema que trata derechos básicos como mercancías.

Un ejemplo paradigmático es el desmantelamiento de la minería en León y Palencia. Lo que vendieron como «reconversión industrial» o «transición ecológica» fue una liquidación controlada. Los Fondos Mineros se dilapidaron en infraestructuras estériles y museos, mientras el capital privado se embolsaba subvenciones sin crear tejido productivo real. Esto es fruto de decisiones en una misma línea de la Unión Europea y de los Gobiernos españoles de turno que pretendían desactivar a uno de los sectores más combativos de nuestra clase.

La estocada final ha sido el cierre de centrales térmicas como Velilla o Anllares, que ha dejado comarcas enteras sin futuro. Al destruir el empleo, se destruye la vida: cierran escuelas, consultorios y servicios. La despoblación pasa a asumir la condición de herramienta para vaciar el territorio de resistencia, convirtiéndolo en un solar para la especulación energética o militar mientras nuestra juventud es expulsada a Madrid como mano de obra barata y precaria.

NR:  Entonces, ¿no queda industria en la comunidad?

AV: Claro que sí, pero no es una industria diseñada para vertebrar el territorio ni para cubrir las necesidades de nuestra gente, sino para alimentar los beneficios de los grandes monopolios.

El sector de la automoción, con Renault a la cabeza, es el ejemplo perfecto. Sostiene miles de empleos en el eje Valladolid-Palencia, pero bajo un régimen de chantaje permanente. Las plantillas viven bajo la amenaza de la deslocalización si no aceptan recortes de derechos y convenios de miseria. Es una industria que sobrevive gracias a ingentes subvenciones públicas que solo sirven para que las multinacionales aseguren sus beneficios mientras precarizan nuestras vidas.

Por otro lado, vemos una especialización en biotecnología y las TIC, especialmente en León. Pero no nos engañemos: el INCIBE, que se vende como vanguardia de ciberseguridad civil, es en realidad el caballo de Troya para la militarización tecnológica de la comunidad autónoma. No es casualidad que León albergue laboratorios vinculados a la OTAN; se utiliza nuestro talento joven para desarrollar herramientas de guerra imperialista mientras nuestros pueblos carecen de servicios básicos. Queda industria, sí, pero es una industria en parte enfocada a la guerra, no para cubrir nuestras necesidades o nuestra soberanía energética, como explicaba antes con la minería del carbón.

NR: Antes mencionabas la presencia de la OTAN y ahora vuelves a incidir en ello. ¿Se está convirtiendo la defensa en un sector clave?

AV: Absolutamente. Estamos presenciando cómo Castilla y León se integra en la estrategia de guerra de la OTAN. La industria de defensa no es una casualidad, es una elección política que prioriza el gasto militar récord sobre las necesidades de la clase obrera. En Palencia, el caso de la fábrica de NAMMO es el ejemplo más nítido de este modelo: se utiliza el chantaje del empleo para que los trabajadores acepten ser un engranaje más en la maquinaria imperialista.

Rechazamos la trampa de que «esto crea puestos de trabajo». No podemos permitir que el sustento de las familias palentinas dependa de la fabricación de munición destinada a masacrar a otros trabajadores en conflictos ajenos. Además, nos convierte en objetivo militar. Esa industria no genera ningún beneficio para nuestra clase; solo alimenta las cuentas de resultados de los monopolios de la guerra mientras se desmantelan otras industrias.

La capacidad técnica de NAMMO y el conocimiento de su plantilla deben ponerse al servicio de la soberanía nacional y las necesidades reales del pueblo. Esas fábricas podrían producir maquinaria para el campo, tecnología para una transición energética real bajo control público o equipamiento sanitario de alta complejidad. Debemos recuperar la soberanía industrial para producir para la vida, no para la muerte.

NR: Y hablando de producir para la vida… ¿en qué condiciones de vida se deja a la clase obrera castellana y leonesa?

AV: Se la deja en un lugar de absoluta vulnerabilidad, atrapada entre la precariedad laboral y el encarecimiento de la vida. Para la clase obrera en Castilla y León, la vivienda se ha convertido en un derecho de lujo. Mientras nuestros pueblos se vacían y miles de casas se caen a pedazos, en ciudades como Valladolid, Burgos o Salamanca los precios del alquiler son inasumibles para una juventud que encadena contratos temporales y salarios de miseria. Es la paradoja del capitalismo: una tierra sin gente con miles de viviendas vacías en manos de bancos y fondos buitre que especulan con nuestra necesidad de techo.

Esto se suma al ataque frontal contra los servicios públicos y, especialmente, la sanidad. No es solo falta de gestión; es una estrategia de clase. El desmantelamiento de la atención primaria y el cierre de las urgencias rurales no afectan a los consejeros de la Junta, afectan a la familia obrera que no puede pagarse un seguro privado. Cuando nos quitan el médico de Atención Primaria o nos ponen listas de espera interminables, nos están diciendo que nuestra salud no vale nada si no es rentable. Sin vivienda digna y sin una sanidad que nos proteja, la clase obrera en Castilla y León está siendo condenada a la supervivencia diaria o al exilio forzoso.

NR: ¿Qué propone el PCTE para la clase en estas elecciones?

AV: No presentamos un catálogo de promesas electorales para gestionar el capitalismo, sino un programa de lucha para reconstruir una oposición obrera real. Nuestra prioridad es ser la oposición a todo un sistema que trata derechos básicos como mercancías. En vivienda, exigimos la expropiación de los pisos en manos de bancos y fondos buitre, la paralización de todos los desahucios y la creación de una bolsa de vivienda pública con alquileres regulados.

En sanidad, nuestra propuesta es tajante: fin inmediato de los conciertos privados y derivaciones a clínicas como Recoletas o Quirón. Exigimos una red única y pública bajo control de sus trabajadores que garantice que vivir en el medio rural no suponga renunciar al derecho a la salud.

En el ámbito industrial y laboral, planteamos la nacionalización de sectores estratégicos y la prohibición de las ETT y la subcontratación. Sobre la industria militar, exigimos la ruptura de convenios con la OTAN y la reconversión de fábricas de armas en industria civil orientada a necesidades sociales como el transporte o la salud. No aspiramos a gestionar mejor el capitalismo, sino a organizar la fuerza de nuestra clase para imponer estas medidas mediante la movilización y la lucha independiente.

NR: Vivimos tiempos en los cuales se habla mucho de la unidad de la izquierda. ¿Se ha planteado el PCTE algún tipo de alianza electoral para el 15 de marzo?

AV: No, en absoluto. Esa «unidad de la izquierda» que nos venden es una unidad para gestionar el capitalismo, no de ruptura. El PCTE tiene claro que para representar los intereses de la clase obrera en Castilla y León no podemos diluirnos en sopas de siglas que aceptan los márgenes impuestos por la Unión Europea y los mercados. Nuestra prioridad es hablar de lo que nadie más se atreve a decir, sin que ningún pacto de conveniencia limite nuestra denuncia contra la OTAN, los monopolios o el modelo de explotación existente.

No hay ningún otro partido en el arco parlamentario que represente los intereses de la clase obrera de forma independiente. Mientras otros buscan «fórmulas amplias» para ocupar sillones en la Junta y administrar el deterioro de nuestra tierra, nosotros trabajamos para construir una oposición obrera real. Aliarse con quienes han sido cómplices de las reformas laborales o de la privatización de servicios bajo distintos colores sería, para nosotros, una traición a la clase. El 15 de marzo, el voto al PCTE no es un voto a un mal menor; es un voto para que la voz de los trabajadores se escuche con total nitidez, sin filtros ni peajes que paguen las aspiraciones de quienes solo quieren ser el ala izquierda del sistema.

NR: Esta pregunta ya se la hicimos al PCTE en Aragón en sus recientes elecciones autonómicas. De conseguir el PCTE representación institucional, ¿cómo se utilizaría esa tribuna?

AV: Nuestra participación en este proceso electoral no debe confundirse con una confianza ciega en que las instituciones actuales sean el motor del cambio real. Para el PCTE, la prioridad absoluta es el fortalecimiento de la organización obrera; buscamos consolidar una fuerza social con autonomía suficiente para arrancar conquistas directas a la patronal.

Dicho esto, si obtenemos representación en las Cortes de Castilla y León, no la desaprovecharemos. Entendemos el escaño no como un fin, sino como una trinchera política desde la cual denunciar las dinámicas de clase que operan tras cada decisión de la Junta. Aunque el verdadero poder se construye día a día en los centros de trabajo y en los barrios, la presencia institucional nos permite amplificar nuestra alternativa y llamar a la movilización con mayor alcance.

Eso sí, mantenemos una línea roja inamovible: bajo ningún concepto gestionaremos el modelo capitalista. No nos verán en Gobiernos, por muy «progresistas» que se proclamen, cuyo papel sea simplemente administrar las carencias del sistema. No estamos aquí para humanizar la explotación ni para gestionar la escasez que asfixia a nuestra clase, sino para señalar que este sistema es superable y para luchar por una alternativa que ponga la vida por delante del beneficio

NR: ¿Un último mensaje, Aitor?

AV: Mi mensaje es para esa mayoría que siente que, vote a quien vote, su vida no mejora. Esa sensación no es un error, es la realidad de un sistema diseñado para que los trabajadores solo seamos figurantes cada cuatro años. El próximo 15 de marzo, el PCTE no te pide un cheque en blanco ni te promete soluciones mágicas desde un sillón en las Cortes. Te pedimos que utilices tu voto para romper el monólogo de los partidos del capital y para fortalecer la única alternativa que no le debe nada a los bancos ni a la patronal.

Pero, sobre todo, te decimos que la lucha no termina al depositar la papeleta. El día 16, la precariedad, los alquileres abusivos y el desmantelamiento de la sanidad seguirán ahí. Por eso, el mensaje más importante es «organízate». La verdadera fuerza de la clase obrera no está en las instituciones burguesas, sino en la unidad que seamos capaces de construir en cada fábrica, en cada barrio y en cada pueblo de Castilla y León. Frente a su consenso de miseria, levantemos una oposición real, una oposición obrera. No debemos aceptar el deterioro de nuestras vidas como algo inevitable; debemos hacerle frente, porque hemos venido a vencer.