Es frecuente que cuando se menciona la brecha salarial que sufren las mujeres trabajadoras, la respuesta sea invariablemente que NO EXISTE la misma ya que en un mismo puesto de trabajo o una misma actividad los salarios son iguales para hombres y mujeres. Por supuesto, dicha reflexión casi siempre procede de una persona que no tiene muy claro qué engloba este término.

Es verdad, o debería serlo, que para todas aquellas personas que realizan una misma actividad o que tienen el mismo puesto de trabajo, el salario debe ser el mismo independientemente de su género ya que en caso contrario sería una discriminación directa perseguida por la ley; entonces, ¿por qué se habla de la existencia de la mencionada brecha salarial?

En primer lugar porque no podemos olvidar el principio legal sobre “igual salario para trabajo de igual valor” (no para el mismo trabajo) y por tanto es muy fácil incluir las actividades más feminizadas en grupos profesionales de inferior nivel que el de las actividades realizadas por los hombres, esto implica que, aunque el valor del resultado de ambas sea el mismo, los salarios y los complementos que puedan percibirse sean diferentes y siempre en detrimento de las mujeres.

En segundo lugar porque, culturalmente, se espera que sea la mujer la que se encargue de las tareas reproductivas por lo que, al tener que dedicar más tiempo a las mismas, se encuentra más limitada a la hora de poder realizar horas extras o dedicar más tiempo al trabajo, esto, indirectamente, las frena a la hora de obtener ascensos o bonificaciones asociadas a la productividad. Además se espera también de ellas que sean las que soliciten reducción de jornada para la famosa “conciliación de la vida familiar y laboral” que se convierte de esta forma en una nueva causa de discriminación encubierta y que además supone una reducción de salario y sobre todo de cotización que afectará a la futura pensión de jubilación.

En tercer lugar, y unido a lo anterior, porque en la mayoría de los casos se sigue manteniendo la teoría de que es el hombre quien debe mantener a la familia y el trabajo de la mujer es anecdótico, como una ayuda, por lo que se la suele contratar a tiempo parcial dificultando su posible independencia económica.

Los motivos expuestos suponen que, al final de la vida laboral, las pensiones de jubilación, si es que consiguen cotizar lo suficiente para acceder a las mismas, son muy inferiores para las mujeres respecto de las pensiones medias de los hombres.

¿Cómo solucionar este problema? Hay que empezar por la unión de la clase obrera, mujeres y hombres, para avanzar hacia una sociedad socialista; formando en igualdad desde la infancia y socializando las tareas reproductivas para aliviar la carga que las mismas suponen.

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