París, durante la Comuna, 1871.

De París conocemos su horizonte rematado con una torre de hierro. Sus boulevards y el Senna. Las paradas de metro abigarradas. Los invalidos, el Louvre, la nouvelle vague, cualquier mayo y sus eternas primaveras que han marcado la historia. El París ocupado por los nazis y liberado por los nuestros. Las baguettes y cientos de cafeterías donde tomar un café adquiere otro senitdo. Los bistrós, el arte y sobretodo, las revoluciones. Hubo una que significó mucho y que no podemos, no debemos, olvidar. ¿Por qué? porque ahí sí que tomaron el cielo por asalto: la Comuna de París.

A todo hecho histórico memorable lo moldea la complejidad. Para que naciese la Comuna se juntaron diferentes procesos; una guerra de agresión contra Prusia que se convirtió en defensiva y guerra civil; el desplome del II Imperio y la proclamación de la República y por último, la insurrección obrera contrarestada por la alianza de la burguesía francesa y prusiana por aplastar París. Los prusianos entraron triunfantes y en enero del 71 firmaron con Thiers un lamentable armisticio al que el pueblo se negaba. Los prusianos entonces acamparon entre el Louvre y el Senna. El pueblo ya sabía quien no denfendía sus intereses a pesar de endulzar todo con la patria.

La clase obrera parisina estaba acostumbrda a sufrir penurias y hambre, están documentados por cientos de miles los que vivían en el II Imperio miserablemente, cerca de 300.000 personas solo en París. Pero cuando a la vieja clase opresora le interesaba, la clase obrera era llamada a defender la patria y nunca faltaba a su cita. La ocupación prusiana generaba mucho rechazo pero el miedo de la burguesía francesa a una revolución, era mucho más grande que la patria. Así, París dejó de ser la capital de la Francia burguesa para ser únicamente la de la clase obrera del mundo. La burguesía desde Versalles se alió con los prusianos para bombardear la ciudad de la luz durante semanas y literalmente masacrarla. Nada nuevo bajo el Sol, patriotismo burgués. Como dice Marx “la dominación de clase ya no se puede disfrazar bajo el uniforme nacional; todos los gobiernos nacionales son uno solo contra el proletariado”.

Hoy las escaleras se desparraman por todo Montmatre atestadas de turistas. Suben y bajan de manera frenética buscando historia pero ignorando que donde ahora hay crepes, hace años se luchaba por la nueva sociedad. Los turistas son tantos que casi parece que las postales estén ahí para esconder la historia y generar una falsa imagen. Ya no parece ese barrio donde en 1871 se abría una nueva página de nuestra historia.

El 18 de marzo las tropas de Versalles se apresuraron por recuperar los cañones de la reciente guerra contra Prusia, dicen que justo donde hoy se levanta la Basílica. Fueron las mujeres, hombres y niños de Montmatre los que garantizaron que el armamento fuese del pueblo. Se enfrentaron a soldados y de su unidad y valor, surgió la chispa de la insurrección.

Desde marzo hasta mayo el hilo rojo de la historia se hacía más grande. Durante casi tres meses la clase obrera, junto a sectores de la pequeña burguesía, gobernaba París con un claro carácter obero y emancipador, era el nuevo mundo. Versalles el viejo mundo. Entre otras muchas cosas, se abolió el trabajo nocturno, se decretó la separación de la Iglesia y el Estado y las fábricas pasaron a ser cooperativas para los obreros.

¿Por qué duró sólo tres meses? Porque les sobraba corazón pero los errores fueron muchos. Marx, Engels y Lenin han analizado errores fatales, la inocencia frente al enemigo interno, no atacar Versalles o no controlar el Banco de Francia desde el que Thiers financiaba el bombardeo de la Comuna. No había un precedente histórico que ayudase con su experiencia a arrojar luz, carecían de un partido obrero unido y centralizado y de un programa claro. La necesidad histórica era romper la maquinaria estatal de la burguesía. Malgastaron tiempo y tiempo es lo que les faltó. Sí, es verdad. Errores críticos de los que Lenin en 1910 tomó nota para toma del poder. Malas decisiones que se pagan en momentos vitales.

Abrieron camino. En el ayuntamiento se izó la bandera roja durante semanas y de ahí pasó a ser el símbolo obrero. La insurrección prendió en otras ciudades de Francia. París no era una ciudad más, era la capital del mundo y eso la burguesía no lo perdonó. Del 21 al 28 de mayo los asesinados se cuentan por miles, más de 50.000 hombres, mujeres y niños, todos hijos de París. En Pere-Lachaise aguantan hasta el final y, ahí, la clase civilizada y democrática fusiló sin cesar durante semanas. Las crónicas citan cadáveres amontonados sólo por cometer el crimen de parecer obreros. Hay barrios, como Belleville, donde la población se redujo a la mitad a golpe de fusil. Desde Versalles querían un aviso histórico para que no se olvide y tras la masacre, les hicieron construir su Valle de los caídos para insultar ante los ojos del mundo, la Basílica del Sacre Coeur. La burguesía asesinó sin que le temblara el pulso ante el peso de la historia.

La Comuna es una parte más de nuestra historia que no debemos olvidar.

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