Tras el habitual parón veraniego, comienza un nuevo curso político que estará marcado por una alta inestabilidad. La amenaza de una nueva recesión económica mundial está intensificando la disputa entre las grandes potencias, como evidencia la guerra comercial que protagonizan Estados Unidos y China. Crece el proteccionismo y, de su mano, retornan viejas posiciones chovinistas que, en cada país, tratan de alinear a los trabajadores y trabajadoras detrás de su correspondiente burguesía. El riesgo de que la actual guerra económica que se libra entre las grandes potencias se convierta en un enfrentamiento militar generalizado se hace cada día más patente, y de su mano crece la militarización de las economías y se intensifica la carrera armamentista. En la Unión Europea crecen las contradicciones internas, espoleadas por el Brexit y por la más que previsible entrada en recesión de la economía alemana. Los indicadores económicos no son mejores en el Reino Unido e Italia.

La política española se desenvuelve en ese mar de contradicciones, de la que son reflejo las dudas que se manifiestan en el seno de los grandes partidos capitalistas: ¿conformar un nuevo Gobierno socialdemócrata o ir a nuevas Elecciones Generales el próximo 10 de noviembre? Sobre esa cuestión pivotará la política burguesa durante las próximas semanas. La clase obrera no debe dejarse arrastrar a ese callejón sin salida. Haya Gobierno socialdemócrata o liberal, lo cierto es que nuestros problemas seguirán siendo los mismos y se agravarán en un nuevo escenario de crisis capitalista.

Es el momento de comenzar a construir el país para la clase obrera del que venimos hablando. Un país que se construye en el día a día, en cada lucha parcial, en cada centro de trabajo, en cada actividad convocada por las organizaciones que forman parte del movimiento obrero. No debemos permanecer a la expectativa. El movimiento obrero y sindical debe marcar el terreno e influir determinantemente en el ámbito político. Coloquemos a cada cual ante sus propias contradicciones exigiendo la derogación de las dos últimas reformas laborales, tanto de la reforma Rajoy, aprobada en 2012, como de la reforma Zapatero, aprobada en 2010. Y, sobre esas bases, exijamos responsabilidades a quienes de una u otra forma han descargado la última crisis económica sobre las espaldas de los trabajadores y trabajadoras.

Así propone el PCTE iniciar el nuevo curso político. Frente a los falsos dilemas, situemos reivindicaciones concretas que ejemplifiquen el país para la clase obrera que queremos construir. Pongamos los intereses de los trabajadores y trabajadoras en el centro del debate político y combatamos la ficción de que es posible una gestión del capitalismo favorable a los intereses de la mayoría de nuestro pueblo. Llamamos a todos los trabajadores y trabajadoras a organizarse en sus centros de trabajo, a fortalecer un movimiento sindical pegado al tajo que sitúe en el centro de su acción los intereses de clase. Llamamos a fortalecer decisivamente el Partido Comunista en cada barrio, en cada centro de trabajo y estudio. La burguesía se está preparando en previsión de una nueva crisis capitalista. El movimiento obrero debe hacer lo propio y prepararse para las duras confrontaciones de clase que están por venir.

En el momento en que se escriben estas líneas todo parece indicar que estamos abocados a la celebración de nuevas Elecciones Generales el próximo 10 de noviembre, si bien, dado el feroz oportunismo que caracteriza a todas las fuerzas socialdemócratas, llámense PSOE o Unidas Podemos, cualquier escenario es posible en la patética lucha de relatos que están representando. Sí hay nuevas Elecciones, el PCTE estará presente levantando la voz del movimiento obrero y popular también en el plano electoral, permitiendo que los trabajadores y trabajadoras de nuestro país puedan elegir lo necesario, elegir el camino de la lucha y de la defensa de sus intereses. Las pasadas Elecciones Generales se saldaron con un avance organizativo del PCTE en todos los terrenos. Hoy, con más experiencia y más fuerza, nos disponemos a emplear de nuevo la lucha electoral para fortalecer el Partido Comunista, para fortalecer políticamente a la clase obrera y construir un país a su medida. Ninguna confianza en las fuerzas políticas burguesas. Elijamos el camino de la lucha, elijamos lo que hoy es necesario.

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