Quizás a algún lector no le suene esta coletilla que se ha hecho viral en las redes, como en algún momento lo fueron los chistes de Lepe. Y es que hemos pasado de los chistes costumbristas a “elogiar” lo auténtico del rural, su natural y graciosa forma de expresarse. Lo que se esconde detrás de ese elogio es seguir escondiendo la precaria situación del mundo rural.

El Gobierno combina política de gestos, como determinar que la Inspección de Trabajo puede inspeccionar los locales de descanso de los trabajadores del campo (pero no aumenta la dotación de ese organismo) con políticas de beneficio fiscal a los empresarios del campo. Nada nuevo bajo el sol.

Mientras, el mundo rural desaparece, al no existir un plan estatal de explotaciones del sector primario, dependiendo de los intereses privados el producir un bien u otro, o acumularlo. A ello se suma el desmantelamiento de la industria, que permitía que los pueblos de alrededor se mantuvieran poblados y el descuido de las infraestructuras.
A ese aislamiento se le añade la desatención de los servicios públicos. Por ejemplo, en Mallorca, de donde es el último viral de YouTube, tienen un servicio sanitario deficiente, según parámetros de la OMS, con un gasto destinado principalmente al copago farmacéutico. También tienen la segunda tasa de abandono escolar más alta del Estado (detrás de Ceuta a la que superaba en el año 2018) un 24’2% de personas entre los 18 y los 24 años abandonaron los estudios sin título de Bachillerato o FP grado medio.
La oferta de trabajo en hostelería y construcción atrae a esa juventud que ingresa en puestos de trabajo con una alta precarización y peligrosidad, siendo las Islas Baleares la Comunidad con índices de mortalidad laboral más elevados.

Con las mofas sobre acentos y la naturalidad de lo rural intentan vender que lo auténtico, lo bueno del mundo rural es estar aislado, no contaminado por el mundo moderno. Y no, nunca es positivo estar aislado. Tener que depender de que a un ente privado (sea el vendedor ambulante o sea el DIA) le beneficie ir a vender comida al pueblo, o llevar el pan, no es positivo. La seña de identidad del mundo rural la constituyen su cultura popular, sus tradiciones culinarias, musicales, de danza… lo cual no está reñido con servicios de calidad y buenas comunicaciones. Ojalá todos los comedores escolares tuvieran en el menú esas “pilotes” tan buenas, como reconocimiento de lo bueno del mundo rural, en vez de más likes y reproducciones en YouTube.

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