Vivimos tiempos de incertidumbres en las que abundan los charlatanes. En la sociedad de la sobreinformación abundan teorías y conspiraciones por doquier. Para dar certezas, hoy toca más que nunca agarrarse al método científico y cotejar nuestras ideas con la realidad. ¿Nuestro cuadro mental coindice con los hechos? Porque si la realidad de los hechos no puede explicarse con nuestro marco mental viene siendo hora de replanteárselo.

Hoy es imperioso poner a prueba el marco mental que nos han vendido sobre la Unión Europea.

En el idilio capitalista, la Unión Europea es una unión voluntaria de pueblos que tiene como objetivo la libre circulación de personas y la promoción de la democracia, la solidaridad y la paz. Los libros de texto de las escuelas y los medios de comunicación se encargan de apuntalar día a día este marco mental. No sólo nos venden continuamente las bondades de la UE, sino que también nos transmiten lo oscuro que es el mundo fuera de ella –a excepción, claro, de nuestros aliados norteamericanos-. Mientras la UE se basa en la democracia altruista, el resto del mundo nos lo pintan gobernado por terribles dictaduras, guerras de las que no tenemos nosotros nada que ver o golpes de estado de generales ambiciosos que sumergen regiones enteras en la pobreza. Este marco mental da seguridad ante el caos exterior y alimenta los sentimientos de adhesión de millones de europeos en los proyectos de la UE, el Euro y la OTAN. Al fin y al cabo, somos los buenos, ¿no?

El esquema funcionaba relativamente bien hasta que se le empezó a poner a prueba. Una década turbulenta nos da ya herramientas más que de sobra para examinar este marco mental.

Hace diez años estábamos en medio de una brutal crisis económica donde la solución de la UE fue poner por delante los intereses económicos de los grandes capitalistas, salvar a la banca y dejar en la estacada a millones de trabajadores humildes. Pagar la deuda a los bancos era lo primero, y así lo exigió la UE para que PSOE y PP se pusieran de acuerdo en dos días de agosto para modificar la Constitución. Los recortes en servicios esenciales como la sanidad, que estamos sufriendo estos días, o las recetas de la flexiseguridad –seguridad para el patrón e inseguridad para el trabajador-, fueron las que trajeron los hombres de negro de la UE. Cualquier gobernante que no aceptara esto era “substituido” por un tecnócrata a las órdenes del capital. Los ricos salieron de la crisis más ricos y los pobres más pobres.

En diez años la UE se ha involucrado en diversos conflictos militares, como el apoyo a Arabia Saudí en la masacre al pueblo del Yemen o el golpe de estado en Ucrania con el apoyo a fuerzas abiertamente neonazis. Pero el más sonado fue seguramente el apoyo económico y militar a la oposición islamista siria para poner un gobierno títere en ese país. Esto provocó una brutal oleada de refugiados. La respuesta de la UE fue el endurecimiento de las fronteras para no dejar entrar a centenares de miles de personas en situación crítica y subcontratar a Turquía la represión contra éstas en un acto de deshumanización con pocos precedentes.

En diez años hemos visto cómo crecía la extrema derecha por toda Europa y se intensificaron todas las políticas racistas y reaccionarias. Mientras tanto, el Parlamento Europeo sacó una resolución en 2019 donde se equiparaba el fascismo con el comunismo y se culpabilizaba a la URSS de la Segunda Guerra Mundial, haciendo pasar a los libertadores por los verdugos y avalando la represión de diversos estados europeos contra los partidos comunistas.

Finalmente llegamos a la crisis del coronavirus, y el rey luce desnudo en todo su esplendor. Los países capitalistas solamente están preocupados por cómo quedará su estatus en la cadena imperialista después del zarpazo inicial del virus. No hay atisbo de solidaridad ninguna, es el sálvese quien pueda. Ni tan siquiera han sido capaces de crear mecanismos para avalar la deuda de los países más afectados. El discurso de la UE solidaria e integradora salta por los aires. Mientras tanto, un pequeño país embargado como Cuba, al que la UE ha hecho la vida imposible durante décadas, acude en ayuda de los países más afectados mostrando otra vez al mundo la superioridad moral del socialismo.

El marco mental de la UE como unión voluntaria de pueblos para promover la democracia, la solidaridad y la paz no aguanta la prueba de los hechos. Y ni el más patético llanto de ciertos progres hablando de que la UE “no se creó para esto” tapa el hecho de que seguir creyendo en esta ilusión sólo puede calificarse como puro idealismo.

Hay que crear otro esquema mental que case bien con la realidad que hemos visto durante la última década, y éste es el que proponemos los comunistas. Que la UE se creó con dos objetivos, primero para hacer frente a la URSS y el socialismo, y segundo para fortalecer a los monopolios de los países europeos contra sus competidores y contra la clase obrera de sus respectivos países, siendo el interés económico la única palanca de funcionamiento de esta institución. La UE es, por lo tanto, desde su misma fundación, una unión contra los trabajadores, y no cabe reforma alguna. El único camino que nos queda es la salida de la UE. Pero no una salida como el Brexit que solamente busque una renegociación de las alianzas entre las distintas potencias mientras la explotación al pueblo se mantiene inalterada; una salida vinculada a la destrucción de las bases de poder existentes, una salida vinculada al poder de la clase obrera. Si empezamos a entender las cosas así, hay muchos que se llevarán menos sorpresas y decepciones.

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