En el mes de febrero, el senado de Argentina aprobó finalmente una reforma laboral propuesta por el Gobierno de Javier Milei, donde se prevé, entre otras medidas, la ampliación de la jornada laboral hasta 12 horas y el abaratamiento del despido. Hablamos de esta medida y de otras con los camaradas del Partido Comunista Argentino.
Nuevo Rumbo: Hace poco más de dos años desde NR os entrevistamos tras la elección de Javier Milei como presidente de Argentina. Entonces analizasteis cómo el amplio descontento popular con los Gobiernos previos había ayudado a la campaña de Milei y denunciasteis el carácter antiobrero de su programa de gobierno. Recientemente, el Gobierno ha aprobado una jornada laboral que permite la extensión de la jornada laboral a 12 horas. ¿Cuáles han sido los principales hitos de estos dos primeros años de presidencia y de qué forma han sido vividos por la clase obrera y los sectores populares?
Partido Comunista Argentino: Sin duda, el fracaso del progresismo del Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner (2019-2023) ha dado paso a un Gobierno reaccionario a causa de la falta del cumplimiento del programa electoral progresista, que significó una pauperización de las condiciones de vida de la clase obrera. Los dos años de Milei se caracterizan por ser una masacre económica y social: su «baja de la inflación» fue a costa de un recorte abrupto de los salarios, una caída del consumo histórica en Argentina, donde empujó a la clase obrera y al pueblo argentino a la miseria. Cuando desde el PCA hicimos la caracterización de «Gobierno antiobrero y antipopular», nos referimos a la ofensiva capitalista que estaban preparando los monopolios como lo estamos viendo en la actualidad. Los grandes hitos del Plan Motosierra y toda su política fueron los despidos masivos en el Estado, el cierre principal de empresas industriales (cerraron casi 23.000 empresas desde la asunción de Javier Milei) ante la apertura de las importaciones, lo que significa más precarización laboral o desocupación; al mismo tiempo, un alineamiento total con la política exterior estadounidense, entregando recursos naturales y áreas estratégicas de nuestro país; y, aparte, una política represiva interna a la protesta social pocas veces vista antes desde el regreso de la democracia en 1983.
La clase obrera vive las profundas consecuencias de este proyecto político, pero a la vez no existe una gran reacción del tamaño igual a la ofensiva. Se debe a que el descontento con «la política» en general es notorio y, por ende, el compromiso con, al menos, la lucha económica es bajo en comparación con otras épocas donde la ofensiva era menor. Los grados de respuesta que estamos dando como clase son insuficientes para derrotar alguna de las medidas grandes que el Gobierno viene implementando; el panorama de nuestra clase es de desorganización, falta coordinación de los pequeños conflictos sectoriales para generar una gran respuesta que por el momento tire abajo el Plan Motosierra.
NR: ¿Por qué ha decidido el Gobierno de Javier Milei llevar ahora adelante la reforma laboral de las 12 horas? ¿Cuáles son sus objetivos declarados y qué razones políticas, sociales y económicas consideráis vosotros que existen para haber dado este paso?
PCA: El Gobierno sufre pequeños desgastes de imagen, pero el mal gobierno socialdemócrata todavía genera mucho rechazo entre la clase. Por ende, aunque los trabajadores sufrimos el ajuste, todavía hay cierta esperanza en un sector importante, por el famoso «no volver atrás», además de que la «oposición» socialdemócrata no da respuesta a la clase obrera. Entonces, al no haber nada al frente del oficialismo ni oposición socialdemócrata –que es la otra cara de la misma moneda–, y al no existir oposición obrera, el Gobierno tiene vía libre para llevar a cabo todas las leyes y reformas que se proponga. En el juego de la politiquería burguesa a veces tiene que ceder ante otros bloques burgueses pero, al fin y al cabo, se lleva adelante casi en su totalidad todo lo que el Gobierno se proponga sin grandes conflictos. Por ese motivo decidió llevar adelante la reforma laboral. Su objetivo declarado es la guerra contra la clase trabajadora. Milei mismo insistió en que los capitalistas son «héroes» y «benefactores» y, por ello, él se iba a dedicar a beneficiarlos en su Gobierno. Por eso encara tan firmemente las reformas en tan poco tiempo.
NR: Tenemos entendido que tanto la contestación social a esta reforma como su represión policial se han hecho notar ampliamente. ¿De qué forma se está viviendo la aprobación de la jornada de 12 horas entre la clase obrera y las capas populares y cuál está siendo la reacción del Gobierno? ¿Cómo habéis reaccionado desde el PCA?
PCA: Sí, hubo reacción en la calle, aunque es cierto que en comparación con otros años y otras medidas la fuerza en la calle es bastante menor, que se debe no solo a lo mencionado anteriormente, sino también a un rol fundamental de la socialdemocracia (peronismo), que desmoviliza a los trabajadores a través de los sindicatos, sus direcciones estudiantiles, barriales, etc. Hay una política de no salir a la calle. La movilización fue más grande que las que viene habiendo en Argentina, y su represión fue también feroz, porque el Gobierno no solo quiere avanzar contra los derechos, sino también aleccionar a la clase obrera a través de la represión y la cárcel, como lo está el compañero Milton Tolomeo: preso en una cárcel de máxima seguridad por luchar contra la reforma. Todo esto no significa que haya un rechazo total y que el Gobierno se enfrente a un costo político importante por llevar adelante este tipo de reformas. Como PCA, fuimos partícipes de todas las movilizaciones, llevamos adelante una campaña contra la reforma y, al analizar materialmente que los trabajadores no estaban rechazando de forma masiva la reforma, hicimos un trabajo de cara a la clase obrera en los centros de trabajo para informar sobre los principales puntos que nos afectan, tanto económicamente como en términos de organización sindical. Fuimos a disputar la subjetividad en esta batalla también propagandística del Gobierno y su «batalla cultural», como ellos la definen, que no es más que cambiar de raíz la subjetividad de los trabajadores.
NR: En el ámbito internacional, Milei se ha presentado como un estrecho aliado del presidente estadounidense, Donald Trump, en la región. A su vez, Trump intervino con decisión en las elecciones legislativas del pasado año, rescatando al Gobierno argentino en medio de una grave crisis económica, pero condicionando su ayuda a la victoria del partido de Milei. ¿Qué hay detrás de esta relación y de qué forma ha impactado en la política doméstica e internacional de Argentina?
PCA: En épocas de elecciones, el Gobierno de Trump salió al rescate de Milei, que estaba atravesando una crisis económica, con préstamos y con la compra insólita de pesos argentinos por parte del Tesoro de EE.UU. Le dio un apoyo político, diciendo que si Milei no ganaba quitarían todo el «apoyo» a nuestro país, lo cual generó un gran temor en un sector del pueblo. Milei lo primero que dijo antes de asumir fue: «mi alianza internacional es con Israel y EE.UU.», por lo que era previsible el rumbo internacional que tomaría. En sí, Milei hizo más viajes a EE.UU. que a otras provincias argentinas siendo presidente.
Trump se ha replegado a América, y la disputa por Groenlandia, los bombardeos a Venezuela, la asfixia económica que está logrando en Cuba, las amenazas a México y Colombia lo confirman, y dentro de esa estrategia para América busca sus principales aliados, que se vieron en la Cumbre de presidentes «Escudo de América» en Miami el 7 de marzo. Milei juega un rol clave, porque se une a todas las iniciativas, sopesa enviar tropas argentinas a Medio Oriente en apoyo a la agresión imperialista sobre Irán y se ha declarado «el presidente más sionista del mundo». Nuestro presidente pretende que Argentina sea la Israel de América, que sea un trampolín y una base operativa para todas las iniciativas en el continente. Es un aliado estratégico, porque además le permitió a Trump instalar bases militares e ingresar tropas estadounidenses en el sur del país, y le entrega nuestros recursos naturales.
En esta disputa entre EE.UU. y China por quién ocupa la primacía de la pirámide imperialista mundial, el Gobierno de Argentina pone sus esfuerzos en fortalecer los intereses estadounidenses, principalmente. La manera que impacta en el país es perjudicial para la clase obrera; en caso de que se concrete el envío de tropas, pondrá sangre de nuestros compatriotas en pos de los intereses del capital, en este caso de EE.UU. Lo mismo ocurre con el ciclo de endeudamiento constante con organismos financieros en los cuales el Gobierno estadounidense tiene hegemonía de decisión, y hace pocos días con la posición pro-Trump que ha hecho Milei, al declarar «vamos a ganar la guerra» a Irán, como si nuestro país estuviera en guerra. Eso generó la reacción de Teherán, que dijo que el Gobierno argentino «cruzó una línea roja», lo cual pone como blanco de ataques a nuestro país, sabiendo el antecedente de dos ataques iraníes a nuestro país en la década de los 90, con un Gobierno muy similar al actual. Toda la política internacional del Gobierno argentino no tiene nada que ver con los intereses de la clase obrera y el pueblo de nuestro país, sino con los intereses de un bando de los bloques en disputa.
NR: Finalmente, ¿cuál es vuestro pronóstico para los próximos años y qué tipo de trabajo planea llevar a cabo el Partido Comunista Argentino?
PCA: De acá a octubre del 2027, cuando se celebrarán las elecciones presidenciales, hay mucho camino por recorrer. La situación irá empeorando, la socialdemocracia va a seguir asegurando –o intentando– la paz social, la protesta social irá en aumento y pondremos los esfuerzos para que eso suceda, pero es importante aclarar dos cosas. Por un lado, si en 2027 gana el peronismo o Milei es reelegido nuevamente presidente, no se producirá un cambio significativo del rumbo político y económico que estamos viviendo. Por un lado, obviamente Milei profundizará su Plan Motosierra, pero, por otro, el peronismo hará un continuismo político y económico del Gobierno actual, porque no se trata de los colores y nombres de los partidos, se trata de un análisis de clase: la burguesía necesitaba y necesita estas medidas, necesita maximizar sus ganancias. No es casualidad que la persona que iba a ser ministro de Economía de Massa (candidato del peronismo que compitió con Milei en 2023) dijo: «lo que está haciendo Milei nosotros lo hubiésemos hecho parecido», porque los dos sectores representan a la clase explotadora y trabajan para esos intereses. Por eso los esfuerzos del PCA irán, en primer lugar, a dar la batalla por la subjetividad de las masas, para mostrar a la clase obrera y al pueblo argentino que el peronismo y el Gobierno son dos caras de la misma moneda, que el peronismo no es ningún tipo de alternativa, que se volverá a elegir entre dos verdugos. Y, en segundo lugar, nos concentraremos en nuestro desarrollo partidario para poder dar mejor las batallas venideras, tener más fuerza a la hora de intervenir, y que el Partido Comunista Argentino sea en lo concreto el partido político de la clase obrera y cumpla su rol histórico por el que fue creado.