En el Centro Social Ítaca, en Torrelavega (Cantabria), se abre paso un proyecto que conecta a quienes llegan a otro país en busca de una vida mejor –y se encuentran con una lengua y una cultura diferentes– y a quienes consideran que deben aportar su granito de arena para superar los obstáculos que estas personas encuentran en su camino. Se trata de «Vamos hablando», proyecto centrado en la enseñanza del castellano (pero no solo) para personas migrantes, que comenzó su andadura en septiembre de 2025 y este curso continúa sumando alumnos y voluntarios. Desde Nuevo Rumbo entrevistamos a Diego Blanco, encargado del proyecto.
Nuevo Rumbo: El proyecto «Vamos hablando» tiene su origen en una asamblea joven promovida por el Centro Social Ítaca. ¿Qué recuerdas de ese proceso? ¿Qué necesidades se detectaron?
Diego Blanco: Conocí la convocatoria de esta asamblea por un anuncio en redes sociales. Yo no tenía participación alguna en Ítaca, aunque ya lo conocía, pero me pareció que se abordaron temas importantes para la juventud de Torrelavega y la de todo el país, como la vivienda, la inmigración y el reto que supone (integración, trabajo, convivencia, etc.), precariedad laboral y desempleo juvenil, la cultura local (conciertos, actividades, etc.)… Más allá de las necesidades que podríamos generalizar al resto de la juventud de entornos urbanos o semiurbanos, en lo que atañe al barrio de La Inmobiliaria, y a Torrelavega, se destacó la dificultad de las actividades culturales en la ciudad y la falta de estas, y en concreto también de la interculturalidad del barrio de La Inmobiliaria. Se habló de que no existen recursos suficientes para atender las necesidades de integración a nivel de formación laboral o de enseñanza del idioma. Además, quienes vienen en situación irregular lo tienen mucho más difícil aún.
NR: ¿Cómo llegas a la decisión de poner en marcha este proyecto?
DB: En un principio había hablado de hacer clases de refuerzo del castellano para menores, ya que en mi realidad como educador me encuentro que el sistema educativo en Cantabria deja a los alumnos que no conocen el castellano sin apenas recursos. Los lanzan a las clases y a lo sumo tienen dos horas de apoyo individual a la semana con el o la coordinadora de Interculturalidad, lo que es totalmente insuficiente. Pero hablando con el CS Ítaca, del cual ahora soy miembro, fuimos dándole forma a la idea y derivó en un proyecto enfocado a adultos y que fuese más allá del castellano. Lo hice porque como ciudadano siento que tengo una responsabilidad hacia la transformación social, y es evidente que tenemos que exigir cambios y recursos a la Administración, pero los movimientos civiles también tienen que dar un paso al frente y crear comunidad desde abajo.
NR: El barrio de La Inmobiliaria donde se encuentra ubicado el CS Ítaca se caracteriza por su población de clase trabajadora y migrante, tradicionalmente olvidadas por las Administraciones. ¿Cómo dirías que son las condiciones actuales del barrio?
DB: He vivido casi tres años en La Inmobiliaria y la mayor parte de mi vida en Torrelavega. Creo que es un barrio olvidado a su suerte, en el que se ha acometido una remodelación urbana, con la peatonalización de las calles, que se ha quedado en eso: un cambio físico o estético, pero nada más. Por mi experiencia, puedo decir que jamás me he sentido inseguro paseando por aquí, a pesar de lo que digan.
Es un barrio con mayor desempleo, rentas más bajas, pero en el que, a diferencia de otras zonas de Torrelavega, aún aguanta cierto comercio de proximidad, que se sostiene por la propia población del barrio. Los recursos de tipo social como la OMI, Cruz Roja, el SOAM o la Escuela de Adultos hacen una gran labor, pero siguen siendo insuficientes. Creo que también hace falta algo más transformador, que las personas no solo sean usuarias, sino que puedan implicarse de alguna manera.
NR: ¿Cómo fue y cómo ha sido en estos meses la recepción del proyecto entre los vecinos y vecinas migrantes?
DB: Mentiría si dijese que sé cuál es la percepción general, lo desconozco. Lo que sí sé es que ha habido cierto boca a boca, y creo que los actuales alumnos y otros que han pasado por aquí han quedado contentos con el proyecto. También, que ha tenido buena acogida por parte de varios profesionales que trabajan en el barrio, y en Torrelavega, del sector educativo y del sector social, con los que tratamos de tener coordinación para trabajar en red.
NR: ¿Cuánta gente ha participado en el proyecto entre voluntariado y alumnado?
DB: Cerramos el curso 25-26 en junio con 30 alumnos y alumnas que han asistido regularmente hasta esas fechas, pero en total han sido 59 los que han pasado por el proyecto. En cuanto a voluntarios, hemos cerrado el curso con un grupo comprometido, que ya ha cogido las bases y que acude con regularidad, de 7 personas incluyéndome a mí (tenemos reservas, no venimos todos siempre). No obstante, en total han pasado por aquí 17 personas, algunas de las cuales han contribuido también no solo a dar clases, sino que ayudaron mucho al principio en dar forma a la idea del proyecto. También es esencial la colaboración y facilidades desde el CS Ítaca, para la organización, tener un espacio, han aportado ideas, han difundido el proyecto y ayudado a conseguir voluntariado y nos han dado apoyo material y económico. Sin todas estas personas no hubiera sido posible «Vamos hablando».
NR: La participación social es uno de los principios que rigen el funcionamiento del CS Ítaca. El voluntariado es pieza clave de «Vamos hablando». ¿Qué tipos de tareas desempeñan? ¿Qué consideras fundamental para formar parte del voluntariado en este proyecto?
DB: Por supuesto, aquí nadie es profesional ni obtiene ningún lucro. Todos somos voluntarios, con vocación por lo que hacemos y por mejorar la situación de nuestra comunidad.
El voluntariado en este proyecto conlleva una serie de compromisos como venir en el horario acordado, dar las clases (puede ser solo o acompañado en función de la disponibilidad de los demás) y mantener una coordinación con compañeros y coordinación en cuanto a qué contenidos se han impartido y compartir los aspectos más relevantes. También, acudir a las pocas reuniones de coordinación que se llevan a cabo. A partir de ahí, cada uno puede implicarse más o menos en función de sus posibilidades, y ayudar a crear materiales (esta función por el momento se ha asumido más desde mi papel de coordinador con ayuda de algunos voluntarios que han contribuido a crear materiales sobre todo en sus clases), organizar actividades, ayudar en cuestiones personales al alumnado, crear talleres de temáticas diversas (derecho, empleo, cultura…), participar en las excursiones, comidas y actividades que hacemos, aportar ideas…
NR: ¿Cómo habéis estructurado las clases?
DB: Están estructuradas en función del nivel de castellano. Tenemos grupos de alfabetización, nivel básico, nivel intermedio y nivel avanzado. Estos se organizan los jueves en dos turnos, uno de 18:00 a 19:30 y otro de 19:30 a 21:00, conviviendo en el mismo horario distintos grupos que ocupan distintos espacios del CS Ítaca, y cada grupo está con al menos un voluntario.
A cada alumno le hacemos una prueba inicial para ver en qué grupo puede encajar mejor en función de su nivel, aunque no siempre es posible hacérsela ya que no siempre disponemos del tiempo o voluntarios suficientes, al ser una prueba individual que lleva algo de tiempo. En esos casos hacemos una prueba rápida e informal.
NR: ¿Por qué es tan importante el aprendizaje y el dominio de la lengua?
DB: Sin el idioma, la integración no es posible, no hay mucho más que añadir. El idioma nos permite relacionarnos con la población local, acceder a empleos mejores, a defender nuestros derechos, a comprender la cultura y las estructuras sociales, a dotarte de libertad y capacidad de decisión.
El dominio del español es, en definitiva, imprescindible para poder tener una vida digna aquí. Incluso puede ser una herramienta, para aquellas personas que quizá dentro de su familia o de su cultura estén en una situación de vulnerabilidad o indefensión puedan salir de esa situación expresándola y buscando ayuda.
Por otra parte, que nosotros pongamos interés en sus culturas e idiomas y aprendamos unas poquitas palabras tiene un poder muy grande para su motivación e integración.
NR: ¿Cómo enfocáis este aprendizaje?
DB: De una forma práctica, priorizando el uso del castellano en situaciones del día a día y adaptándonos al nivel de cada persona y sus particularidades de vida, gracias a la separación por niveles, que nos permite hacer grupos reducidos. Por ejemplo, ponemos situaciones relacionadas con el transporte público, empleo, situaciones familiares, estudios, consultas médicas, ocio, deporte… No obstante, también enseñamos gramática, vocabulario, cultura local, regional y nacional, etc.
Creo que también es importante, de cara al aprendizaje, que hay un interés genuino de todos los voluntarios por las situaciones personales del alumnado, y eso también hace que se genere un clima de confianza y respeto, y en general los alumnos se sienten muy libres de participar en las actividades, debates…
NR: Entendemos que, como en todo espacio y proceso colectivo, se produce un aprendizaje y conocimiento mutuo constante. ¿Con qué tres cosas te quedarías como lecciones de este primer año?
DB: Es difícil, pero voy a intentar resumirlo.
Lo primero: el cortoplacismo y la creación de espacios compartidos no van de la mano. Es necesario pensar en el largo plazo, ser paciente y dar tiempo a las personas para ir creando juntos. El resultado va a ser más rico, duradero y aceptado que si se marcan unas líneas muy férreas.
En segundo lugar, en cuanto a las clases, es muy importante tener en cuenta aspectos como el cansancio que tienen tus alumnos después de estar trabajando o estar con sus hijos, las diferencias en cuanto a su nivel de estudios previos, dificultades personales o incluso problemas de aprendizaje no detectados, etc. No hay una receta universal, tenemos que adaptarnos.
Por último, la política se hace, no se dice.
NR: Además de las clases, ¿qué otras actividades habéis realizado o teníais planificadas durante el curso?
DB: Esta es una pata muy importante del proyecto. Hemos hecho algunas celebraciones en las que el alumnado ha participado exitosamente. Por navidades hicimos un concurso y una clase más temática, así como una comida en la que tanto voluntarios como alumnado llevamos comida. También participaron algunas personas del CS Ítaca.
Por otra parte, hemos ido de excursión a Comillas y Santillana del Mar, una oportunidad para que nuestro alumnado conozca la tierruca, ya que quizá sin una actividad organizada no se atreverían a hacerlo, también por el aspecto económico, en algunos casos.
Al final del curso, hicimos una fiesta en el Parque de la Viesca donde los alumnos cocinaron algunos platos típicos como el Chep y Mafé de varios países de África occidental, otros platos de Marruecos, Palestina… Son actividades en las que compartimos nuestras culturas, música, gastronomía, historias…
NR: ¿A qué tipo de retos se enfrenta en su vida diaria el alumnado migrante? ¿Crees que hay elementos de unión con la población nativa?
DB: Evidentemente, sí que hay diferencias, lo tienen más difícil que la población nativa, sobre todo si se encuentran en situación irregular, situación que les deja prácticamente con una mano delante y otra detrás, a pesar de que algunos digan que tienen ayudas y demás, lo cual no es cierto. Pueden tener alguna ayuda nada más llegar, pero básicamente para que no vivan en la calle.
Sufren una gran precarización en la vivienda (hacinamiento, pisos en malas condiciones, racismo por parte de arrendatarios, etc.), en el empleo (escaso, de baja remuneración, sin contrato en muchas ocasiones, sin garantías de seguridad, sin poder enfermar, con amenazas o chantajes por su situación de vulnerabilidad, jornadas interminables…), en el acceso a la formación (dificultad para convalidar sus titulaciones y estudios, si tienes una vida precaria quizá no puedas permitirte dedicar tiempo a estudiar, falta de títulos previos que den acceso a otros, dificultad añadida por el idioma…). También, en muchos casos, el desarraigo que produce dejar tu tierra y familia atrás, la falta de una red aquí, sentimientos de soledad, etc.
Pero también creo que, aunque hay diferencias con las situaciones que vivimos unos y otros, sí hay elementos compartidos. Ejemplos de algunas dificultades son la constante subida de los precios de cualquier producto básico, alquileres, combustibles, etc.; las listas de espera en sanidad; las ratios en educación o las necesidades en atención a la diversidad; la falta de recursos de ocio juvenil e infantil en la ciudad; las malas conexiones de transporte público en Cantabria; la precarización del empleo en Cantabria; la desatención de la salud mental en el sistema público…
La clase obrera no entiende de color, género, identidad sexual… Claro que hay diferencias entre unos y otros, pero compartimos unos problemas estructurales que nos afectan a todos y todas como clase obrera. No luchemos entre último y penúltimo.
NR: En el CS Ítaca, el PCTE Cantabria ha celebrado en el último año dos encuentros con trabajadores migrantes con el fin de poner en común preocupaciones y posibilidades de organización. ¿Qué más iniciativas se podrían poner en marcha para tejer alianzas y avanzar en la defensa de los intereses de la clase obrera?
DB: Poner el énfasis en esas dificultades que nos afectan igualmente y promover el asociacionismo. Por poner un ejemplo, creo que la PAH es un movimiento muy acertado en este sentido.
También, ofrecer los espacios para que las personas migrantes puedan organizarse, hacer actividades de ocio o culturales… Para ello es importante tejer lazos con las entidades que ya existan en la zona, personas con cierto liderazgo, etc. Calle a calle.
NR: Frente al auge reaccionario que nos vende todo lo contrario, ¿qué beneficios crees que nos trae como clase trabajadora mejorar y preocuparnos por las condiciones de vida de todas las personas que compartimos el barrio?
DB: Entiendo que hay mucho malestar político entre los trabajadores, pero también que hay muchos tiburones alrededor oliendo la sangre y emponzoñándonos con falsos discursos y mentiras constantemente.
Si tu vecino no es un otro, y forma parte del nosotros, es probable que empieces a ver que también discute con su pareja, que le gusta el fútbol, que compra el pan en la misma tienda que tú o que su hija juega en el mismo parque que la tuya.
Por supuesto que hay diferencias culturales, e incluso hay algunos aspectos que en ocasiones pueden ser contrarios a los derechos humanos (igual que en la tuya), pero para eso tenemos un estado de Derecho y también el poder de sentarnos y arreglar las cosas. Cuando nuestra cultura y tradiciones se van borrando por la uniformidad nacional, o la occidentalización, no se tienen reacciones similares.
No voy a negar que hay barrios con mucha diversidad cultural en los que puede existir una mayor conflictividad social, degradación, delincuencia, etc. Pero hay que ver que el factor determinante es la dificultad en la integración social, y no el color de la piel. Las causas estructurales son en gran medida las que llevan a la exclusión, y no viceversa. Y esas nos afectan a todos los trabajadores, y al que viene de fuera, aún más. Si mejoramos las condiciones de vida de toda la población, eso revierte indudablemente en una mejor convivencia y bienestar. De nuestra desunión hay beneficiados claros: el gran capital.
NR: Y ya para terminar: ¿cómo afrontáis el nuevo curso?
DB: Con muchas ganas y con las cosas bastante más claras que en el anterior, que eran todo incógnitas.
Animamos a que todas las personas que quieran mejorar su español que vivan en La Inmobiliaria, Torrelavega o alrededores contacten con nosotros y se animen a venir a las clases. ¡Si conoces a alguien que pueda necesitarlo, infórmale!