En los últimos meses, el fenómeno migratorio se ha situado en el foco de los medios de comunicación. Así durante el verano supimos que el presidente de EE.UU., Donald Trump, separaba a padres de sus hijos, después de haber sido arrestados tras su paso desde México a EE.UU. por la frontera sur. En la conciencia europea más progre, esta medida se sintió como una violación de los derechos elementales de los seres humanos. La otra conciencia europea, la más reaccionaria, ni se ruborizó.

Siguiendo el foco de los medios de comunicación, la caravana de trabajadores migrantes de Centroamérica a EE.UU. ha puesto en evidencia que el capitalismo es un sistema social basado en la desigualdad y la explotación. Cuando los centros académicos y de investigación económica resaltan la superioridad del capitalismo frente al socialismo, omiten la realidad de millones de personas que viven bajo el capitalismo realmente existente. Esta entrada de personas migrantes ha sido calificada por Trump como una invasión, curioso calificativo viniendo del país de la libertad, del país que basó su desarrollo capitalista en los siglos XIX y XX con fuerza de trabajo inmigrante (Irlanda, Reino Unido y Alemania, Italia, China…) y con la fuerza de trabajo esclava africana.
Y mientras esto ocurre en EE.UU., ¿qué pasa en la civilizada Unión Europea? El muro de la frontera EE.UU.-México causa indignación humanitaria aquí, pero ¿qué opinión hay sobre el muro de Ceuta y Melilla?. La muerte de 15 subsaharianos en 2014 tras una intervención de la Guardia Civil con balas de goma y botes de humo en el Tarajal, Ceuta, pasó desapercibida por la opinión pública, siendo absueltos los agentes.

Podríamos seguir hablando de los menores no acompañados que residen en España, es decir, niños de una edad entre los 14 y 17 años que proceden de Marruecos, Argelia y África subsahariana y que son sometidos a devoluciones inmediatas, víctimas de redes de prostitución o hacinados en centros especiales.

Continuaríamos hablando de las miles de personas que mueren en el Mediterráneo tratando de pasar la frontera sur de la Unión Europea. ¿Hablamos de las mujeres nigerianas y de otros países obligadas a prostituirse en España con absoluta impunidad para sus traficantes? No hablaremos de las condiciones de las trabajadoras migrantes en el hogar y los cuidados,  de la hostelería…

Seguramente Juncker, presidente de la Comisión Europea de la UE, sea tan civilizado o tan poco como Trump. Lo que sí es seguro es que el trabajo migrante solo tendrá solución bajo el internacionalismo proletario y por ello, se hace imprescindible el aumento  de la sindicación de amplias masas de trabajadores migrantes y su coordinación internacional a través de la Federación Sindical Mundial.

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