La única solución frente al problema del cambio climático es la transformación del modelo energético actual en uno sostenible y respetuoso con el medio ambiente, centrado en el ahorro y la eficiencia energética como elementos principales. En la actualidad existen condiciones para desarrollar una planificación que permitiría en pocos años reducir el actual consumo eléctrico en un tercio.

Si a ello le sumáramos la promoción de las energías limpias y renovables, que vayan sustituyendo gradualmente y de forma planificada a las energías fósiles, podemos crear una ecuación que permita la sustitución progresiva de puestos de trabajo generados por el modelo actual en puestos de trabajo en el nuevo modelo. Según estudios solventes, las energías limpias y renovables pueden crear hasta cinco veces más puestos de trabajo que las convencionales, además de contribuir al equilibrio interterritorial.

Si a todo ello, además, le sumamos una importante inversión que permitiera a España desarrollar tecnologías propias (en contraposición a la tecnología importada en que se sustentan fundamentalmente las energías tradicionales) , tendríamos como resultado un cambio de modelo energético sin las consecuencias negativas que se fraguan para la clase obrera.

Cada vez es más claro que un nuevo modelo energético es una vía para mitigar el cambio climático, pero de las sucesivas declaraciones realizadas desde el Ministerio para la Transición Ecológica, lejos de hablarse en conjunto de los criterios para construir ese modelo global y sostenible, se habla del cierre inmediato de las centrales térmicas y como consecuencia, del abandono definitivo de la producción de carbón.

¿Qué podemos esperar entonces de este nuevo Ministerio? Fundamentalmente, la apertura de un periodo de incertidumbre en cuanto a la cuestión energética, que sólo generará seguridad en cuanto a las consecuencias negativas que provocará a la clase obrera de los sectores industriales y extractivos. Pueden por contra estar tranquilos los del oligopolio energético.

¿Estamos entonces, realmente, ante la intención de colaborar en la creación de un mundo más sostenible? La dureza de las decisiones que provocarán paro, precarización y desindustrialización en comarcas enteras, ¿tendrá su contraparte en la toma de decisiones igual de rígidas cuando quienes estén enfrente sean los Consejos de Administración de las multinacionales? Esos Consejos donde luego tendrán un retiro dorado los actuales ministros y ministras…

Me temo que estamos ante un nuevo chantaje para dar una vuelta de tuerca más a las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera.

Una última pregunta para la reflexión: ¿Creemos realmente que, en un sistema económico depredador e insostenible como el capitalismo, es posible un modelo energético y social sostenible?

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