En los últimos años en España hemos vivido acontecimientos históricos impulsados por el sentimiento nacional y liderados por la burguesía, ya sea por una parte de la misma (la pequeña burguesía catalana con el procés) o por su totalidad (con la reacción del aparato de represión estatal dominado por la española, que por cierto, también incluye la que tuvo su origen en Cataluña, como por ejemplo La Caixa). No debemos olvidar que la unión y lucha de contrarios también se manifiesta en la burguesía.

Si las banderas de la burguesía estaban poco agitadas, la entrada en el parlamento andaluz de la fuerza de extrema derecha VOX, expresa la reacción de la capa más liberal y explotadora de los capitalistas, que busca empeorar las condiciones en las que vende su fuerza de trabajo la clase obrera migrante y así obtener beneficios extras.

Ante este escenario de juego de los nacionales, los y las comunistas planteamos levantar nuestra propia bandera que represente la independencia de nuestra clase, tal y como hemos expresado que la patria del capital no es la misma que la patria del trabajo.

Y no nos debemos confundir, no somos apátridas, no renunciamos al orgullo de sentir como propia la tierra en la que vivimos, pero para ello debemos conquistar el poder en todas sus expresiones para sentirnos dueños de nuestro propio destino como clase social.

Qué mejor que la expresión de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista:

A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad.

Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía.

Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales.

El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer. La acción conjunta de los proletarios, al menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación. En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras.

Borrado el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí.

Ahora, volvamos a leer el Manifiesto, que siempre es necesario acudir al texto en su totalidad.

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