Íñigo Errejón, Pablo Iglesias y Alberto Garzón.

Si los meses previos a las elecciones municipales y autonómicas ofrecen siempre un variado espectáculo de lo peor de la política parlamentaria y quienes viven de ella, las últimas semanas están marcando un nuevo hito en lo que a fontanería se refiere, y muy especialmente en el espectro de Podemos y sus confluencias en la capital.

Poco se puede añadir ya a la jugada que encabezan Iñigo Errejón y Manuela Carmena para dejar fuera de juego al sector de Pablo Iglesias y sus socios de Izquierda Unida. Una nueva huida de todo lo que huela a “izquierda” hacia el centro político, que en un pretendido ejercicio de desvinculación ideológica para acaparar un espectro electoral más amplio, ya está dando los primeros patinazos. A saber, el apoyo explícito de Manuela Carmena al golpe de Estado que Juan Guaidó protagoniza en Venezuela bajo el amparo de EE.UU., la UE y lo peor de la extrema derecha latinoamericana.

A partir de aquí, se desata el caos y la carrera entre las filas de la nueva socialdemocracia y el oportunismo. Ramón Espinar dimite por dignidad torera tras el intento por parte de la dirección estatal de Podemos de que confluya con Errejón. Izquierda Unida, como si en el día la marmota viviese, se autopostula nuevamente como la casa de las confluencias con su nuevo “Hacer Madrid”. Los Anticapitalistas aguardan a ver en que espacio pueden tener una posición más fuerte. El PSOE trata de seducir a Errejón y la plataforma de Gaspar Llamazares intenta llamar la atención de unos y otros.

La pregunta que cabe hacerse es ¿dónde está la clase obrera en todo este enredo? Pues en ninguna parte, y esta es la gran trampa de la mal llamada “Unidad Popular”.

Cuando tienes que reducir tu programa político, tus ideas, tus propuestas, tu discurso y en definitiva tu ideología para confluir con organizaciones que van desde la socialdemocracia radical hasta el liberalismo ecologista, resulta que a quien se deja fuera de la ecuación es a la clase obrera y a sus intereses. Buen ejemplo de ello ha sido Ahora Madrid, quien empezó prometiendo tomar el ayuntamiento por asalto para ponerlo al servicio de la gente y ha acabado firmando pelotazos urbanísticos con el BBVA y la Constructora San José de la mano del Ministerio de Fomento del PSOE y el Gobierno del PP en la Comunidad de Madrid. Y si hoy muchos se muestran críticos con el reformulado de la Operación Chamartín aprobado por Manuela Carmena, es solo porque Manuela Carmena les ha dejado tirados para las próximas elecciones. De otra manera, seguirían votando con la nariz tapada. ¿Unidad Popular para especular con el suelo y la vivienda? No, gracias.

Los comunistas siempre hemos defendido que para sostener una práctica política consecuente con lo que necesitan los trabajadores es necesario mantener nuestra independencia política, ideológica y organizativa. No tener hipotecas de ningún tipo con gente ajena a los intereses de la clase obrera y el pueblo trabajador para, precisamente, defender en todo momento los intereses de la clase obrera y el pueblo trabajador.

Esto no está reñido con trabajar conjuntamente con otras fuerzas políticas allí donde existe una conjunción de intereses, pero esa unidad se fragua en la lucha en los piquetes a la puerta de los centros de trabajo, en las asambleas estudiantiles o en la lucha diaria de los barrios obreros contra la carestía de la vida. Nuestra unidad nunca será un reparto de cupos de poder en una lista electoral, so pena de renunciar a todo lo que defendemos por un acta de concejal. Para ese viaje no hacen falta alforjas.

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