Entre quienes consideran la legalización como la solución para las condiciones que sufren las personas prostitutas, se invoca el derecho individual a trabajar de lo que se quiera.

La reducción de la “libertad de elegir” a una cuestión individual, formal y legal genera la ilusión de que hemos “elegido” firmar un contrato por 8 horas cobrando 4 y trabajando 16, no por necesidad engendrada en la explotación, sino en ejercicio de nuestro “derecho a decidir” y nuestra libertad de negociar individualmente horario y salario con el patrón.

Argumentan que gracias a la prostitución muchas personas discapacitadas acceden al sexo. Has de ser normal (???) para poder acceder al sexo libre. Si eres diferente no tienes derecho a tener nunca la certeza de que la persona que se acostó contigo quería acostarse contigo. Es más, si eres diferente, es perfectamente legítimo que seas confinado en un gueto donde la persecución de tu libertad sexual y la separación por sexos te sugiera el sexo pagado como única salida.


En este análisis falta lo principal: la prostitución, la hermana siamesa del matrimonio burgués basado en la propiedad privada sobre la esposa, es una forma terrible de vejación y tortura que se fundamenta en la desigualdad económica, y en la desigualdad de derechos sexuales que emana de la anterior. La inmensa mayoría de las mujeres, hombres y niños y niñas prostitutas lo son obligadas mediante la violencia directa y/o forzados por la pobreza.


La prostitución no es un derecho sino un gran negocio en manos de magnates y monopolios que se enriquecen con el tráfico de migrantes y el proxenetismo. Legalizar y regular el mal llamado por el ¿sindicato? OTRAS “trabajo sexual por cuenta ajena” no es otra cosa que legalizar y regular el proxenetismo. España es un campo de batalla estratégico para los interesados en legalizar el proxenetismo, porque es la puerta de entrada a Europa desde África y América Latina de millones de niñas y mujeres sin futuro de la clase obrera que huyen del hambre y de la guerra imperialista.

Alemania legalizó la prostitución en 2002, 16 años después proliferan los negocios clandestinos. La legalización no ha erradicado la tortura practicada a gran escala tanto en los establecimientos legales como en los clandestinos cada vez más numerosos. Burdeles con “tarifa plana” por 70€ ofrecen una cerveza, una salchicha y mujeres ilimitadas, con colas de clientes que se prolongan hasta el cierre y muchas mujeres desmayadas de cansancio, dolor, heridas e infecciones.

La prostitución no se puede reformar. Debe ser abolida. ¿Significa esto no defender los derechos y las condiciones de vida de las mujeres y hombres hoy víctimas de ese negocio? Todo lo contrario. Significa que las personas condenadas al ejercicio del sexo mercantilizado tienen derecho a emanciparse de ese destino cosificador, peligroso y humillante, a la formación y a su inserción laboral y social. Que hay que perseguir a los proxenetas hasta su liquidación. Significa que la prostitución, que no tiene nada que ver con la libertad sexual salvo ser su contrario, es una estructura fundamental de la dominación y la opresión que no puede ser mejorada, regulada ni embellecida, que ha de ser borrada de la faz de la tierra.

Quienes justifican la prostitución argumentando que algunas prostitutas la ejercen libremente, condenan en realidad a la inmensa mayoría obligada a prostituirse mediante la violencia directa y la coerción económica que el capitalismo ejerce contra millones de mujeres trabajadoras.

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