Alguna mujer parece que acaba de descubrir la lucha -y las cadenas de las que tenemos que librarnos- el pasado 8 de marzo. A las mujeres trabajadoras no nos hace falta que nos recuerden que “las chicas somos guerreras” pues llevamos siglos luchando junto a toda nuestra clase por nuestra liberación. Sin embargo, entendemos que a las burguesas eso de la lucha les sea nuevo e, incluso, nos lo intenten vender como nuevo. ¡Hay que tener morro!

Las mujeres hemos estado destinadas a las tareas reproductivas, es decir, aquellas más vinculadas con mantener vivos a quienes producen. El capitalismo nos mantiene encerradas en las casas, cumpliendo con tareas, socialmente necesarias, de manera gratuita.

Sin embargo, ese intencionado alejamiento de los medios productivos, no nos mantuvo alejadas de la lucha de clases, ¡ni mucho menos! Las mujeres siempre hemos estado presentes, desde el primer momento, manteniendo las huelgas con cajas de alimentos, protección de las familias de los huelguistas, movimientos de solidaridad, actividades moralizantes frente a los días sin cobrar para conseguir las reivindicaciones. Estos hechos, si bien no eran lo mismo que estar “a pie de cañón en el piquete”, sí eran y son vitales para mantener una lucha en el tiempo.

Ejemplos como las mujeres del carbón o las espartanas de Coca-Cola nos hacen ver hoy en día la importancia del papel de las mujeres en la lucha de la clase obrera. ¿Quiénes dan de comer en sus casas a los luchadores en los cortes de Ciñera, mientras los GRS asaltan el pueblo? ¿Quiénes van al Congreso de los Diputados a encararse con esos políticos antiobreros? ¿Quiénes rompen el bloqueo mediático de luchas como la de Coca-Cola? Nosotras, las mujeres.

Ahora bien, no todas las mujeres están en esa lucha ni la respetan. Ahora el movimiento feminista burgués, coge como bandera reivindicar el reconocimiento de las tareas domésticas y su reparto con los hombres. Los trabajadores y trabajadoras reconocemos y valoramos sobradamente los trabajos reproductivos. Por eso nuestra reivindicación no es el reparto de las tareas domésticas, si no, su socialización. Comedores, guarderías, residencias, centros de día, lavanderías, etc., en cada barrio y un servicio de asistencia a domicilio estatal, bien remunerado y gratuito para los y las trabajadoras, y la desigualdad dentro del hogar acabaría, pues las tareas reproductivas no tendrían que ser asumidas gratuitamente por las mujeres, ni con trabajos precarios, si no que los garantizaría el Estado para todos.

Pero claro, el actual movimiento de lucha de las mujeres, está liderado por feministas burguesas. Aquellas que valoran el movimiento sufragista por encima de las huelgas que consiguieron las jornadas máximas de 8 horas. Ellas, las que nunca han participado de las luchas de la clase obrera, ahora nos dicen cómo debemos luchar y liberarnos de la opresión.

A finales del siglo XIX la mujer se va incorporando al trabajo y ocupa puestos en los centros productivos, nuestra lucha crece y se suman fuerzas en los piquetes y huelgas. La primera lucha, la cuál todavía continúa, es la igualdad de salarios por arriba, igual salario para trabajo de igual valor, evitando que los empresarios usen a las mujeres como ejército de reserva, es decir, mano de obra barata que es contratada por el empresario como segunda opción cuando por razones de coste de mano de obra, guerras o cualesquiera otras, no disponga de la mano de obra habitual, (masculina).

Esa incorporación de las mujeres al trabajo hace que estas empiecen a organizarse en los sindicatos y en el Partido Comunista, que comiencen a ocupar su puesto en la lucha política.

Entre las primeras huelgas protagonizadas por mujeres, destaca la llevada a cabo por las trabajadoras del sector textil el 8 de marzo de 1917 que desembocó en el inicio de la revolución bolchevique en Rusia. Ese es el motivo por el que el Día 8 de marzo se celebra el día de la mujer trabajadora, que la ONU recogió 60 años después de la propuesta de la camarada Alexandra Kollontai.

Hoy en día muchas mantenemos ese espíritu y nos negamos a aceptar y asumir los objetivos y formas de lucha de las feministas burguesas, que reivindican la lucha pacífica de las mujeres. Día a día nos asesinan, y no vamos a seguir aguantando, poniendo la otra mejilla, porque ser violenta sea, según alguna: “cosa de hombres”.

Usaremos todos los medios de lucha que nuestra clase ha visto a lo largo de los años que son efectivos. Así las mujeres hoy en día participamos, no solo en batucadas y performances, sino también en piquetes a pie de fábrica, cortes de carretera, asambleas y un largo etcétera, en cada centro de trabajo en el que estamos presentes.

Ejemplos como el de las trabajadoras del telemarketing en Cantabria, o del DIA en Euskadi son nuestro referente como mujeres luchadoras.

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