En torno al 8 de marzo siempre parece que es momento de hacer revisión de datos, estadísticas, porcentajes, estudios, artículos… consultar un sinfín de fuentes para comprobar si la situación de las mujeres, en este nuevo año, ha variado en algo y tenemos algo por lo que preocuparnos o alegrarnos.

Pero es que lo que nos ocurre a las mujeres jóvenes y trabajadoras no es exclusivamente un problema de estadísticas. Me explico, las estadísticas son el reflejo numérico de la realidad económica, social y política en la que vivimos las mujeres jóvenes, pero detrás de esos datos está la vivencia real de todo lo que expresan, el día a día, la discriminación, el machismo, el paro, los asesinatos… Por eso es que un cambio porcentual mínimo no nos puede hacer pensar que, de repente y casualmente, las perspectivas de futuro y de mejora son posibles dentro de este sistema capitalista.

No, esto no depende de estadísticas, esto depende de algo mucho mayor. Esto depende de un sistema económico, basado en la explotación y la opresión, que reserva a las mujeres un papel muy concreto dentro de la estructura social. Solo en base a esto se puede entender que las mujeres jóvenes nos enfrentemos a tasas mayores de paro, temporalidad, parcialidad y discriminación laboral. Pero también explica el que nos enfrentemos a situaciones de acoso, intimidación y violencia en las aulas, en los puestos de trabajo, en las calles, en nuestro tiempo libre… Explica que se quieran restringir derechos como el de la interrupción voluntaria del embarazo porque “necesitamos financiar las pensiones y para eso deben nacer más niños”.

Pero es que en torno al 8 de marzo de este año 2019, y en la precampaña electoral, estamos llegando a puntos de tensión muy graves en lo que se refiere a la situación de las mujeres. Esto refleja décadas de retroceso en derechos y protección social, llegando a cuestionar la existencia de la violencia machista contra las mujeres y la necesidad de luchar por su erradicación.

No puede quedar así. Hacia atrás no podemos permitirnos ni un pasito, ni para coger impulso, como decía el Che. Lo que toca es hacer frente a toda esta situación, desde la posición consciente de quienes viven cada día detrás de los datos, estadísticas y números, y hemos vivido en nuestra propia piel el resultado de la explotación y opresión contra las mujeres.

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