Llevamos semanas viviendo una campaña electoral que se prolongará durante los próximos dos meses. Los partidos políticos parlamentarios, cada vez más “americanizados”, se lanzan a la disputa del voto en televisiones, radios, periódicos y redes sociales. Compiten para vender su producto en el mercado electoral.

Ninguna de esas fuerzas políticas va a la raíz de los problemas diarios que enfrentamos los trabajadores y trabajadoras, estudiantes, jubilados… El debate se reduce a ofrecerse como gestores de un sistema político que ninguno de ellos cuestiona. Y, preséntese el producto en uno u otro envase, en realidad se presentan dos opciones: gestión liberal o gestión socialdemócrata del capitalismo español.

En el primer bando figuran Partido Popular y Ciudadanos. En el segundo, PSOE y Podemos.

En ambos bandos militan fuerzas nacionalistas que aspiran a ser determinantes en la conformación del próximo Gobierno. Finalmente, la entrada en escena de Vox, representa el programa de máximos de una burguesía que ya se prepara para las grandes luchas que están por venir. Y, con ello, ofrece la coartada perfecta para que la dicotomía entre liberalismo y socialdemocracia se complemente con la alternativa entre democracia y progreso o reacción, sirviendo para movilizar el voto a uno y otro lado del arco parlamentario.

La mayoría social trabajadora no debe dejarse atrapar en ese tipo de planteamientos. La contradicción existe. Pero no se da entre una u otra forma de gestión capitalista, sino entre las fuerzas capitalistas y las fuerzas del trabajo. Entre quienes nos explotan y nuestra clase social. No se trata de elegir entre distintas formas de gestionar la explotación, sino de decidirse a terminar con ella.

La lucha electoral es un momento más de la lucha política general entre las clases sociales.

Un momento especial, en la medida en que amplios sectores sociales toman contacto con la política durante la campaña. Por eso los comunistas entramos a ese debate y concurrimos a los procesos electorales, impidiendo con ello que las fuerzas capitalistas monopolicen el debate y atrapen a sectores populares en sus redes. La lucha, cómo no, es tremendamente desigual.

El PCTE ha sido capaz de superar el primer obstáculo, recogiendo el aval de miles y miles de trabajadores y trabajadoras a lo largo y ancho del país, que con su apoyo han permitido que, en las próximas Elecciones Generales, existan candidaturas comunistas, con Ástor García como candidato presidencial. Listas conformadas por hombres y mujeres que, en su día a día, luchan en todos los frentes por los intereses de los trabajadores y trabajadoras, por los intereses de la mayoría social.

No cabe sembrar falsas ilusiones. Las Elecciones Generales no solucionarán ninguno de nuestros problemas. La competencia electoral con los partidos políticos del sistema es una quimera, pues juegan con las cartas marcadas.

Los objetivos políticos deben atenerse a la correlación de fuerzas existente. ¿Cuál es entonces el objetivo? La burguesía tiene su programa de máximos, el programa de máximos de los trabajadores y trabajadoras lo representa el PCTE.

La clase obrera, tras las próximas batallas electorales, debe contar de nuevo con un Partido Comunista capaz de dirigir la lucha contra el capitalismo, capaz de aglutinar a los sectores más conscientes de la clase obrera, capaz de organizar y de preparar amplias fuerzas obreras y populares ante las grandes luchas que se avecinan.

Cada mitin, cada intervención, cada reparto de propaganda debe convertirse en un acto de reclutamiento. En un acto de proselitismo político. Desde el estallido de la crisis capitalista en 2008, nuestro pueblo ha probado y experimentado en carne propia las consecuencias de la gestión del sistema que de nuevo nos proponen tanto los unos como los otros. El sistema no funciona y, en su marco, no habrá solución para nuestros problemas. Por tanto, ha llegado de nuevo el momento del Partido Comunista. Sólo si fortalecemos decisivamente al PCTE podremos construir un país para la clase obrera, en el que encuentren solución los problemas de quienes vivimos honradamente de nuestro trabajo.

Esa es la clave de nuestra lucha electoral. Y para llevarla a buen puerto, pedimos tu apoyo durante la campaña. Que no haya un centro de trabajo en el que no circule la propuesta comunista. Que no haya un centro de estudio ni un barrio obrero en el que no esté presente la voz de la mayoría, la voz de los trabajadores y trabajadoras.

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