Gaokao, la selectividad china.

En la mayoría de estadísticas mundiales, la respuesta al mayor indicador en cualquier categoría al azar suele ser China, aunque solo sea por tamaño y población. Ahora bien, números aparte, ¿cuál es el punto de inflexión en que el futuro de un chino se decide, en una dirección u otra? Cada año, 10 millones de estudiantes que terminan el equivalente al bachillerato lo resumen en dos caracteres: 高考, gaokao, su particular prueba de acceso a la universidad.

Como la EBAU española, hay varios exámenes escritos sobre distintas materias, en función de la rama de bachillerato que se haya escogido previamente. La nota, que en China no hace media con la de los dos últimos cursos, sirve para acceder a la universidad, estableciendo cada cual unas notas de corte para los distintos grados.

Pero aquí acaban las similitudes. Sólo hay una convocatoria por año, a la que concurrieron 9.75 millones de estudiantes en 2018, compitiendo por cursar estudios en las mejores universidades del país. La Universidad de Pekín, una de las más codiciadas, ofrece 1.800 plazas en carreras de ciencias al año. A diferencia de los años 90, cuando apenas 1 de cada 3 estudiantes aprobaba el gaokao, ahora son 3 de cada 4, por lo que el objetivo no es ya aprobar, sino con qué nota. En el ejemplo anterior, de las 1.800 plazas que ofrece la Universidad de Pekín, hubo un total de 80.000 candidatos que superaban la nota de corte establecida y trataron de ser admitidos.

Las universidades en China tienen categorías diferentes, por lo que solo entrar en una de las de primera clase colma las expectativas de muchas familias. La presión familiar se vuelve irrespirable en algunos casos, con un control absoluto sobre los adolescentes durante los años previos al gaokao, para lograr una plaza en las mejores universidades. Un creciente número de estudiantes no logra resistir esta presión, sobre todo cuando las notas no alcanzan para la universidad deseada. Aunque es un tema del que no existen cifras publicadas, el suicidio de adolescentes está al alza en el gigante asiático.

El fatídico momento de junio en que se celebra el examen tampoco ayuda. Es como una olla a presión de estudiantes nerviosos sabiendo que se juegan el futuro a su corta edad, padres recordándoles las expectativas que tienen puestos en ellos mientras se aglomeran a las puertas del local de exámenes y dos jornadas maratonianas de pruebas mientras drones y cámaras de reconocimiento facial vigilan cada movimiento.

El gaokao recibe numerosas críticas dentro de la propia China: es jugarse el futuro a una sola carta y privilegia a aquellos que han recibido una mejor educación, lo que implica en no pocas ocasiones un mayor poder adquisitivo. De hecho, desde la abolición de los exámenes imperiales en China, el gaokao ha tenido numerosas reformas: desde la de 1952 que buscaba formar cuadros para la economía socialista, con un criterio de admisión amplio, hasta la de 1966 en plena Revolución Cultural, que cerró las universidades y suprimió las pruebas de acceso, y la de 1977, que estableció el modelo educativo actual.
Veremos cuál es el siguiente paso.

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