A mediados de los noventa, Nueva Izquierda, expresión coloquial del Partido Democrático de la Nueva Izquierda impulsaba, primero dentro de Izquierda Unida y posteriormente con su salida de la coalición, una política de acercamiento al PSOE, sometiendo sus posicionamientos a la dirección política de la vieja socialdemocracia. Era la Nueva Izquierda de López Garrido y Cristina Almeida que disputaba la dirección de la izquierda fuera del PSOE al eurocomunista PCE y su coalición, Izquierda Unida, que mantenían el concepto del sorpasso pretendiendo desplazar electoralmente al PSOE y convertirse en la primera fuerza política de la izquierda en España. Finalmente en 2001, Nueva Izquierda acabará disolviéndose e integrándose en el PSOE.

Dos décadas después, con una gran crisis capitalista de por medio en España, la izquierda fuera del PSOE con representación institucional en el Congreso de los Diputados, a través del grupo parlamentario de Unidas Podemos, ya no es que se plantee el sorpasso sino que se lanzan sin frenos al abrazo de la casa común del PSOE. La “nueva” Nueva Izquierda de Unidas Podemos se parece mucho a la “vieja” Nueva Izquierda y la vieja socialdemocracia.
Los pactos autonómicos entre el PSOE y Unidas Podemos —o en su defecto, las estructuras nucleadas por Podemos y/o Izquierda Unida— han permitido la configuración de gobiernos liderados por el PSOE en Canarias, Baleares, La Rioja y en la Comunidad Valenciana. Mientras, están abiertas las negociaciones en Aragón, Navarra y Asturias. En el resto de comunidades autónomas, a Unidas Podemos no le dan los escaños para apoyar a más gobiernos del PSOE. En todo caso, el contexto para la “nueva” Nueva Izquierda es el de pérdida de su peso político con una debacle en número de votos y representantes en los Parlamentos.

En otros niveles de representación de las instituciones burguesas, la política seguida por Unidas Podemos también se ha conformado con ser el flanco izquierdo del PSOE, como así lo han demostrado en la elección de alcaldes en los Ayuntamientos de A Coruña, Valladolid, Logroño e Ibiza o el apoyo de la vieja socialdemocracia a los mal llamados Ayuntamientos del Cambio. En este sentido, Colau es apoyada en Barcelona por el PSC y los votos de Valls y, en Cádiz, el alcalde de Podemos es apoyado en su investidura mediante el voto en blanco del PSOE.

El ciclo de la nueva socialdemocracia ha tenido un recorrido muy corto.  En menos de cuatro años, después del auge de movilización de las masas, las fuerzas de la nueva socialdemocracia han quedado mermadas y subordinadas totalmente al PSOE. Este cambio de ciclo se complementa con el giro del PCE e Izquierda Unida hacia posiciones que buscan empujar al gobierno del PSOE, reclamando y rogando la aplicación de medidas populares, dejando atrás la experiencia política vivida en este país donde la vieja socialdemocracia en el gobierno introdujo las reformas laborales que abarataron el despido y la contratación precaria, la legalización de las Empresas de Trabajo Temporal, las privatizaciones de empresas públicas o la entrada en la estructura imperialista de la OTAN.

Las negociaciones de Pedro Sánchez con Unidas Podemos para la formación del gobierno demuestran el nivel de deterioro ideológico de los que en sus Asambleas Ciudadanas de Vistalegre proclamaban hace menos de cinco años que: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”.

A finales de los noventa, López Garrido y Cristina Almeida compraron billete en clase Preferente para el viaje hacia la casa común del PSOE; Pablo Iglesias e Irene Montero se suben a ese tren. Como dice el refrán: Para ese viaje no se necesitan alforjas… ni carteras ministeriales.

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