La estampa es esta: miles de turistas en las playas de Canarias y Baleares bañados por el sol y el alcohol. Rubios y rojos, deseosos de volver. Son miles y miles. Tantos que la quiebra del touroperador más antiguo del mundo ha provocado el movimiento de repatriación de británicos más grande desde la 2ª Guerra Mundial. Estamos ante la caída de un gigante del turismo: la quiebra de Thomas Cook tras 178 años de historia.

El pasado septiembre 600.000 personas se vieron afectadas por el “cese de actividad comercial”. Turistas que no pueden salir de las Islas Canarias y Baleares porque la empresa no se hace cargo, miles de trabajadores en la calle, una deuda mastodóntica y miles de turistas que en octubre se quedarán sin su sol y playa prometidos. La caída ha sido tan colosal que se esperan playas como hace un siglo, vacías y sólo para los residentes. En las islas gran parte de la economía depende del turismo y gran parte de los turistas llegaban de la mano de Thomas Cook, miles y miles.

Las cifras nos permiten medir la magnitud de la quiebra de esta empresa. La altura y el terremoto que ha provocado. Lo interesante a analizar de los terremotos son no solo las causas sino las consecuencias y sobretodo averiguar si se van a producir más, en qué condiciones y qué podemos hacer para evitarlos.

Esta quiebra sería anecdótica, un pequeño lunar cuando nos enseñan las estadísticas impolutas de la economía de libre mercado, si no viniese acompañada de otros indicadores. Em el sistema que nos ha tocado sufrir, toda crisis viene precedida de pequeños atisbos. Algo así como unos movimientos sísmicos previos al gran terremoto.

La economía española vive una profunda desaceleración. El propio Banco de España ya la hace pública y analiza que en el 2020 y 2021 será peor. Por si fuera poco también se frenará la creación de empleo. En estas estadísticas no todo son caídas, la inflación se calcula que aumentará, junto al paro que rondará el 14%. Es decir, menos empleo, subida de precios, descenso del crecimiento, más paro.

Todos estos indicadores empeorarán en el caso español con el famoso Brexit —para España el Reino Unido es el socio comercial— donde la economía empieza a resentirse, la inversión británica ha caído un 19% en el 2018.

¿Estamos ante los lógicos vaivenes de la economía que no son más que pequeños ajustes de la mano invisible de Adam Smith? ¿La caída de Thomas Cook es sólo la consecuencia lógica de una empresa débil que no supo adaptarse a la economía digital? ¿Es el cambio climático la causa profunda de estos desajustes? Muchos economistas se acogen a este argumentario. Son los mismos que nos decían que la quiebra de determinados bancos hace más de diez años era algo pasajero. Pocos años después ya se vio lo que pasó.

Thomas Cook fue un empresario que organizó el primer viaje en grupo en 1840 a Loughborough, ciudad a 180km de Londres; ocho años antes de que se publicase el Manifiesto Comunista. No hay paralelismos en estas cifras pero sí que son pequeños datos que nos muestran la profundidad y el calibre de la empresa de la que hablamos. No estamos ante el cierre del bar de la esquina por jubilación. Esta empresa hunde sus raíces en el sistema antes incluso de que Marx lo analizase para destruirlo.

No vamos a jugar al marxismo-catastrofismo y a decir que el capitalismo se va a derrumbar por sus propias contradicciones, lamentablemente esto no funciona así. Ahora bien, es una alerta de lo que puede llegar.

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