Era 2006 y en Catalunya hacía unos años que gobernaba el tripartito socialdemócrata con Maragall como presidente. Los socialistas habían conseguido por primera vez sacar a CIU del Palau de la Generalitat, pero a un precio elevado: pactando un gobierno con ICV y ERC. Los socialistas más cercanos a los postulados nacionalistas españoles se revolvieron, y de ese malestar nació Ciutadans. Ciutadans asumió los postulados socialdemócratas del PSOE pero con un componente fundamental de nacionalismo español que venía a romper ciertos consensos de convivencia, como el respeto a la lengua catalana, cosa que ni siquiera el PP hizo nunca. Ciutadans obtuvo sus votos de las bases socialistas. Durante años no dejó de ser un partido residual, pero que fue creciendo poco a poco en base a ir creando provocaciones y tensiones en un momento en que aumentaba también el nacionalismo catalán.

Es durante el año 2014 cuando la situación cambia. Estaba en marcha el reordenamiento del espacio político español debido a las tensiones provocadas por la crisis. Los dos grandes puntales del sistema, el PSOE y el PP, tenían serias dificultades para mantener el apoyo popular. Empieza entonces una descarada operación de las élites para introducir un cuarto partido en el Congreso, que pudiera ser el soporte del bipartidismo y canalizara el descontento de la derecha hacia otra opción liberal. La estrategia fue anunciada sin pudor por el presidente del Banco Sabadell: “necesitamos un PODEMOS de derechas”. Los dirigentes de Ciutadans estuvieron en el lugar y el momento adecuados para ser usados por las élites con este propósito. Nació Ciudadanos, un proyecto ultraliberal a las órdenes de los que pagaban las campañas y los extensos minutos de televisión. Las posiciones socialdemócratas quedaron atrás, provocando no pocas tensiones en Catalunya, donde el partido había nacido con otra matriz.

Las elecciones fueron un camino de rosas para Ciudadanos mientras fue el juguete preferido de la patronal. Pero, en ocasiones, los juguetes toman vida propia, y esto es lo que le pasó a Rivera en 2019. Ambicioso de poder, vio la oportunidad tras las elecciones de abril de convertirse en el substituto del PP, renunciando a la función por la que se le catapultó: ser muleta del bipartidismo. La patronal había marcado el camino: gobierno del PSOE y Ciudadanos, pero Rivera dijo que no, que no era el IBEX quien decidía la línea de Ciudadanos. Y se equivocó. Se desató una campaña en su contra que le laminó el 80% de diputados. Ya acabados, con el orgullo herido, Girauta tuvo unas clarificadoras palabras hacia sus antiguos amos: “Bueno, Ana Patricia (Botín), lo has conseguido, como sueles ¡A vosotros no se os tose! Y ahora que C’s ya no es el problema, que tengáis suerte con Vox”.

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