El pasado mes de octubre, una trabajadora apareció muerta en el parque logístico de Mercadona en Abrera (Barcelona). Tenía 36 años y 3 hijos.

Pasó 27 horas muerta en el almacén de la empresa, donde trabajaba, sin que ningún responsable de la empresa diese parte de su desaparición, claramente evidenciada por la ausencia de su firma en el parte de registro de jornada. Fue la familia, varias horas después, quien, a la vista de que Tania no había pasado a recoger a su hijo de dos años de la guardería, tuvo que presentarse en la empresa a reventar la taquilla para descubrir que la trabajadora no había llegado a tomar su bocadillo de la mañana y denunciar su desaparición a los Mossos d’ Esquadra. Un día más tarde fue encontrada, sepultada en levadura en el fondo de un silo de pan. Atrapada en una máquina, informan sus vecinos. Trabajaba limpiando sola, en un área peligrosa en la que habitualmente trabajan dos personas.

Parte de la prensa ocultó que el lugar de los hechos era un centro logístico de Mercadona. Los mismos medios que con tanta frecuencia hablan de Mercadona para cantar alabanzas al gigante de la distribución alimentaria, tristemente célebre, además de por su nombre machista, por acosar y despedir a sindicalistas, o a solicitantes de bajas médicas, presionar para que no se ejerza el derecho de huelga y denegar reducciones de jornada por maternidad. “Investigadores de Harvard ponen a Mercadona como ejemplo de innovación y buen empleo”, dicen los grandes medios de comunicación, verdaderos tablones de anuncios del capital, untados y mantenidos con las ganancias que detrae Mercadona de explotar trabajadoras, asfixiar a los proveedores y arrasar con el pequeño comercio local allí donde hace aparición. Pero callaron durante todo el tiempo que les fue posible que Mercadona era responsable del crimen del que fue víctima la trabajadora de la limpieza Tania Pedraza Sánchez el 9 de octubre pasado. Algunos medios llegaron al extremo de publicar fotos falsas tomadas en otros supermercados.

Impunidad absoluta y exquisita discreción garantizan las cloacas de la “información” al habitual de la lista Forbes, campeón de las donaciones multimillonarias a las fundaciones más rabiosamente reaccionarias de la derecha y el gran capital español. Ninguna alusión a la negligencia empresarial o al nulo seguimiento de riesgos durante la jornada laboral. Ese es el valor que tienen nuestras vidas para el capital y sus cronistas. Velo de silencio sobre el incumplimiento de las medidas de seguridad, de los protocolos de prevención de riesgos, sobre la precariedad y la sobreexplotación de las mujeres trabajadoras, de la clase obrera toda, que, en el tajo, en las empresas (en sus empresas), como en las guerras (en sus guerras), somos quienes ponemos las muertas y los muertos.

Dos meses después, seguimos sin poder encontrar en ningún medio el resultado de la autopsia.

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