El verano de 1944 el sur de Francia era un hervidero de españoles. La motivación por vencer a Franco era enorme. Por primera vez en mucho tiempo, la historia parecía ponerse de cara a los antifascistas. Stalingrado marcaba el camino, el desembarco de Normandía era una realidad —después se fabricó el mito— y la eterna París celebraba su liberación. La resistencia antifascista triunfaba en toda Europa. Estaba claro que el imperio de los 1000 años sólo duraría unos meses y con él caerían sus aliados. En estas condiciones favorables la historia parecía cambiar de rumbo para que la victoria y el antifascismo cruzaran sus caminos para darse la mano. Es en estos momentos históricos donde o se impone la barbarie o avanza la razón. Así lo creyó el PCE y más de 8.000 valientes en lo que se bautizó hace 75 años como Operación Reconquista de España.

La lucha guerrillera llevaba tiempo desarrollándose en España igual que lo hacía en Grecia, Francia, Yugoslavia, Italia, etc. Era una misma lucha, la de la razón frente a la barbarie. Los miles de combatientes —cerca de 10.000— de la AGE (Agrupación de Guerrilleros Españoles) luchaban en Francia y deseaban el momento oportuno de volver a la patria y vencer. La oportunidad no tardó en llegar. En septiembre y octubre de 1944 estaba ya planificada por la UNE (la Unión Nacional Española) y la AGE entrar por la frontera pirenaica y atacar. El objetivo inicial eran las infiltraciones progresivas, tomar el Valle de Arán y Viella, su capital. Allí, se crearía un gobierno de unidad nacional de carácter provisional que proclamaría la futura III República apoyada por el pueblo tras “una insurrección nacional”, se expulsaría a los fascistas y por fin acabarían el proceso iniciado durante la Guerra Nacional Revolucionaria. El PCE lideraba y monopolizaba el intento de seguir empujando la rueda de la historia. La ansiada derrota de Franco quedaba a un valle de distancia. El gobierno en el interior lo sabía, y lo temía, por eso envió a proteger la frontera con más divisiones y armamento a las órdenes de Moscardó y Yagüe.

El 19 de octubre se concretó el ataque liderado por el teniente coronel López Tovar, militante comunista y con una sobrada experiencia militar en España y en Francia. La realidad es cruel y se impuso miserablemente, el pueblo español no estaba en condiciones de una insurrección armada después de años de una terrible guerra, exilio, represión y muerte. Era un pueblo desesperado y sin esperanza. Si se comía algo era miedo y se mascaba terror. Por si fuera poco, los ejércitos enfrentados eran muy desiguales, unos estaban fuertemente armados y eran muy numerosos, en el otro lado sobraba corazón y coraje pero faltaban soldados y armamento. Los combates duraron 9 días hasta la retirada definitiva.

Poco se ha escrito sobre estos hechos. El papel que jugó Jesús Monzón, responsable del PCE en Francia y de facto también en el interior todavía es muy confuso, se sabe que fue el principal impulsor de la operación y que tras la retirada de las tropas ordenada por Santiago Carrillo —dicen que desde el propio Valle de Arán— sirvió de cabeza de turco para reforzar el papel de éste en el partido y todo lo que ya se conoce. La lucha guerrillera en España continuó hasta 1952, hubo incluso algunos planes más de tumbar el fascismo desde el exterior pero la correlación de fuerzas a nivel internacional lo impidió.

En su día algunos tildaron esta operación de suicidio. Es duro hablar así, ¿qué tendrían que haber hecho cuando en toda Europa se plantaba cara al fascismo y se vencía? Hoy la falta de información y documentación nos impide sacar conclusiones. La mayoría de los comunistas españoles siguen mirando a otro lado y no a su propia historia, por eso 75 años después un manto de olvido y silencio sigue cubriendo esta gesta, como si avergonzase.

No lo consiguieron pero desde que acabase la guerra no tuvieron mejor oportunidad que esa para vencer y miles decidieron no ponerse de lado. No se puede sentir vergüenza ante tamaña honestidad y valor, ante el deseo de quien viéndose derrotado, vuelve a intentarlo sin dudar. Dicen que tras retirarse en ese otoño sombrío marcharon clavando en los árboles tiras de papel escritas con una frase: “Volveremos en primavera”. Es difícil no querer recordarlos.

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