Zozulya señalando un marcador de baloncesto donde el resultado numérico coincide con la ya famosa consigna de 14 palabras del racista David Lane (Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos) y un 88, “HH” según el abecedario (Hail Hitler). En ese partido lleva un dorsal, ¿qué número?, el 18, justo la posición de las iniciales Adolf Hitler en el alfabeto.

Stepan Bandera, personaje histórico ucraniano que dirigió matanzas de miles de judíos y polacos durante la 2ª Guerra Mundial, su anticomunismo visceral, ideología de ultraderecha y nacionalismo ucraniano lo llevó a ser aliado de la Alemania nazi durante mucho tiempo, aunque también fue encarcelado temporalmente por éstos. Después de la guerra, su anticomunismo lo situó al servicio de la Alemania Federal para infiltrarse en la URSS. Y Zozulya posando para fotografiarse junto a una bufanda con el rostro de Bandera.
Tras el golpe del Euro-maidán en la Guerra del Donbáss, uno de los partidos más beligerantes y violentos es el Pravy Sektor, un partido neonazi con organización armada (Batallón Azov). Con ambas organizaciones también hay fotos de zozulya y entrega de dinero y material militar.

Hay mucho más pero este es parte del historial más destacado que vincula al jugador ucraniano del Albacete, Roman Zozulya, con grupos neonazis y ultraderechistas de manera pública. Según él, todo es fruto de casualidades y del azar. Las probabilidades de hacerse fotos con determinados números en marcadores deportivos y con dorsales concretos es de 0’0000001. “Solo soy un futbolista y patriota de mi país”, dice él. El patriotismo como excusa para intentar esconder sus lazos reiterados con el neonazismo ucraniano.

El pasado domingo 15 de diciembre se produjo un hecho sin precedentes, que se suspendiese un partido de futbol por los cánticos hacia un jugador rival. Todos los fines de semana podías gritar con normalidad “maricón”, “tu novia tiene rabo”, “tu hijo se va a morir”, “Guillem jódete”, “Aitor Zabaleta era de la ETA”, “vete a fregar, a la cocina”, “negro de mierda” o imitar a un mono, tirar plátanos y recordar el cáncer del hijo de un jugador. Nada podía perturbar el ocio patrio. La polémica se da cuando Zozulya ha ido a jugar a un campo donde la afición hace bandera de su sentimiento obrero. El partido se suspende porque se le identifica sin tapujos como nazi. El presidente de la LFP, ex-militante de Fuerza Nueva y simpatizante declarado de Vox, justifica la suspensión y defiende a capa y espada al jugador. Se dice que no tolerar las ideologías dispares de los jugadores no es admisible. Debemos respetar que los jugadores se hagan fotos con símbolos de limpieza étnica como algo normal. Y Zozulya se presenta como un cándido patriota ucraniano que sólo quiere jugar al futbol…

Casualidades o no, este hecho sienta un precedente. En España y en el fútbol corren otros tiempos. Ya nadie discute que la política está en todos lados, futbol, trabajo y escuela. Ahora, según algunos periodistas, que un jugador se vincule con neonazis debe ser visto como habitual y normal. ¿Qué pasará cuando un futbolista se diga comunista y se haga fotos con Stalin?

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