Comienza un nuevo año y, como cada enero, en el horizonte de objetivos, nos planteamos cosas que puedan mejorar nuestras pequeñas parcelas: deporte, lectura, estudio, descanso, no estrés, ocio, pasar más tiempo con familia y amigos… son algunas de la más usuales, siendo cómo no, objetivos deseables y positivos en nuestro día a día, objetivos que podemos proponernos si y sólo si tenemos cubiertas las necesidades básicas de nuestra supervivencia y la de nuestros hijos e hijas: empleo, vivienda, atención sanitaria, posibilidad de pagar la factura de la luz, los materiales escolares y llegar a fin de mes.

Realidad que desgraciadamente no lo es para un gran número de mujeres trabajadoras de nuestro país. Objetivos deseables y necesarios. Sin embargo, hay veces que estos retos se van desvaneciendo entre las tareas diarias, permaneciendo siempre en un segundo plano de las prioridades. Siempre hay cosas más urgentes y otras muchas responsabilidades. Las condiciones objetivas de nuestro día a día (trabajo, conciliación, estrés…), impiden cambios sustanciales o a largo plazo. Y así año tras año, y nada cambia, y el círculo se cierra hasta el siguiente año.

¿Pero por qué no trabajamos en un reto común, un reto estratégico que facilite todo lo demás?

2020 comienza y con él se avecina un año en el que las previsiones para las condiciones de vida de la clase obrera no son las más optimistas, y las mujeres seremos, una vez más, uno de los eslabones más perjudicados en esta nueva etapa. Es por ello que la participación de las mujeres es fundamental, y tiene que ser uno de los principales motores en la lucha de clases, para conseguir a todos los efectos que el reto de tener una vida plena sea una realidad y no una meta inalcanzable que pidamos cada primero de enero.

Lógicamente, los cambios no vienen solos, habrá que realizar tareas y trabajar de una manera consciente y constante, pero sobre todo, lo más importante es tener claro que podemos conseguirlo.

Por un 8 de Marzo de lucha

Una de las principales tareas que tenemos para este año es recuperar el 8 de Marzo como día de lucha, vinculado a la lucha de clases y a la mujer trabajadora. En los últimos años, el 8 de Marzo ha tenido un aumento significativo de la participación de mujeres en las movilizaciones; sin embargo este aumento de la participación se da en un contexto de institucionalización de esta fecha histórica, como si de un mero trámite se tratara, y sin que ello suponga una reivindicación clara de mejora de las condiciones laborales y de vida de las mujeres de nuestro país, de las mujeres obreras, de las mujeres que producen, de las mujeres que tienen todo por ganar.
Este 8 de Marzo, recuperemos la historia, y junto a nuestros compañeros, devolvamos a esta fecha histórica el lugar que se merece.

Incorporación a la lucha sindical

Es probable que con el futuro nuevo gobierno de la socialdemocracia oigamos en más de una ocasión la importancia que tiene para ellos la lucha de las mujeres, que a partir de ahora las cosas van a mejorar para nosotras, las condiciones laborales, que se garantizará la conciliación, la igualdad y un largo etcétera, que probablemente se materializará en alguna política de maquillaje con las que ya, afortunadamente, no engañan a nadie. Nunca a las mujeres de la clase obrera se las regaló nada, este año no será diferente.

El papel de la mujer en su incorporación a la producción es y ha sido durante el desarrollo del capitalismo, con un carácter subsidiario, de reserva, y supeditado siempre, a las necesidades de producción que se dan en cada momento. Las mujeres de la clase obrera, sufren con especial crudeza las consecuencias de este sistema inhumano que debemos hacer desaparecer: precariedad, temporalidad, desigualdad… esto no va a cambiar con un nuevo gobierno, y se hace vital que la incorporación de la mujer a la producción vaya unido a la incorporación de la mujer a la lucha sindical. Que en cada centro de trabajo haya mujeres organizadas junto a sus compañeros, en la lucha por mejorar las condiciones laborales y mejora de convenios. Allí donde la clase obrera se organiza todos salimos ganando, también las generaciones futuras.

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