Sí, somos un poco pesados, o mejor, digamos “insistentes”, cuando decimos que desde el comienzo de la pandemia estamos asistiendo a la confirmación de la estrategia gubernamental de “La economía primero”. ¿En qué nos basamos para decir esto? Echemos la vista atrás a algunos hechos concretos…

En marzo, en pleno punto álgido de la pandemia, millones de trabajadores seguían acudiendo a sus puestos de trabajo en condiciones sanitarias de absoluto riesgo, hasta que se acordó algo que el PCTE exigía desde el primer momento: la paralización de la actividad productiva no esencial, para no pagar con la salud de los obreros y obreras, la inagotable búsqueda de beneficio de los capitalistas. Aunque esta medida fue acordada y anunciada por parte del gobierno, también es cierto que hubo empresas de sectores no esenciales que continuaron abiertas a pesar de la escasez de medidas preventivas y de seguridad, lo cual favoreció la extensión del virus.

En las mismas fechas, se aprobaron todas esas medidas del “Escudo social” para “no dejar a nadie atrás” que, como en el PCTE analizamos, no hacen otra cosa que transferir al Estado los costes de la producción de las empresas, que adquiere una deuda excepcional, mientras la salud y los intereses de la mayoría trabajadora quedan en un segundo plano.
En junio, en previsión de salvar la campaña veraniega de turismo, se levantaron muchas restricciones de manera acelerada, especialmente en el sector del comercio, hostelería y turismo, conscientes de que una mala temporada podría suponer la quiebra de miles de pequeñas empresas del sector. Una vez terminado el verano, se puede ver cómo todo ello no ha permitido acabar septiembre con unos buenos datos de empleo en el sector, por lo que la destrucción de puestos de trabajo está asegurada en el próximo periodo.

Actualmente estamos asistiendo al inicio de la llamada segunda ola, y mientras se alargan las medidas anteriormente mencionadas, no se elaboran planes para abordar de una manera profunda, coordinada y de calidad aquellos aspectos que supusieron una mayor dificultad y riesgo durante la anterior ola de la pandemia. Así, la atención sanitaria, tanto en centros de salud como hospitales, sigue saturada y sin recursos; e igualmente en el caso de la educación, se deja al buen hacer de los centros educativos y del profesorado una vuelta al cole cargada de deficiencias y riesgos provocada por una negligente falta de planificación y de dotación de recursos públicos.

Y, para no hacernos trampas de ningún tipo, conviene recordar que la patronal lleva tiempo solicitando que, ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, se aborden “reformas en profundidad que serían muy difíciles de implementar en tiempos normales”.

¿Más reformas? Está claro que no queremos sus soluciones, que no coinciden con nuestros intereses, ya nos han demostrado que su prioridad es que no pare la actividad económica. Estemos preparados y preparadas para lo que está por venir, para responder de manera organizada.

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