Hablamos con Saray Jiménez, Secretaria General del Frente de Estudiantes, sindicato estudiantil estatal, de base y unitario nacido hace diez años. La organización celebró el pasado mes de mayo un acto por su décimo aniversario.
Nuevo Rumbo: Saray, en primer lugar queríamos agradecerte que nos concedas esta entrevista. Hace apenas unos meses, en diciembre de 2025, se cumplían 10 años del nacimiento del Frente de Estudiantes. Nos gustaría, por tanto, volver a ese inicio. Echando la vista atrás, ¿qué supuso en aquel momento la creación del sindicato estatal en el seno del movimiento estudiantil respecto al periodo anterior?
SJ: El nacimiento del Frente de Estudiantes supuso un punto de inflexión en el movimiento estudiantil de nuestro país y en sus dinámicas. Como sabéis, el sindicato nace en un contexto de agotamiento de un ciclo de lucha que, pese a las enormes movilizaciones contra la LOMCE o el decreto 3+2, había demostrado importantes límites organizativos. En ese momento, las asambleas permanentes se vaciaban, existía una enorme dispersión asociativa y la lucha estudiantil se tendía a darse de forma muy reactiva y sin capacidad de continuidad real en los centros de estudio. En este contexto se da el Congreso de Unidad Estudiantil en diciembre de 2015, el cual representó precisamente la voluntad de superar esas dinámicas y construir una herramienta distinta: un sindicato estatal, unitario, de base y de orientación clasista, capaz de organizar de manera sostenida a los hijos e hijas de la clase trabajadora en todo el territorio. Este hito también suponía defender una orientación política clasista clara. El Frente de Estudiantes nace entendiendo que los ataques a la educación pública no son son errores de gestión, sino consecuencias de un modelo educativo cada vez más subordinado a las necesidades del capitalismo español y de la Unión Europea. Por eso el sindicato siempre ha mantenido una oposición frontal a todas aquellas leyes educativas que, vinieran del gobierno que vinieran, profundizan en la precarización y mercantilización de la enseñanza. Y, al mismo tiempo, ha defendido un horizonte político propio: una educación pública, gratuita, de calidad, al servicio del pueblo trabajador y gestionada por y para la comunidad educativa.
NR: Han sido diez años de intenso trabajo en los centros de estudio. ¿Qué aprendizajes extraéis de este periodo?
SJ: Seguramente una de las principales conclusiones que extraemos es que la organización sostenida y el trabajo de base son imprescindibles para que exista un movimiento estudiantil fuerte. La experiencia de estos años nos ha demostrado que las explosiones espontáneas de movilización, aunque puedan ser muy masivas, no bastan por sí solas si no existen estructuras militantes capaces de darles continuidad y orientación. Esto ha atravesado toda nuestra trayectoria. Lo vimos en las huelgas contra las reválidas de la LOMCE, en la lucha contra la LOSU y la Ley de Convivencia Universitaria, luchando contra el modelo de prácticas no remuneradas o, más recientemente, en las acampadas de solidaridad con Palestina. En todos esos procesos se ha hecho evidente la importancia de contar con secciones sindicales vivas, insertas en los centros de estudio y capaces de conectar las inquietudes concretas del estudiantado con una propuesta política más amplia.
También hemos aprendido muchísimo sobre qué significa realmente construir un movimiento estudiantil estatal. El Frente de Estudiantes tiene hoy presencia en numerosos territorios y hemos sido capaces de desarrollar experiencias coordinadas de movilización y organización en todo el país. Eso implica aprender a combinar los análisis generales con las realidades concretas de cada territorio y de cada rama educativa, entendiendo siempre que la fuerza del movimiento estudiantil reside precisamente en su capacidad de actuar de manera unificada.
Por último, aunque los aprendizajes son incontables, hemos reafirmado durante estos años otros de los principios programáticos que nos constituyen: la centralidad del movimiento obrero. Esto se ha expresado de forma concreta en marcos de lucha compartidos con trabajadores de la educación y sindicatos, en la participación conjunta en asambleas y movilizaciones o en procesos como la lucha contra la Reforma Educativa (o ahora sus concreciones), donde impulsamos propuestas coordinadas junto a trabajadores y trabajadoras.
NR: El pasado 30 de mayo celebrasteis un acto por el décimo aniversario del Frente de Estudiantes. ¿Por qué os parecía importante conmemorar este hito?
SJ: Para nosotros era importante porque diez años no son simplemente una fecha simbólica. Son diez años de construcción militante y de acumulación y traspaso de experiencias por parte de centenares de estudiantes que han pasado por el sindicato a lo largo de este tiempo. Además, creemos que el aniversario llegaba en un momento especialmente significativo. El movimiento estudiantil se encuentra hoy en un nuevo ciclo de movilización, marcado por la agudización de la privatización educativa de la mano con las concreciones de la LOSU en cada territorio, así como por el auge movilizatorio en ese sentido. En ese contexto, mirar hacia atrás no era un ejercicio de nostalgia, sino una forma de reivindicar toda una trayectoria de lucha y de extraer conclusiones útiles para las tareas que tenemos por delante.
El propio acto estaba pensado en ese sentido. No queríamos hacer únicamente una celebración interna, sino una jornada política y cultural que expresara el proyecto sindical que hemos tratado de construir durante esta década. Por eso el bloque político contó con intervenciones de sindicatos de trabajadores de la educación, compañeros del movimiento estudiantil y miembros de nuestra Dirección General, vinculando el balance de estos diez años con los retos del próximo periodo. Y, por supuesto, el aniversario era también una forma de reconocer a todas esas generaciones de militantes que han dedicado parte de su vida a construir el sindicato. El Frente de Estudiantes existe hoy gracias a todo ese trabajo acumulado.
NR: Hemos visto cómo recientemente habéis estado participando e impulsando asambleas en varias comunidades autónomas para denunciar el carácter privatizador de las leyes autonómicas. ¿Qué relación guardan con las leyes aprobadas por el Gobierno central y qué trabajo venís desarrollando al respecto?
SJ: Las distintas leyes autonómicas que estamos viendo en territorios como Madrid o Andalucía no son fenómenos aislados. Nuestra postura es que forman parte de un mismo proceso general de reforma educativa que lleva años desarrollándose, buscando adaptar el sistema educativo a las necesidades actuales del capitalismo español. Desde hace tiempo venimos señalando que tanto las reformas impulsadas por gobiernos del PP como las de gobiernos socialdemócratas del PSOE, comparten una misma lógica de fondo: infrafinanciación de la educación pública, creciente entrada de intereses empresariales en los centros de estudio, degradación de las condiciones educativas y consolidación de un modelo de formación hiperespecializada y permanente orientado a las necesidades del mercado laboral. Las leyes autonómicas profundizan precisamente en esas dinámicas. Por eso insistimos en que no basta con analizar cada conflicto de forma aislada, sino que es necesario entender el marco político general en el que se insertan.
En ese sentido, desde el Frente de Estudiantes hemos estado impulsando asambleas y espacios de coordinación en distintos territorios con el objetivo de generar participación política y organización real en los centros de estudio. Para nosotros las asambleas deben constituir herramientas coyunturales de autoorganización del estudiantado capaces de construir lucha desde y para el estudiantado y en estrecha relación con trabajadores y el conjunto de la comunidad educativa. Entendemos que la defensa de la educación pública requiere construir marcos amplios de movilización y coordinación, superando dinámicas fragmentadas y apostando por una respuesta colectiva frente al avance de estas políticas.
NR: Sigamos con la actualidad. El Frente de Estudiantes tuvo un destacado papel en las acampadas de solidaridad con Palestina en varias universidades del país a lo largo del año 2024, pero, lejos de perder vigencia, el contexto actual sigue dominado por la agudización de las tensiones interimperialistas y la escalada bélica. ¿Qué papel desempeñan las universidades en la economía de guerra y, por tanto, qué posición tiene el sindicato al respecto?
SJ: Consideramos que as universidades no son espacios neutrales ni están al margen de los intereses económicos y políticos que están en pugna en nuestras sociedades. Cada vez vemos de manera más clara cómo muchas universidades participan activamente en dinámicas vinculadas a la industria militar, la investigación para empresas armamentísticas y las relaciones académicas y económicas con instituciones cómplices del genocidio contra el pueblo palestino y en colaboración con las tendencias de rearme y guerra en general. Precisamente una de las cuestiones que puso sobre la mesa el movimiento de acampadas fue la necesidad de señalar esa relación entre universidad, imperialismo y economía de guerra. Las acampadas no surgieron únicamente como una expresión moral de solidaridad internacionalista, sino también como una puesta en acción sindical, con demandas y objetivos concretos, ante la implicación de nuestras universidades y gobiernos en el sostenimiento político, económico y tecnológico del genocidio. Entendemos que la lucha contra la guerra imperialista y la defensa de la educación pública están profundamente relacionadas. Mientras se mantienen relaciones con la industria militar y se destinan enormes cantidades de recursos al rearme y a la guerra, seguimos viendo universidades infrafinanciadas, techos que se caen, insuficiencia de becas y deterioro de las condiciones educativas y laborales en nuestros centros.
Las acampadas dejaron también aprendizajes muy importantes. Por un lado, demostraron la enorme capacidad del movimiento estudiantil para organizarse y generar movilizaciones de masas. Y, por otro, evidenciaron la importancia de contar con organizaciones capaces de dotar de orientación política y continuidad estratégica a esos procesos. En muchos territorios, la militancia del Frente de Estudiantes jugó precisamente ese papel dinamizador y organizador, impulsando asambleas, coordinaciones y propuestas comunes.
NR: Para cerrar, una pregunta enfocada al futuro. La etapa de militancia estudiantil siempre es breve, pues, por lo general, uno es estudiante por un tiempo limitado de su vida. ¿Qué les dirías a aquellos compañeros y compañeras que dentro de una década celebrarán otros diez años de lucha estudiantil?
SJ: Les diría, sobre todo, que no subestimen nunca el valor de organizarse y de construir colectivamente. Muchas veces vivimos la militancia estudiantil con una cierta sensación de urgencia, pensando que nuestro paso por los centros de estudio es demasiado corto o que las derrotas coyunturales pesan demasiado. Pero cuando echamos la vista atrás y observamos estos diez años entendemos que cada asamblea, cada campaña, cada huelga y cada pequeño avance forman parte de un proceso mucho más amplio. El Frente de Estudiantes existe hoy porque cientos de compañeros y compañeras entendieron antes que nosotros que la educación pública solo se defiende con estructuración estatal, orientación clasista y trabajo de base. Gracias a ellos hoy contamos con una experiencia acumulada, con una propuesta sindical consolidada y con una nueva generación de militantes capaz de enfrentar los retos actuales. Creo que eso es precisamente lo más importante que podemos transmitir a quienes continúen esta tarea dentro de diez años: que mantengan siempre la perspectiva colectiva, que aprendan de las experiencias pasadas y que no renuncien nunca a construir organización allí donde estén.
Vivimos un momento de enorme incertidumbre, marcado por la precariedad, la guerra y el avance de dinámicas cada vez más reaccionarias. Pero también vivimos un momento en el que crece la inquietud política y en el que cada vez más estudiantes y capas sociales entienden que hace falta organizarse para defender sus condiciones de vida y de estudio. Ojalá dentro de otros diez años el Frente de Estudiantes siga siendo una herramienta útil para todos esos compañeros y compañeras. Y ojalá quienes celebren entonces el vigésimo aniversario puedan decir que fueron capaces de seguir desarrollando un sindicalismo estudiantil de base, clasista e internacionalista y al servicio del pueblo trabajador.
Muchas gracias por vuestro tiempo y por el espacio para poder compartir este balance de estos diez años de lucha estudiantil.