Seguramente muchos de nuestros lectores recuerden la estrofa del cantautor Carlos Puebla: «Para nosotros, siempre es 26». Esta canción, cuya potente consigna fue sintetizada por la cultura obrera y popular de la isla, ha acompañado a generaciones de cubanos y cubanas a lo largo de los años desde que el 26 de julio de 1953 un grupo de revolucionarios asaltó el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba y el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, dando comienzo al proceso de emancipación social en la isla.
Desde entonces, el pueblo cubano ha protagonizado muchos Veintiséis. La proclamación del carácter socialista de la revolución, la derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, el internacionalismo, las misiones médicas, la lucha contra el Covid-19 y el ébola son algunos de estos Veintiséis que el pueblo cubano ha escrito en la historia antiimperialista y en la lucha por el socialismo-comunismo.
Los acontecimientos actuales, marcados por la asfixia que impone la administración Trump al negar la entrada de petróleo, recrudecen el bloqueo vigente desde hace más de seis décadas. Y al bloqueo se suma la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo desde 2021, lo que provocó grandes obstáculos para operar en el sistema financiero, al bloquear las transferencias internacionales de la isla.
La estrategia de asfixia económica de Estados Unidos contra Cuba se ha centrado en golpear sus principales fuentes de ingresos de divisas. Así, el Departamento de Estado ha presionado a terceros países para que cancelen los acuerdos de cooperación médica; han atacado al turismo y a las operadoras internacionales presentes en la isla –provocando la retirada de cadenas hoteleras extranjeras–; han sancionado a GAESA, entidad empresarial cubana, y a la estatal petrolera CUPET; han perseguido la inversión extranjera en la isla y han prohibido el uso de tarjetas como VISA o Mastercard, cuyas operaciones quedaron suspendidas el pasado 6 de junio.
Mediante este genocidio en forma de bloqueo, EE.UU. ha pretendido desde 1960 «provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno», en palabras de Mallory, quien fue Vicesecretario de Estado en aquella década. Con esta política imperialista, ocho de cada diez cubanos han vivido bajo el bloqueo.
Agotar al heroico pueblo cubano es la intención del imperialismo, condenándolo a vivir sin gas para cocinar, sin electricidad para conservar los alimentos, iluminarse en la noche o mantener el funcionamiento normal de hospitales y escuelas, sin combustible para el transporte… A causa de esta asfixia económica, varios indicadores de salud han empeorado: como consecuencia de estas políticas imperialistas, se ha duplicado la tasa de mortalidad infantil en un país que se distinguía por su excepcional cuidado a la vida.
Las últimas medidas del Gobierno estadounidense a través de las Órdenes Ejecutivas de enero y mayo de 2026 están provocando una grave crisis energética. El Sistema Nacional Eléctrico cubano ha profundizado su inestabilidad ante la imposibilidad de disponer de petróleo para sus Centrales Térmicas, que no pueden generar los 1.400 MW de capacidad instalada, lo que ha llevado a acelerar los planes previstos de construcción de parques fotovoltaicos a lo largo de toda la isla y la instalación de paneles solares en centros estratégicos. Además, recientemente la resistencia creativa cubana ha permitido refinar el pesado crudo nacional para la obtención de derivados útiles como diésel, nafta y fuel-oil, que ya ha sido usado con éxito en la Central Térmica Antonio Maceo. Probablemente, este cambio en la matriz energética cubana puede considerarse otro Veintiséis.
El secuestro de Maduro por parte de Estados Unidos a comienzos de año ha evidenciado con claridad el agotamiento del proceso bolivariano, que en su momento se presentó como una alternativa al modelo capitalista. No se trata aquí de especular sobre el grado de traición de los dirigentes actuales de Venezuela a su propio proceso, sino de constatar que a raíz de la intervención militar de EE.UU. el Gobierno venezolano del PSUV no ha defendido la soberanía en Venezuela sobre sus propios recursos, que han sido entregados a Estados Unidos. Y prueba de esto es que Cuba, tras haber sido un aliado que ayudó al desarrollo social con miles de médicos y técnicos en Venezuela, se encuentra sin una gota de petróleo venezolano por decisión de la administración estadounidense.
En este primer semestre, solo un petrolero ruso ha llegado a un puerto cubano. Este gesto de Rusia alivió en cierta medida el desabastecimiento, pero hay que tener en cuenta que, según el ministro de Energía, Cuba necesita al menos ocho buques de combustible al mes para sostener su generación eléctrica. Comparar este gesto de Rusia con lo que significó la cooperación mutua entre Cuba y la Unión Soviética sería un disparate.
Por su parte, la diplomacia china se limita a declaraciones retóricas y al envío de ayuda humanitaria. ¿Será que la Iniciativa de la Franja y la Ruta, espacio económico promovido por China, nada tiene que ver con los fundamentos de lo que fue en su momento el Consejo de Ayuda Mutua Económica, CAME, que agrupaba a los países del campo socialista?
Y es que tanto Rusia como China, a pesar de las protestas formales, asumen este bloqueo energético a la isla en un complicado reparto de esferas de influencia. ¿No son suficientes meses sin que entre un buque de petróleo? El envío de arroz y otros productos básicos sirven para tapar que ni China ni Rusia rompen con la imposición estadounidense de bloquear energéticamente a la isla.
Poco cabe de esperar de la Unión Europea en lo referente a su posición sobre Cuba, pero tampoco el Gobierno español, apoyado por el PCE, ha sido un ejemplo en la condena y la solidaridad hacia la isla. Los sapos que están tragando por su participación en el Gobierno bien merecían una posición más firme con la Revolución cubana.
Las extravagancias en shorts del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, durante su reciente visita a la base naval de Guantánamo –recordemos: territorio cubano ocupado ilegalmente por EE.UU.– evidencian con crudeza la persistente arrogancia del imperialismo. Como ya cantaba Carlos Puebla en otra de sus canciones, «cinco puntos cinco son, ni uno menos ni uno más… El quinto es muy necesario, tanto como los demás: que se lleven sus caimanes y nos dejen descansar».
Por si no fuera suficiente con la axfisia y el bloqueo, la última escalada de la provocación imperialista ha sido la imputación de Raúl Castro en un tribunal estadounidense por unos sucesos de hace 30 años, cuando en 1996 fueron derribados dos avionetas de la organización terrorista Hermanos al Rescate que se adentraron en el espacio aéreo cubano después de reiteradas violaciones de las que habían sido advertidas por diferentes medios e instituciones. No es que la administración estadounidense, como demuestra su historia, necesite de ninguna fuerza de la razón, ya que son especialistas en fabricar pretextos para la injerencia en terceros países, ya fuera El Maine, las armas de destrucción masiva en Iraq o el Cartel de los Soles en Venezuela. Y, aquí, que no se confunda el imperialismo: Raúl es Raúl, es la generación histórica de la Revolución que será defendida por su heroico y valiente pueblo. Como reivindica otra canción, «para su bien o para su mal, la cosa con Cuba es de igual a igual».
La militancia comunista en España creció y se curtió en los años noventa al calor de la solidaridad con Cuba, durante los duros años del periodo especial. Treinta años después, seguiremos defendiendo el lema de aquella campaña de ayuda a la isla: «Si no hay viento habrá que remar». Y sobre las nuevas medidas aprobadas en el programa económico y social del Gobierno cubano, que se conocen justo en el momento de cerrar este artículo, habrá oportunidad de hablar más adelante.