El caso de la privatización de la Sanidad Pública en Madrid

En pocos días hemos visto cómo toda la solidez de la rutina, del día día, del orden de las cosas naturalizado a fuerza de repetirse, se tambalea, todo lo que parecía sólido se resquebraja, andamos confinados en casa, los supermercados con riesgo de un desabastecimiento que ya llega a productos sanitarios, servicios sanitarios colapsados y todo por un virus que pone en jaque a toda la sociedad y cuestiona los cimientos y las lógicas del sistema capitalista.

A Madrid nos ha tocado ser el epicentro de esta epidemia en España y estábamos lejos de estar preparados. Estaríamos preparados si todos los medios técnicos y humanos de la sanidad estuviesen al servicio del bienestar general, pero es que resulta que la gestión liberal lleva décadas operando en el sentido contrario, de garantizar el negocio privado con nuestra salud. El 60% de los hospitales en Madrid son privados, aunque tan solo concentran el 27,72% de 12.246 las camas hospitalarias, porque entre otras cosas, los casos más costosos de tratar y que mayor estancia y gasto ocasionan, se derivan a la pública.
Con respecto a los hospitales públicos hay casi 2.000 camas menos que en 2010, pero de todas las camas instaladas además, hay un 13% que no funcionan, es decir, 1.171 camas hospitalarias que podrían estar puestas al servicio de la población, pero que se tenían cerradas para ahorrar presupuesto.

La Comunidad de Madrid es la segunda que menos invierte en sanidad por persona, lo que tiene consecuencias directas en el empeoramiento de la calidad asistencial a todos los niveles. La población ha aumentado medio millón de personas entre 2010 y 2018, pero el número de trabajadores de la sanidad pública ha descendido en 3.300. Las listas de espera en atención primaria que pueden llegar hasta 10 días han provocado una disminución de 5 millones de consultas entre 2010 y 2018, es decir, que muchos han desistido de acudir a su Centro de Salud, mientras que el resto ha optado por acudir a Urgencias para garantizarse atención sanitaria, aumentando en casi un millón de atenciones en Urgencias hospitalarias para el mismo periodo.

Las listas de espera antes de esta crisis sanitaria elevaban a 647.816 personas en expectativa de primera consulta, consulta diagnóstica o intervención quirúrgica. 647.816 vidas a la espera de ser atendidas por su servicio sanitario, con la preocupación e incertidumbre de qué es lo que puede estar ocurriendo en su cuerpo y cuál puede ser el tratamiento. La centralización de esfuerzos sanitarios para vencer al Covid-19 está llevando a cancelar muchas de estas intervenciones programadas, por lo que los datos una vez vencida la epidemia serán demoledores.

La otra gran consecuencia, totalmente planificada, es el aumento de las pólizas de seguros privados. El mensaje es claro, deterioramos la sanidad pública y el que pueda pagar, que pase por caja. En 2017 los asegurados en la región eran 2.144.514, más de un tercio de la población, mientras que el volumen de facturación en primas sanitarias se elevaba hasta los 1.794 millones de euros, el 24,3% del total nacional.

Por su parte, muchas de las estadísticas que arroja la atención pública en la Comunidad de Madrid son aun más escandalosas si se dejan fuera los hospitales de titularidad pública y gestión privada. Los gastos en conciertos sanitarios se han triplicado en este periodo, pasando de los 354 a los 978 millones de euros, superando el 10% del presupuesto sanitario. Estos hospitales son explotados además por fondos de inversión donde se combinan capitales españoles y extranjeros, que han tenido en estos años varias operaciones de compraventa, mercadeando con nuestra atención sanitaria, es decir con nuestra salud.

La Comunidad de Madrid ha anunciado que va a coordinar bajo un mando único la sanidad pública y la privada, algo que todavía no se ha concretado en nada. También que se van a medicalizar los hoteles. Ambas medidas son lógicas y necesarias, pero nos tememos que en la lógica liberal se hará pasando por caja, cuando la lógica de la salud pública sería retomar el control de todos los medios sanitarios privados, para ganar al virus y no devolverle nunca más nuestra salud a la avaricia del capital.

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