Hace más de dos meses que el Gobierno español decidía acoger a los más de 600 inmigrantes del Aquarius. Razones humanitarias le llevaban a asumir una solución de emergencia. Poco se podía decir al respecto, saludar el gesto y esperar que la política migratoria, a partir de ahora, fuese así. La prensa nos vendía que el cambio había llegado a la Moncloa y que el “Refugees welcome” parecían concretarse en algo más que una consigna y una camiseta.

Pero la realidad es tozuda y se impone. Sólo hace falta mirar hacia atrás, recordar titulares, declaraciones y tirar de hemeroteca. A las pocas semanas de la llegada del Aquarius, el gobierno valenciano improvisó y acogió a los refugiados con unos recursos mínimos y exiguos. De ahí pasamos a las devoluciones en caliente en Ceuta. Los refugiados ya no eran bienvenidos. El derecho a asilo recibía ahora respuesta violenta. Pocos días después, el Ministro del Interior endureció todavía más la situación y acusó de “organización criminal” el intento de refugiados de llegar a España y pocos después, la delegada del gobierno en Ceuta decidió avisar con la ley del Talión; “el que entre violentamente va a recibir el mismo pago”.

Es ahí, cuando abres la prensa y el argumentario racista lo impregna todo, más o menos agresivo, pero en definitiva, racista. El argumento del gobierno para endurecer las políticas migratorias es un juego de palabras; “humanidad no es permisividad”. El PP y C’s criminalizan a inmigrantes y hablan de “invasión”. La prensa convierte a los manteros en enemigo de las ciudades de Barcelona y Madrid. La alarma social ya está generada y el Gobierno nos vende que razones de estado les lleva a tomar estas decisiones, la defensa de “nuestras fronteras”. El debate social ya está condicionado, “no cabemos” “no hay trabajo para todos”. Así se generan las leyendas que día a día se repiten sin comprobar datos.

Conocer un poco la realidad de la clase obrera migrante nos ayuda a obtener respuestas. ¿Es realmente una invasión? Hace unos años el 86% de los refugiados se situaba en países pobres, por tanto, España no está entre sus prioridades. Aún así, las peticiones de asilo en España para febrero de 2018 eran de unas 40.000, el año pasado sólo se aprobaron la mitad de las peticiones. Se piden menos peticiones de asilo y además se aprueban menos, quizás así, algunos entiendan por que algunos se ven forzados a saltar la valla.

¿Han crecido exponencialmente los movimientos migratorios en los últimos años? Los movimientos migratorios se han dado siempre en la historia de la humanidad, desde hace siglos y hasta la actualidad. No son un “problema actual” sino una dinámica -que no un problema- social habitual del ser humano. La población mundial se ha multiplicado y con ello los fenómenos relacionados con ella, como las migraciones. La organización Cáritas (no sospechosa de comunista) sitúa el crecimiento de las migraciones en una constante del 3%, la cuestión es que ahora adquiere tintes todavía más dramáticos, en el sur de Europa.

¿Nos quitan el trabajo y las ayudas? Los datos demuestran que aportan más en impuestos que en ayudas recibidas. Hay numerosos cálculos de diversas ONG’s que desmontan estos argumentos racistas, tanto en España como en otros países de Europa, existe uno reciente sobre Euskadi. Las tasas de paro son siempre más elevadas en la clase obrera inmigrante que entre la nativa y suelen emplearse en peores condiciones. Las ayudas son para personas en riesgo de exclusión social, sea inmigrante o nativa. Per incluso las que son para la condición de “refugiado” proceden de otras fuentes.

Un poco de perspectiva social e histórica nos ayuda a enteder las migraciones. Desde el impacto del capitalismo, el colonialismo y el imperialismo, los movimientos migratorios han aumentado tanto a nivel nacional como internacional. Las políticas de miseria impuestas a Africa, América Latina, etc, tienen sus consecuencias. La gente busca un mínimo para sobrevivir donde sea y a cualquier precio. Nuestros abuelos y bisabuelos emigraron e hicieron exactamente lo mismo. España es un país de migraciones y el racismo, ni antes, ni ahora, ha sido una solución.

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