Finalmente se repetirán las Elecciones Generales el 10 de noviembre. Las fuerzas socialdemócratas han fracasado en la conformación de un gobierno y no han llegado ni a intentar una segunda investidura de Pedro Sánchez. Ni las ofertas a la desesperada de Ciudadanos, ni las plegarias de Pablo Iglesias al rey sirvieron para convencer a Pedro Sánchez de que diera marcha atrás en su decisión de ir a nuevas elecciones.

Antes y después de la nueva campaña electoral van a correr ríos de tinta para tratar de explicar de forma mínimamente coherente por qué razones los que en abril eran socios preferentes llegaron a septiembre como enemigos jurados. La batalla política de la nueva campaña electoral, el debate de fondo, no va a ser sobre reformas laborales, sobre impuestos, sobre pensiones o sobre los precios de la vivienda, sino que va a consistir únicamente en que cada uno venda su versión sobre qué fue lo que pasó entre mayo y septiembre.

Esto es la política parlamentaria española. En escasos meses pasamos de los cansinos y tramposos llamamientos a la unidad “para parar a las derechas” a las acusaciones cruzadas sobre quién tiene la culpa de que haya que volver a las urnas por cuarta vez en cuatro años. La pelea entre políticos burgueses se ha convertido, dada la cada vez más evidente similitud entre los programas electorales de quienes están básicamente de acuerdo en lo mismo, que es sostener el sistema capitalista —con más o menos retoques y perfumes—, en una disputa por el relato, en una confrontación de historias en la que, como en un menú, cada elector decidirá cuál le gusta más. Pero sin que se hable sobre los problemas reales de la mayoría trabajadora, claro está. Lo importante no es lo que pasa, sino lo que se cuenta.

Por ese motivo es importante que tengamos herramientas para hacer frente a esta guerra que nos es ajena y argumentos para evitar vernos atrapados en falsos debates sobre si la decisión de ir a elecciones la tomó Sánchez en julio o en septiembre o si era realista y legítimo que Unidas Podemos exigiese puestos en el Consejo de Ministros. Nuestra crítica y nuestro debate no puede ir en esa línea. No compramos los argumentos de ninguno de los contendientes, ni nos verán defendiendo a un polo de la socialdemocracia frente a otro.

Porque la realidad que subyace bajo tanto relato es que las dos fuerzas socialdemócratas españolas estaban básicamente de acuerdo en cuanto al programa de gobierno, que venía a ser un refrito del que presentó el PSOE en abril, con algunos retoques ejecutados tras esas rondas de reuniones con el “entorno social” que realizó Sánchez durante el mes de agosto. Durante semanas y semanas el debate ha sido sobre sillones y no sobre otra cosa, ya que sobre lo demás hay poca divergencia seria entre PSOE y UP.

Nadie debería pecar de ingenuidad. Un pacto de gobierno entre la vieja y la nueva socialdemocracia no es otra cosa que un cambio en el formato de la pelea que llevan tiempo desarrollando por la hegemonía en el campo obrero y popular. A PODEMOS le interesaba desarrollar esa batalla estando en el Consejo de Ministros para provocarle a Sánchez una crisis de gobierno en el momento oportuno. Y el PSOE prefería atar a PODEMOS con un acuerdo parlamentario que facilitase aprobar presupuestos generales hasta el momento oportuno de cambiarlos por otros socios más convenientes. No hay mucho más, y es de vergüenza ajena el victimismo del que algunos hacen gala ahora, presentándose como outsiders de la política cuando han llegado a pedir la mediación del rey en las negociaciones y a entrar “a prueba” en un Gobierno del PSOE. Se ve que la irrupción de Errejón ha metido mucho miedo en Unidas Podemos. Y es normal, porque es un misil destinado a reventarlos.

Mientras ellos reparten culpas y debaten sobre sillones y responsabilidad, nosotros vamos a estar hablando sobre lo que necesita la mayoría trabajadora de nuestro país, no sobre las migajas que puede conseguir mientras siga escuchando a las fuerzas defensoras del capitalismo. Frente a la política del mal menor, de lo posible que nunca llega, va siendo hora de elegir lo necesario.

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