Durante las últimas semanas, una vez más el periodismo de los grandes monopolios de la comunicación ha bombardeado el lóbulo frontal de nuestros cerebros en el que habita nuestra capacidad de juicio. Casus belli: el “pin parental”. Dicen los neurólogos que cuando se destruyen las conexiones neuronales de esa área podemos caer en incapacidad de realizar juicios acertados y caer en la impulsividad… o tomar decisiones rápidas y fatales ante lo que puede ser un falso dilema. Seguramente la maquinaria de guerra desarrollada por el marketing periodístico supere con mucho la metáfora… veamos.

El voto a favor de Vox en los presupuestos de la Región de Murcia ha contado con el requisito de establecer lo que la extrema derecha ha denominado “pin parental”, que consistiría en la necesidad de la autorización expresa de las familias para que los alumnos puedan asistir a ponencias de educadores externos a los centros en materias que pudieran tener que ver con la “formación moral”. ¿Es un problema real para los docentes por posibles quejas de las familias? Ni de broma, no suele haber queja ninguna salvo anécdota de la caverna. ¿Por qué se ha podido llegar a un nivel de polémica top vía memes, comentarios de Facebook, chascarrillos en grupos de Whatsapp, bromas, tertulias, etc.? Si contestáramos que los medios de comunicación lo han querido, fallaríamos a ese refrán castellano tan testado por la realidad que dice que “dos no riñen si uno no quiere”.

Y así ha sido. La ministra de Educación Isabel Celaá salió rápidamente a la trifulca diciendo que “los hijos no pertenecen a los padres”. Verdades de Perogrullo: los hijos son personas y por tanto sujetos de derecho. Evidente para todos. O no. Los partidarios del «pin parental», replicaban: si ellos alimentan a sus hijos, los cuidan y quieren, ¿de quién serán si no? Y turno para los detractores del «pin»: ¡no son vuestros, tienen derecho a ser libres! Después ya vino Pablo Casado, experto en hacer panes como hostias, e intentó poner luz sobre el asunto diciendo que para la izquierda debía ser que los hijos eran del Estado como en Cuba y que de ninguna manera ellos lo consentirían…

Y de aquí, a cuál mayor exabrupto. Todo para decir que los hijos dependen legalmente de los padres pero que son sujetos de derecho al ser reconocidos como ciudadanos. Entonces, ¿por qué esta pelea? Precisamente porque precisan no entenderse, a la vez que los medios requieren espolearlo. La extrema derecha necesita construir su discurso (aunque trate sobre problemas inexistentes) y para ello inventará cualquier excusa camuflado de problema que agrupe a su electorado frente a los “progres” bajo su pabellón rojigualdo. Y porque la “izquierda”, esa izquierda de gestión socialdemócrata de un sistema injusto y explotador que no ha tocado un ápice, necesita también alinear a sus electores bajo la lucha contra los “neandertales” del pin parental, esta vez bajo bandera morada. Y, partiendo de estas necesidades para su supervivencia política, se inventará y llevará al paroxismo cualquier situación por muy esperpéntica que parezca.

Cualquier docente sabrá hoy día lo difícil que es llegar a los alumnos. Lo complicado que es generar un efecto en ellos pese a que se produzca la asunción verbal de determinados valores y compromisos. Y la explicación es más sencilla que toda la polémica en torno al “pin parental”: según los últimos estudios los adolescentes pasan al día tres horas y quince minutos en redes sociales. Al año serían 50 días ininterrumpidamente. En full HD. Viendo todos los mismos instagramers, “cantantes” de reggaeton y trap o los avatares de Christopher y Fani en la Isla de las Tentaciones. Todo promovido, dirigido y controlado por un reducido número de grandes corporaciones.

Mientras, las horas que un alumno puede pasar hoy día recibiendo charlas en materia de igualdad, puede ser como máximo una hora a la semana. Sin full HD. Con “meras” palabras… En realidad, los del pin parental no tienen nada contra lo que protestar, el profesorado no educa hoy a los alumnos. De ahí su falta de autoridad, indisciplina en las clases, falta de valores, etc. Pero tampoco las familias. No decimos que ambos no tengan cierta influencia, pero hoy los grandes conformadores de opinión e ideología son los medios de comunicación en manos de un puñado de capitalistas.

Y, ante tanto ruido, no se habla de lo fundamental. Ni unos, ni, lo más vergonzoso, “otros”. Ni los del puño y la rosa ni los de la bandera morada. Nadie se cuestiona cómo generar esa igualdad real y no de palabra. Cómo acabar con la concentración de esos mass media que son los verdaderos educadores de nuestra juventud y que se concentran en manos de un puñado de grandes capitalistas. Cómo eliminar los conciertos educativos que promueven (esos sí) ideología reaccionaria y establecer una educación cien por cien pública que garantice la igualdad efectiva entre el estudiantado. Cómo generar un sistema educativo a la altura de un país para el pueblo trabajador.

Quizás la tarea política más urgente hoy es volver a crear esas células del lóbulo frontal dañado por el bombardeo informativo, distinguir los problemas de la ficción simbólica de los reales y escapar de los escombros periodísticos que nos sitúan en falsos dilemas. Y que sí, que el pin parental, una mierda.

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