Más de un millón de desahucios en España desde el inicio de la crisis de 2008.

2008 – 2020: 1.002.000 de desahucios. Un millón de personas expulsadas de sus casas, rezaba el cartel publicado por algunas plataformas de lucha contra este drama a comienzos de este año, elaborado con las escalofriantes cifras de unos datos, siempre fríos, que esconden dramas humanos. Tan dramática situación que, en no pocas ocasiones, ha acabado en el suicidio como la única salida contemplada para quienes se han enfrentado a la eufemística ejecución hipotecaria.

De los reproches al inicio de la crisis por haber vivido por encima de nuestras posibilidades, hemos llegado al co-living, el compartir piso, habitación, barracón o chabola de siempre, por no poder afrontar el gasto de una vivienda propia, pero vestido con un ropaje urbano muy cool, tanto como el friganismo, recoger restos de comida en la basura o el nesting, no poder salir de casa en el tiempo libre por no poder pagar por las actividades de ocio. Envolvernos la pobreza, ni energética, ni alimentaria, ni… la pobreza a secas, para que podamos seguir aceptándola como algo que siendo malo, es normal.

Al poco de publicarse el dato de los desahucios, El País publicaba una herramienta para analizar en qué barrios de Madrid se podría uno permitir alquilar una casa en función del sueldo y el porcentaje del salario destinado al alquiler. La herramienta, hay que agradecérsela al Grupo Prisa, es crudamente reveladora. Coincidió su publicación con las pompas del Gobierno de coalición acerca de la subida del salario mínimo a 950€. Pues bien, con ese salario, ni dedicando el 70% de ese sueldo encuentras un piso para ti en la capital. Hay que irse hasta el 75% de nuestros ingresos para poder elegir entre 5 barrios de Madrid, que están ¡Bingo! en las zonas más pobres de la ciudad, Usera, Villaverde y Vallecas. Contando, eso sí, con sobrevivir gracias a los 237 euros restantes.

No es que la subida del SMI haya que desdeñarla, pero hay que ponerla en su contexto. Animamos al Grupo Prisa a facilitarnos esta herramienta para la agitación política en otras ciudades como Barcelona o San Sebastián, de las más caras para la vivienda en España, para así facilitar nuestra explicación de que con las miserias que nos ofrecen, no nos da para una vida digna.

Nuestras condiciones de vida no se han recuperado aún de los graves ataques acometidos por la patronal para remontar sus beneficios. Mientras algunos persiguen como El Dorado su ensoñación de volver al capitalismo anterior al estallido de la crisis de 2008 y creen poder conseguirlo sentados en el Consejo de Ministros, las leyes económicas imponen su rodillo y el alquiler medio está ya 10€ más caro por metro cuadrado que en el momento álgido de la burbuja pasada según nos informa el portal Fotocasa. Podríamos hablar también del coste de compra de una vivienda, pero como esta expectativa ha entrado casi en el mundo de lo fantástico con los sueldos que cobramos, la precariedad y la temporalidad, lo dejaremos para otro artículo.

Además de combatir estas condiciones laborales que nos condenan a la pobreza mediante la derogación de las dos últimas reformas laborales, ¿qué más podría hacer un Gobierno de coalición progresista para garantizar el acceso a la vivienda? Pues si de lo primero ya se han olvidado, de lo segundo tenemos el “compromiso” de limitar el precio de los alquileres. Recordemos lo que vale el “compromiso” de quienes han renunciado a todo por ser la muleta de un PSOE que siempre ha gobernado contra la mayoría trabajadora.
Anticipando posibles excusas técnico-jurídicas para al final no cumplir esta promesa, enseñamos nuestras cartas, hay mucha vivienda vacía en manos de fondos de inversión, bancos y promotores inmobiliarios, cuya gestión podría ser en nuestro beneficio, en lugar del suyo, para que ninguna familia obrera vuelva a ser expulsada de su casa y no tengan que engalanar la pobreza con términos anglosajones.

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