En estos días vemos constantemente en la prensa las noticias que se van sucediendo entorno a la crisis del coronavirus, todos seguimos con mucha atención cómo está afectando a nuestro país y su extensión por el resto de países europeos. En diferentes tertulias se comentan las medidas que está adoptando el gobierno, que si bien es evidente ante los ojos de todo el pueblo que resultan insuficientes para garantizar la salud de los trabajadores, algunos de sus voceros tratan de justificar y adornar afirmando que “el gobierno de España ha decidido salvar a las personas, al contrario que otros gobiernos como el británico que ha decidido salvar la economía”. ¿Pero realmente esta afirmación se sostiene con los hechos y medidas que el “gobierno de progreso” ha puesto en marcha desde el inicio de la crisis del coronavirus?

Al margen de retórica y declaraciones, la tesis que los ideólogos de la socialdemocracia pretenden hacer calar entre los trabajadores, afirmando que existe una gestión de la crisis que prioriza a las personas frente a la economía, no se sostiene a la luz de los hechos y lo único que pretende es someternos ideológicamente para que la clase obrera asuma de nuevo sobre sus espaldas tanto la crisis sanitaria actual como la crisis económica que la sucederá. Veamos los hechos.

El domingo 15 de marzo entraba en vigor el Real Decreto por el cual se declaraba el estado de alarma, tratando con ello de dar respuesta a la extensión del contagio por nuestro país. El confinamiento que nos aconsejaron como mejor medida para evitar la extensión del Covid-19, fue levantado el 16 de marzo. El lunes veíamos imágenes del Metro de Madrid y Barcelona atestados de trabajadores que acudían a sus centros de trabajo, teniendo que tomar la difícil elección de ser despedidos o poner en grave riesgo su salud y la de su familia. Estas imágenes se han seguido repitiendo durante toda esta semana, poniendo en evidencia que tanto el confinamiento como el resto de medidas que ha adoptado el gobierno de la socialdemocracia tienen como límite el mantenimiento de la producción para la acumulación de beneficios por parte de la patronal. Prueba de ello es que no se establecieron las condiciones de seguridad y protección para los trabajadores que debían adoptar las empresas, y como consecuencia cada día nos despertamos con nuevos contagios entre trabajadores que se ven obligados a acudir a trabajar sin las más mínimas garantías de seguridad para su salud.

Las medidas que sí ha adoptado y agilizado este “gobierno de progreso” son las relativas al ámbito económico y laboral. ¿A quién salvan estas medidas? Bajo la justificación del “mal menor” se han flexibilizado y facilitado al empresario los trámites para la ejecución de ERTEs, despidos colectivos (EREs), imposición de vacaciones forzosas para los trabajadores, modificación unilateral de las condiciones de trabajo por parte de los empresarios y debilitado la Inspección de Trabajo. Todas estas medidas se adoptan en base a las reformas laborales de 2010 y 2012 que este gobierno prometía primero derogar, después reformar sus aspectos más lesivos, para finalmente apoyarse sobre ellas para facilitar la destrucción de fuerzas productivas en el marco de una crisis capitalista, que entre declaraciones solemnes y el ruido que crean los voceros de la socialdemocracia y el oportunismo, pretenden hacer recaer de nuevo sobre las espaldas de la clase obrera y los sectores populares, para salvar una vez más los dividendos de los monopolios españoles.
Las consecuencias inmediatas de estas medidas ya se están haciendo sentir en el día a día de miles de trabajadores en nuestro país, que ven cómo sus ingresos se reducen considerablemente, pero también las sentiremos con dureza cuando pretendan hacernos pagar la socialización de las pérdidas de las empresas, decretada por los gestores del capital.

Si en el ámbito laboral y económico la retórica del gobierno socialdemócrata no se sostiene, cuando profundizamos en su gestión en el campo sanitario se desmorona por completo. Durante estos últimos días todos hemos podido ver a diferentes profesionales de la sanidad denunciar la falta de recursos con la que tienen que hacer frente a esta crisis, sin capacidad material para atender la oleada de personas afectadas por el Covid-19 y poniendo en grave riesgo su salud y la de sus familiares. ¿Qué ha hecho el gobierno frente al constante aumento de trabajadores sanitarios contagiados en el ejercicio de su trabajo? Por un lado, regalar buenas palabras y por otro esperar que «filántropos» como Amancio Ortega monten su campaña publicitaria sobre el drama que están enfrentando miles de trabajadores sanitarios y padeciendo cientos de enfermos a los que no se les puede atender con los medios necesarios.

De este “gobierno de progreso” no hemos oído nada de intervenir la sanidad privada, de tomar el control de las principales empresas del país para la producción de equipos de protección y los recursos técnicos que constantemente reclaman nuestros sanitarios, y lo que es más grave e indignante, sólo oímos su silencio ante los ofrecimientos de ayuda sanitaria de otros países decididamente comprometidos a prestar su apoyo y solidaridad para contener el avance del coranovirus en nuestro país y el resto del mundo. Mientras otros países, tanto en Europa como en América Latina, han aceptado y solicitado la ayuda que Cuba y China han ofrecido al mundo, trasladando médicos y medicamentos a los países que sufren más duramente la crisis sanitaria provocada por el Covid-19, el gobierno socialdemócrata que dice salvar a las personas, hace cálculos políticos en el campo de las relaciones internacionales con el objetivo de que las decisiones que se adopten no comprometan los intereses de los monopolios españoles en la competencia entre potencias imperialistas. ¿Y qué ordenan los intereses de los monopolios? No contribuir a desacreditar ante el pueblo trabajador esa alianza de mercaderes sin escrúpulos, creada para el pillaje y saqueo de los pueblos que es la Unión Europea.

Ese es el motivo por el cual nuestros centros sanitarios no son fortalecidos con la ayuda internacionalista que están ofreciendo a nuestro pueblo, de que el medicamento cubano Interferón 2B que fue utilizado en China para el tratamiento de pacientes con resultados positivos, sólo esté disponible en un hospital de Sevilla cuando Cuba declaró estar en condiciones de producir suficiente cantidad para proveer a otros países, o de que un solo médico tenga que hacerse cargo de decenas de enfermos en los centros de mayores.

De nuevo la realidad corrobora la tesis de Marx de que “el Estado no es más que el Consejo de Administración de los intereses colectivos de la burguesía”, y los hechos se deslizan entre la propaganda y el griterío de los ideólogos de la socialdemocracia para recordarnos que en el marco de la dictadura de la burguesía, siempre se salvarán los intereses y las necesidades de los monopolios. No existen dos gestiones capitalistas de la crisis creada por el coronavirus, existen distintos caminos para llegar a un mismo lugar, es decir, para que el Capital salga reforzado frente al Trabajo y cargar sobre las espaldas de la clase obrera y los sectores populares su recuperación.

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