El grupo de juego Codere ha presentado un ERTE, amparándose en el Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, que afecta a 1.071 trabajadores de España (el 69% de la plantilla); expediente que muy probablemente se ampliará al 85%, alcanzando una cifra final de 1.319 trabajadores.

En España Codere cuenta con 8.787 puntos de venta (el 76,6% del total que tiene repartidos en varios países de Europa y de América Latina), y cerró 2019 con unos ingresos de 1.389,4 millones de euros. Además, el nuestro es el país que cuenta con la tasa más alta de Europa de ludópatas entre 14 y 21 años y en el que el 13,6% de los menores de edad ha caído ya en las redes de las apuestas. Nuevamente, sus beneficios son nuestras pérdidas.

Este ERTE se suma a los miles que la patronal ha presentado en España como “respuesta generosa de los empresarios”, según palabras de Pedro Sánchez, en medio de la crisis del COVID-19. En este escenario de ataque despiadado de la patronal, al ministro del PCE, Alberto Garzón, ni se le ve, ni se le espera. Quien en otro tiempo hablara de “acabar” con las casas de apuesta, hoy se conforma con establecer algunas restricciones horarias a la publicidad de las mismas (exceptuado los partidos de fútbol de máxima audiencia), entre otras medidas que no confrontan con el poder de las empresas del sector. Con el Gobierno de progreso, la clase obrera pierde y gana la casa.

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