Hace 122 Cuba le dijo a España que se acaba eso de ser la hermana pequeña. Era ya mayor de edad y por lo tanto tomaría sus propias decisiones dejando de ser colonia. Hace 61 años le dijo a Estados Unidos que dejaba de ser su patio trasero y que allí Dignidad se escribe con D mayúscula.

Cuba, una islita en medio del Atlántico. Con 11 millones de habitantes lleva 60 años, toda una vida, mandando médicos donde se necesitan. Cuando en 2014 el ébola brotó virulentamente en África, Estados Unidos mandó marines como para matar virus a cañonazos, Cuba mandó doctores.

Una parte de esos doctores ha vuelto a coger hoy aviones. Con las armas de la ciencia y la solidaridad combaten el SARS-COV-2. Lo hacen en aquellos países condescientemente conocidos como el tercer mundo. Suriname, Granada, Venezuela y Nicaragua y hasta en 27 países más. Allí ejercen lo que la poetisa, precisamente nicaragüense, Gioconda Belli denominó como «la ternura de los pueblos». La solidaridad.

La solidaridad es un concepto que conviene recordar. Se ejerce en horizontal, entre planos iguales. Engrandece a quien la practica sin empequeñecer a quién la recibe. Cuba es grande cuando envía sanitarios y hace aún más grande a los países que los reciben. Doctores y enfermeros cubanos reparten salud y también dignidad.

Cuando Cuba reparte doctores en América Latina, en África, desde la óptica «occidental» nadie se extraña. Se presupone que es lo suyo. «Que se arreglen entre ellos». Frente a la solidaridad está la caridad. Que se ejerce entre planos distintos. A lo que nuestro país y los de nuestro entorno están acostumbrados. Dar unas migajas al resto y entender a quiénes reciben la a ayuda como inferiores.

Ahora Cuba ha dicho que se acabó el contagio. Como la canción, llegó el comandante y mandó a parar. Manda los mejores virólogos, los mejores doctores de la isla. Quienes tienen experiencia cuidando a otros seres humanos por medio mundo. No los manda solo a otros países «pobres». Los manda a la cuna de la civilización occidental. A Europa. 53 a Italia. Sin notificación oficial, se rumorea que no tardarán en venir también a España.

Hay quien lo ve como algo negativo, precisamente desde una visión clasista. Los «pobres» dando sobras a los «ricos». Todo lo contrario. Es Cuba repartiendo Dignidad. Trayendo la salud a dónde se necesita. Es la ternura de un pueblo que contagia más que el virus.

Debemos recordar, que ya hablamos de lo que hace la medicina cubana frente al COVID-19. Lo que nos debemos preguntar es: ¿cómo es posible que una isla con un bloqueo criminal tenga uno de los mejores, si no el mejor, sistema de salud del mundo?


Esto sería objeto de otro artículo para tratarlo al detalle, pero podemos dar aquí una pincelada. El artífice del sistema de salud no era solo un médico. Era uno de los más grandes revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX. Aún hoy niños y niñas por toda Cuba dicen: “Seremos como el Ché”. El lema de la organización de pioneros José Martí. Precisamente el Ché, revolucionario y médico, recorrió América y África, armado de la pistola y el fonendo. Pero ante todo, de la ternura.



Mi aplauso del balcón, hoy a las 20:00, también va por Cuba.

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