Eduardo Zubiaurre, presidente de la patronal vasca. EFE

La nueva crisis que se estaba gestando y que ha sido impulsada brutalmente por la aparición del coronavirus, ha provocado que la lucha de clases se agudice hasta tal punto que la patronal ha salido a defender sus beneficios sin disimulo, caiga quien caiga. Este es el caso de una parte de la patronal en Euskadi, Confebask, que ante las últimas medidas sobre el cierre de un sector de la industria ha respondido con exigencias y salidas de tono, apoyada por el Partido Nacionalista Vasco.

No hubo palabras disonantes por parte de la patronal cuando se le permitió aplicar medidas que han provocado miles de ERTEs en todo el país. Los despidos y EREs, con el beneplácito de una ministra que hablaba de “prohibición” mientras tan solo encarecía el precio del despido, tampoco han sido objeto de controversia. Al igual que el resto de la patronal, Confebask se ha acogido a todas y cada una de las medidas que “ex profeso” les ha facilitado el Gobierno central, con más de 22000 ERTEs y 150000 trabajadores afectados en Euskadi.

Mientras la clase obrera aguantaba sobre sus espaldas, una vez más, el peso de las medidas para superar esta crisis, la patronal pedía más medidas de “apoyo” que le permitiesen trasladar a las rentas del trabajo las pérdidas ocasionadas en esta crisis, con un obsceno sonsonete que hablaba de superar esta crisis “entre todos”.

En esta situación, a partir del 30 de marzo se decretó el cierre de todas las actividades no esenciales para frenar la propagación del virus (medida anteriormente exigida por las autoridades sanitarias), lo que desencadenó una tormenta política sin precedentes en Euskadi, a pesar de que el cierre de la actividad laboral se haya dado mediante un “permiso retribuido recuperable”, un nuevo ataque contra los intereses y derechos de la mayoría trabajadora de nuestro país.

Confebask, en coordinación con el Partido Nacionalista Vasco, inició una campaña para detener ese decreto. A la rotunda negativa inicial, le siguió una lucha por la definición más amplia posible y beneficiosa para sus intereses de lo que es esencial, intentando que lo “esencial” se convirtiese en lo “funcional” para seguir manteniendo los beneficios, y ha finalizando con un apoyo explicito desde el Gobierno Vasco a que multitud de empresas se mantengan abiertas en situación irregular o directamente contraviniendo el decreto. Esta situación se ha prolongado hasta que el Partido nacionalista Vasco ha conseguido que se apliquen (de manera altamente irregular) excepciones al decreto, confirmando que el Estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa.

Paralelamente, se han abierto, como en todo el país, lineas de crédito y soporte para las empresas y se les ha dado voz en los medios de comunicación autonómicos (no como a los sindicatos) para apuntalar la necesidad de esas medidas.

La respuesta agresiva por parte de Confebask y de los principales portavoces del Gobierno Vasco pone de manifiesto la necesidad de no dejarse llevar por esas voces que pretenden incluirnos en esa lucha “entre todos”, en la que la clase obrera será la pagafantas de esta crisis. Incluirnos en la frase “unidos somos más fuertes” con quien no tiene pudor en mentir y amenazar para mantener sus beneficios mandando a sus a obreros a trabajar en plena crisis del Covid-19, equivale a hablar de un gallinero feliz incluyendo al zorro.

La enseñanza que la clase obrera debe extraer de estas circunstancias, aunque sea una perogrullada, es que hemos de juzgar la actuación de los actores políticos por los hechos, y no por las palabras. Si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato, como dice el refrán. Todo lo que sea creer otra cosa nos llevará a quedar mirándonos el dedo mientras señalamos el bosque.

La lucha ahora pasa por resistir ante estas medidas y organizarse para luchar eficazmente contra los capitalistas y las fuerzas políticas que los representan. Sólo el pueblo salva al pueblo. No vamos a pagar esta crisis ni con nuestra salud ni con nuestros derechos.

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