El 19 de septiembre de 2005 es una fecha que parece irrelevante. En Turín o Andorra también la desconocen y tampoco saben que ha sido determinante para la atención médica de muchos de sus habitantes.

Ese verano estuvo marcado por imágenes de cadáveres flotando en el agua. Todos vimos en directo cómo el mar podía tragarse una ciudad, Nueva Orleans. Miles de personas mayoritariamente negras caminando con el agua por la cintura o nadando entre casas y electrodomésticos emergidos. Miseria en prime time a todo trapo. Lo que no nos mostraron es que un par de semanas después de ese desastre humanitario, en una pequeña isla que comparte el Golfo de México con Nueva Orleans, Cuba, decidieron seguir alzando la bandera de la solidaridad con un pueblo al que se empeñan en convertir en su enemigo. En La Habana, en un edificio deportivo añejo y vetusto donde se celebran competiciones deportivas variopintas donde lo mismo se lanza un “crochet” en un combate que se enroca en una partida que acaba en tablas, rodeado de palmeras, humedad y calor, Fidel Castro anunciaba la creación del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias “Henry Reeve”. El objetivo era ayudar a la población norteamericana que sufrió el Katrina, aunque el gobierno de los EEUU rechazó el ofrecimiento.

Desde su creación, el Contingente “Henry Reeve˝ ha estado presente con más de 7.950 profesionales en 22 países donde se ha enfrentado a 16 inundaciones, 8 terremotos, 8 huracanes y 4 epidemias.

La pandemia de la COVID-19 ha situado a los sanitarios cubanos como ejemplo de lo que es capaz de ofrecer un país socialista. Pero su altruismo viene de serie, desde el parto mismo de la Revolución Cubana. Un año y medio después de ese mágico día de Año Nuevo, en mayo de 1960, Chile sufrió un terrible terremoto y con todas sus dificultades, Cuba envió a los primeros sanitarios y material médico. Desde entonces, décadas de solidaridad en Argelia, Perú, México, Nicaragua, Armenia, El Salvador, Sri Lanka, Liberia, Venezuela, ahora Italia, Andorra… A los contingentes especializados en epidemias y catástrofes hay que sumar éstas brigadas médicas. Desde los años 60 más de 400.000 profesionales han estado presentes en más de 163 países. El número de países “víctimas” de la solidaridad de los médicos cubanos supera al número de intervenciones militares de los EEUU en todo el mundo, el lector entenderá que es una cifra difícil de superar.

Los sanitarios caribeños nos han dejado imágenes de grandeza. La grandeza de una pequeña isla que es capaz de ayudar en las regiones más castigadas de Europa Occidental que siempre la ha tildado de dictadura bananera. El Piamonte es una de esas zonas donde la burguesía ha sido siempre muy poderosa, orgullosa, altiva y especialmente anticomunista. Con sus emblemas y blasones de un capitalismo decimonónico que siempre ha impuesto su victoria. El “Grazie Cuba” proyectado en la Mole Antonelliana iluminando el cielo industrial de Turín es una de esas imágenes imborrables, un foto convertida en arma. Un pequeño triunfo, simbólico, que se da en el corazón de la vieja Europa y en la peor pandemia en casi 100 años.

Hoy es famosa esta tarea médica donde una bandera, batas y la entrega solidaria son las armas. Su objetivo no es otro que el de salvar vidas donde haga falta. Desde el inicio de la pandemia son más de 13 los contingentes Henry Reeve enviados para ayudar en la lucha contra el virus.

Conscientes de la carga simbólica de todo esto, la maquinaria propagandística no ha tardado en hilar un discurso hablando del negocio cubano con la solidaridad médica. ¿Pruebas? Las mismas que se mostraron cuando se acusaba a Fidel Castro de amasar millones, ninguna. El tiempo y los hechos borraron esas mentiras hasta hacerlas desaparecer.

Ese 19 de septiembre el discurso eléctrico y cercano lo impregnó todo, incluso Turín. Fidel lo dejó claro: “Ni una sola vez, a lo largo de su abnegada historia revolucionaria, nuestro pueblo dejó de ofrecer su ayuda médica solidaria en caso de catástrofes a otros pueblos que la requirieran”.

El triunfo de Cuba es enseñarnos a salvar vidas.

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