John Reed.

El pasado 17 de octubre se cumplía el centenario de la muerte de John Reed, quien fuera el periodista de las revoluciones.

El cronista nacido en Oregón en 1887 pertenecía a una familia de industriales estadounidenses. Estudió en la Universidad de Harvard, graduándose en 1910. En 1913, como corresponsal de guerra del Metropolitan Magazine, fue enviado a México donde pasaría más de cinco meses registrando la revolución comandada por Pancho Villa. De sus incursiones por el norte de aquel país nació su primer libro: ‘México insurgente’.

Cuenta en este libro Reed que una tarde logró sacar de quicio a Pancho Villa por sus constantes preguntas sobre los motivos que le llevaban a no querer ser presidente de México. Hasta tal punto llegó la cosa que tal como relata en su libro ‘el chatito’ – apodo que le diera el propio Villa -, siempre que iba a verlo después de aquello le bromeaba con que si no le iba a volver a preguntar de nuevo sobre lo de ser presidente de México.
Siendo ya un periodista de éxito, Reed vuelve a Estados Unidos en 1914 donde seguirá publicando reportajes de luchas obreras. John relató en sus crónicas la matanza de los mineros huelguistas del carbón en Colorado, donde denuncia a la familia Rockefeller; las huelgas textiles en New Jersey, donde será arrestado; y las huelgas de los trabajadores de la Standard Oil.

En 1915, durante la Primera Guerra Mundial, viajó a Europa junto a su compañero Robinson, recorriendo Salónica, Constantinopla, Serbia, Rumanía y Rusia. Resultado de ello fue otro libro: ‘La Guerra en Europa Oriental’. Conversaciones en los cafés, encuentros en los bazares y mercados, ciudades en ruinas y trincheras pasan a la libreta del corresponsal estadounidense, que nos dejará un hermoso reportaje sobre la respuesta instintiva de resistencia y supervivencia de los pueblos.

Reed volverá a Estados Unidos para ofrecer en su país una serie de conferencias de tono antibélico. Sin embargo pronto volverá al país de los zares y los soviets convencido de que la historia iba a desarrollarse allí tal como escribiría en su crónica de viaje: «todos sabían que algo iba a suceder, sin poder decir exactamente qué».

Allí conoció a Lenin, y estaría presente en San Petersburgo durante las jornadas de octubre-noviembre de 1917 en las que tuvo lugar el histórico II Congreso de los Soviets de Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia.

«La revuelta subía como una ola de fondo; la costra que se había ido formando lentamente sobre la lava revolucionaria en el curso de los meses anteriores empezaba a resquebrajarse (…) Rusia había sido sacudida hasta la entraña y las capas bajas habían salido a la superficie», así coloreaba Reed el clima que se vivía en Rusia en vísperas de la Revolución.

John Reed hizo un seguimiento diario del proceso revolucionario, asistiendo a las multitudinarias asambleas y a las reuniones de todas las facciones enfrentadas, entrevistando a los principales dirigentes de la Revolución de Octubre. Este relato de primera mano, con los detalles y el día a día de la gesta bolchevique, quedó plasmado en su obra más famosa: ‘Diez días que estremecieron el mundo’, publicada en 1919.

Lenin diría :“Después de leer con vivísimo interés y profunda atención el libro de John Reed, recomiendo esta obra con toda el alma a los obreros de todo el mundo”. Mientras, la pedagoga soviética Nadia Krúpskaya escribiría para el prefacio de la primera edición rusa: “John Reed está inseparablemente unido a la Revolución Rusa, amaba la Rusia soviética y se sentía cerca de ella”.

Lo irrefutable de toda la obra de John Reed es que su posición política ni fue neutral ni fue un impedimento para su profesionalidad. Reed fundó y militó en partidos obreros, su vida fue dedicada a la lucha, y a la vez siempre hizo un periodismo con la verdad como bandera. Hoy, en la época de las fake news, muchos periodistas que claman por la libertad de expresión, en realidad, no son más que transcriptores de las opiniones e intereses del dueño de la imprenta, del señor de la empresa. El código deontológico que tanto defendiera Reed sin nombrarlo, hoy no es más que papel cebolla.

El propio John Reed finalizaba su prefacio de ‘Diez días que estremecieron al mundo’ afirmando que: ‘durante la lucha, mis simpatías no eran neutrales. Pero al trazar la historia de estas grandes jornadas, he procurado estudiar los acontecimientos como un cronista concienzudo, que se esfuerza por reflejar la verdad’.

En su breve e intensa vida, Reed fue partícipe del surgimiento de un mundo nuevo por el que tantos soñaron, lucharon y murieron. Un sueño del cual quería ser parte, un sueño del cual hoy seguimos siendo parte.

John Reed falleció en Rusia enfermo de tifus a los 33 años cuando estaba en plena continuación de su primer trabajo, que se hubiera titulado ‘De Kornilov a Brest-Litovsk’, en el cual profundizaría sobre el bolchevismo. Hubo funerales oficiales en su honor y fue enterrado en la Plaza Roja, en la necrópolis al pie del muro del Kremlin, lugar reservado a los héroes de la Revolución de Octubre, donde hoy se le siguen rindiendo honores.

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