Suecia y Finlandia: una historia de cómo perder el norte

2022. Los gobiernos de Suecia y Finlandia han decidido que ya es hora de dejar de marear la perdiz con un tema que llevan posponiendo décadas. Por fin han decidido que tocaba dejarse de falsas neutralidades que nunca existieron y han rellenado los papeles para pedir entrar al club de terroristas natos que es la OTAN.

Lo han hecho formalmente ahora, en 2022, cuando el estallido de la guerra imperialista en Ucrania  —y sí, es objetivamente imperialista aunque ciertos partidos ahora referenciados se empeñen en negar la mayor— está salpicando de lleno a su poderoso vecino ruso. Pero no nos debemos confundir: la asociación de ambos países nórdicos con la OTAN viene de muy lejos. Finlandia y Suecia son estados miembro del programa de la OTAN “Asociación para la Paz” desde que firmaron su adhesión el 9 de mayo —la fecha no es casual— de 1994 y, de hecho, ambos países han participado y participan aún hoy en distintas misiones imperialistas de la OTAN en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Libia. La cooperación se ha ido estrechando continuamente desde el fin de la guerra fría, y lo único que había impedido a los distintos gobiernos plantear su entrada formal en la asociación era la oposición de la mayoría de la población de sus respectivos países.

Ésta es una de las principales claves que han cambiado en los últimos tiempos. Hace una década —en 2012— varias encuestas señalaban que solo un 17% de los suecos y un 26% de los finlandeses apoyaban la entrada en la OTAN.  Aquellas encuestas fueron las primeras desde 1998 que mostraron un aumento de apoyo de las posiciones otanistas. Después de la unión de Crimea a la Federación Rusa, en Finlandia el porcentaje a favor de la OTAN bajó a un 22%, aumentando sin embargo el porcentaje de indecisos. En 2015, el apoyo a la OTAN en Suecia ya era de un 31%, que en 2017 ya pasaría a ser de un 48%. A principios de 2022, en ambos países ya había más de la mitad de la población a favor de la entrada. En este mes de mayo, las encuestas daban un 58% de suecos a favor de la entrada en la OTAN, mientras que el porcentaje de finlandeses a favor se situaba en un 76%.

Este cambio de opinión no es casual, como tampoco lo es que las encuestas muestren la mayor animadversión hacia los inmigrantes rusos en ambos países en décadas. Si los medios de comunicación en Europa llevan décadas alimentando la propaganda contra Rusia, los países nórdicos en particular la han llevado a un grado superior, apoyándose además en informes “filtrados” de defensa, en particular uno sobre la posibilidad de que Rusia conseguiría conquistar toda Finlandia en una semana. Estos informes, además, sirvieron para justificar la necesidad del aumento del gasto militar de ambos países desde 2015. Suecia y Finlandia, además, han creado este año partidas extraordinarias de, respectivamente, 300 y 2.000 millones de euros en sus presupuestos de defensa para alcanzar un gasto de hasta el 2% del PIB en este apartado, vistos con buenos ojos por la mayoría de la población de ambos países.

La entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN, que culminará con la propuesta formal que se debatirá —y aprobará— en la próxima cumbre de la OTAN en Madrid, lleva preparándose durante muchas décadas. Durante mucho tiempo, los capitalistas de ambos países han ido aprovechando los distintos acontecimientos para crear el aura del gran enemigo que amenazaba a sus países y a la vez hablar de las bondades de la alianza militar del Atlántico Norte, siempre dispuestos a ayudarles y dejarles la puerta de su organización abierta. La polarización de los últimos años, y en especial la guerra de Ucrania, ha servido como pretexto para cumplir con los deseos de participar —aún más y mejor— en el saqueo de los pueblos que realizan los imperialistas de un bloque.

Pero la pregunta que nos tenemos que hacer como clase es otra: ¿en qué nos beneficia a nosotros pertenecer a organismos como la OTAN? En absolutamente nada. La clase obrera y el pueblo de Finlandia y Suecia ya han sido amenazados por otra potencia imperialista como Rusia. Los hijos e hijas de la clase obrera de ambos países están más expuestos que nunca a convertirse en la carne de cañón de futuras guerras donde no ganarán nada. Y además se verán obligados a perseguir a los enemigos de otros capitalistas, como ya anunció el gobierno turco. No tienen nada que ganar y, en cambio, mucho que perder. La OTAN se apoderará del norte, pero los comunistas tenemos claro qué rumbo debemos tomar. Y tenemos claro que ese rumbo es salir de su club de terroristas y ayudar a nuestros hermanos de clase en otros países a hacer lo mismo.

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