Coaliciones a la portuguesa para quien las quiera

Me cuentan que Pablo Iglesias dijo hace unos días que la forma de parar el crecimiento de la extrema derecha en nuestro país es formar “coaliciones a la portuguesa” en toda España. La verdad es que ya cansa un poquito tanta referencia al actual Gobierno portugués. Ni que estuvieran haciendo una revolución mientras gestionan las consecuencias de la crisis capitalista, oiga.

Por aclarar, de lo que habla PI es del gobierno del Partido Socialista con el apoyo parlamentario del Bloco de Esquerda y del Partido Comunista Portugués. Dicho más moderno, el gobierno del Partido Socialista con el apoyo “de las fuerzas políticas parlamentarias a su izquierda”. Esas fuerzas políticas en Portugal son dos, pero en España es una nada más: el PCE no cuenta como candidato a muleta del PSOE porque ya ha asumido ser el perrito faldero de PODEMOS.

Lo que PI viene a sostener, igual que Teresa Rodríguez en Andalucía, es que si hay que gobernar con el PSOE para que no entren el PP y/o los que Pablo Casado llama “nueva derecha”, se gobierna y punto. Que aquello del pan y del chorizo, de montarle sentadas multitudinarias al Gobierno de Zapatero, de “PSOE y PP la misma mierda es” ya no se lleva, porque ahora se lleva ser serios y responsables a los ojos de esos que dirigen periódicos y cadenas de TV y que dan y quitan carnés de respetabilidad política.

Es llamativo ver que PI, al final, ha terminado por encarnar las tesis de Íñigo Errejón y de Gaspar Llamazares, a pesar de que al principio de su aventura parlamentaria quería vender otra moto bastante distinta. Entonces, PI nos decía que el PSOE era parte del problema; ahora, el PSOE es parte de la solución. ¡Olé tú! ¡OLÉ, TÚ!

Eso es, dicho suave, transformismo político del cutre. Dicho suave.

Pero tampoco sorprende. Los nuevos socialdemócratas acaban por demostrar lo que son, con quienes quieren entenderse y para beneficio de quién. Lo vimos con Tsipras en Grecia, entrando por la puerta grande al panteón de los vendehumos tras aquel referéndum de chichinabo, que sirvió para que muchos “nuevos políticos” españoles hicieran el ridículo más absoluto. Y aquí lo vemos con PI, que apela a un supuesto antifascismo para tratar de justificar una alianza socialdemócrata de manual, que a la mayoría trabajadora no le solucionará ninguno de sus problemas.

Porque está claro, todo el mundo sabe que contra los grupos de extrema derecha la mejor defensa siempre ha sido recurrir a la Policía Nacional y a la Guardia Civil.

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