Manifestación por un convenio digno del metal en Cantabria.

Los trabajadores del metal llevaban muchos meses a las espaldas con un tira y afloja con la patronal, desde que acabó, en diciembre de 2016, la vigencia del convenio colectivo del sector. Mientras la patronal presumía de ganancias, rehusaba hablar de subidas salariales acordes a los beneficios empresariales. No había sido igual en la época más dura de la crisis económica, cuando se habían llegado a acuerdos de congelaciones salariales e incrementos de jornadas.

La patronal quería ganar en plena crisis capitalista y quiere seguir ganando al salir de ella, a costa de los 20.000 trabajadores del metal en Cantabria. La falacia de la patronal y sus gobiernos a lo largo de los años de crisis, según la cual los recortes servían para salvar empleo y derechos laborales ha tocado fin. Y la clase obrera lo sabe.

Por esa razón, esta vez no se iba a dar un paso atrás. Hartos de retroceder, los trabajadores decidieron seguir firmes en sus reivindicaciones y continuar con las movilizaciones, llegando a reunir a miles de trabajadores en una gran manifestación, previa a tres jornadas de huelga. En ese momento, la patronal vio el miedo y no tuvo más remedio que ceder antes la fortaleza y unidad de los trabajadores.

Los trabajadores del metal nos muestran, con su ejemplo, una gran enseñanza: la lucha sindical y obrera es el único camino para la recuperación de nuestros derechos. Hoy, confiar en que un simple cambio de gobierno puede suponer mejoras sustanciales para la clase obrera, sería caer de nuevo en el engaño. ¿Quién puede confiar hoy en los mismos que aplicaron las contrarreformas laborales?

Uno de esos trabajadores del metal es César Conde, secretario de acción sindical de CCOO en Cantabria, a quien entrevistamos para Nuevo Rumbo, con el objetivo de que nos describa la situación del sector del metal y cuáles son, a su juicio, las claves de la victoria.

¿Cuáles fueron las causas que os llevaron a iniciar la lucha?

La lucha es nuestra forma de vida, no la hemos dejado nunca, pero en este conflicto empieza cuando vemos que la patronal no se atiende a nuestras demandas en la proporción que nosotros queríamos y nos da una respuesta que nos empeora mucho las condiciones y, por otro lado, porque hemos visto una falta de respeto por parte de la patronal muy grande al firmar un preacuerdo con nosotros, echarse atrás, y no solo eso, sino salir a los medios diciendo que estábamos locos, algo que nos pareció totalmente surrealista. No digno de una posición de una patronal, de la que, al menos, se espera seriedad y no actuar como trileros, del “ahora te lo doy, ahora te lo quito”. Este hecho supuso una ruptura total, que nos empujó a la huelga, una grave afrenta que no dejaron otra opción más que convocar la huelga y la gente lo entendió muy bien.


¿Qué objetivos os planteabais al inicio del conflicto?

Nuestros objetivos principales eran, en primer lugar, la difusión, es decir, que todo el mundo supiera lo que estaba ocurriendo, razón por la cual hicimos una campaña importante en medios de comunicación y principalmente mediante las numerosas asambleas que se han celebrado. Cuanta más gente lo sepa, más gente va a conocer el problema y más gente se va a implicar. En segundo lugar, era fundamental que la manifestación saliera bien, ya que era la vara de medir que iban a tener los empresarios para ceder o no ceder.


Nos hablabas ahora de la manifestación, la cual reunión a más de 5.000 personas en Santander y fue un factor clave para logar la victoria, ¿Qué otros factores han influido?

Por un lado, la solidaridad de la gente; por ejemplo, cuando quitaron la cláusula de subrogación, les afectara o no, todos los trabajadores votaron “no”. Por otro lado, el hecho de que, al día siguiente de la manifestación, que fue un domingo y constituyó un auténtico éxito, en todas las empresas había un ambiente de huelga exagerado, había cambiado totalmente el estado de ánimo desde el viernes. Los trabajadores vieron la repercusión que tuvo, tomaron conciencia de que éramos muchos y no estábamos solos. La sensación de unidad que se generó a raíz de esa manifestación fue enorme. Al mismo tiempo, muchas empresas llamaron a la patronal ante el temor a la huelga.

Hablabas antes de las asambleas, supongo que también haya sido un factor clave.

Sin duda. Había que llegar a los 20.000 trabajadores del sector, los cuales están en empresas muy diferentes, lo mismo las tienes de 6 trabajadores, de 25, de 50 o de 300 trabajadores. En un primer momento la asistencia no fue espectacular pero poco a poco fuimos a más y la recepción de la gente ha sido muy buena. En las asambleas insistimos mucho que la batalla era ahora pero como perdiéramos, la tendencia iba a ser negativa de cara al futuro. El momento era ahora, saliendo de una crisis muy dura, tras años en que los trabajadores han hecho lo posible para que sus empresas no cerraran, bajándose voluntariamente el salario o entrar en expedientes de regulación de empleo.


Y para terminar, ¿qué recomendarías a los trabajadores de otros sectores que puedan verse en una situación similar a la vuestra?

El metal ha sido siempre el ejemplo, al ser un sector con una tradición organizativa muy importante desde sus orígenes siempre ha ejercido de punta de lanza del movimiento sindical —de hecho, las Comisiones Obreras nacen en una mina—. Los demás convenios nos ven como un espejo y este conflicto puede servirles de ejemplo para lo que pueden hacer en otros sectores. También se lanza un mensaje de que ha cambiado ya la tendencia, de que se ha salido de la crisis.

Yo también les diría a compañeros de otros sectores que lo más importante de todo es que tengan unidad. Nuestra consigna siempre ha sido “unidos, venceremos” y la de la patronal “divide y vencerás”, por tanto, lo primero que tenemos que hacer es estar unidos, aunque haya mil diferencias, pero si nos une la lucha, no puede haber fisuras; esto es el trabajo, es el mundo laboral y puede haber obreros con unas ideas y obreros con otras, pero les afectan exactamente los mismos problemas laborales y al final, lo que estamos viendo es que, si no hay unión y no hay fuerza, no podemos conseguir nada. Yo mismo, en conflictos más pequeños, he visto cómo se ha ido todo al garete por no haber esa unidad. Al final, tenemos que priorizar lo que es un bien común, unirnos e ir a por esa conquista que es de todos.

 

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