No era fácil. No era fácil mientras el sistema tuvo suficientes cristalitos de colores que repartirnos a cambio de nuestro oro, ver cómo se las gastaba el sistema basado en la explotación y la propiedad privada de los medios de producción.

El himno internacional de la juventud comunista hablaba del “burgués insaciable y cruel” pero a muchos pudo parecerles exageración, consignazo o retórica cuando el fantasma del hambre, la miseria y la muerte (que ya entonces asolaba al mundo) no rondaba tan cerca de nuestras casas. Noticias diarias sobrecogedoras hasta para quienes ya lo sabían, sobrecogedoras noticias sobre despidos en masa, especulación con mascarillas y alimentos, enriquecimiento de pocos a costa de la desgracia de casi todos.

No era fácil. Mientras pudimos pasear por las calles, confiar en que si enfermábamos había suficientes médicos y medicamentos para curarnos, mirar escaparates, no era fácil ver que en el capitalismo “no somos nada”, que sus riquezas valen más que nuestras vidas.

Hablemos de los niños y las niñas, de nuestros hijos, menos mencionados que las mascotas en las directivas de crisis de los estados capitalistas.

Ese sistema de fabricación de esclavos para la producción que es el sistema escolar capitalista obliga a los maestros y maestras confinadas a, en nombre de la modernidad y de las nuevas TIC, haciendo uso de precarios medios propios, escasa formación y nulas instrucciones y directrices, mientras se ocupan de conseguir comida y cuidar a sus propias familias, hijos y abuelos, bombardear telemáticamente al alumnado a través de la app del cole y realizar un seguimiento a la altura.

Dejando de lado que esto viene para quedarse, y que finalizada la pandemia significará un agravamiento de las condiciones precarizadas que nuestra enseñanza vivía ya antes del mes de marzo. Dejando de lado la castración pedagógica que supone la sustitución de las clases presenciales por las aulas online. Están todos los niños y las niñas en las mismas condiciones para beneficiarse de esa caricatura grotesca de la verdadera pedagogía? ¿Tienen todos y todas los mismos medios? ¿Están sus padres y madres, despedidos, o teletrabajando, o trabajando en condiciones de alto riesgo en los centros de trabajo quienes aún los conservan, en condiciones de ayudar , supervisar y acompañar esa labor? ¿Están los niños y las niñas en las condiciones subjetivas que hacen posible el aprendizaje? ¿Qué han comido hoy? ¿Respiran suficiente aire todos los días? ¿Pueden ver la luz del sol? ¿Tienen todos ordenador y wifi en sus casas? ¿Tienen casas?

Hay que evaluar a los gestores de todo este disparate sociopático que se llama capitalismo.

Y el mensaje es de esperanza. Podemos organizarnos para acabar con la dictadura del burgués insaciable y cruel. Otros lo hicieron antes. Hoy envían médicos y material sanitario a los países cuyos gobiernos los persiguen y bloquean.

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