“No puedo parar de llorar”, esa es la situación de una de las miles de trabajadores y trabajadoras de Ferrovial que se ven en la calle. Renfe ha suspendido el servicio de cefetería en los AVE y Larga Distancia, por tanto, cientos de trabajadores que se quedan en casa de manera definitiva. Estaban afectados por un ERTE desde el inicio de la crisis, más de un mes. Son 2000 familias que han salido a aplaudir, que han aguantado entre cuatro paredes las restricciones y que han levantado esa empresa durante muchos años. Ahora, sin ningún tipo de rubor y con la economía como excusa, sufren la otra pandemia, la que sufres tú y los tuyos, el paro y el desprecio.

Han sido la cara de RENFE durante muchos años. Las que servían el café, ayudaban a dependientes, iban de un lado al otro del vagón haciendo que todo fuese posible. Las que con paciencia y buenas formas aguantaban todo, si un pasajero era engreído y arrogante, si iba bebido o si directamente le apetecía hablar. Han hecho posible que viajar no fuese simplemente subir al tren, sino viajar en tren, algo agradable. Que tu disfrutases del paisaje, de un libro o un café, que estuvieras cómodo era algo que no estaba en las tareas prioritarias de los ejecutivos, sino de los que corrían de un lado a otro de vagón en vagón. Una tarea que parece invisible pero que es la que hace que todo funcione, que todo sea posible, algo esencial. Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla, Gijón, Alicante… Un día tras otro, a través de caminos de hierro de punta a punta del país, a golpe de zapato y tacón, con buena cara para que el AVE funcionase.

Renfe decide pagar su entrega como lo hacen las grandes empresas en los momentos difíciles, bajándolos del tren y enseñándoles la puerta de salida con un simple “gracias por sus servicios”.

Las lágrimas es lo que les queda, son la rabia después de 12 años sacrificando todo por Ferrovial y Renfe. Si coges un turno o el otro, si vives aquí o allá, cuándo tienes hijos y cómo, reducción de jornada o no, madrugones, festivos, navidades, veranos, calor, frío, nieve, Danas… Una lucha hora a hora, kilómetro a kilómetro, huelga a huelga, para poder construir un sueño sencillo compartido por toda familia trabajadora, un futuro con dignidad. Nada del otro mundo, simplemente tener empleo y derechos. Vivir.

Renfe, como miles de empresas millonarias, han creado toda una maraña de contratas y subcontratas para hacer posible su sueño y hacer imposible el tuyo. «No es un despido», dicen, simplemente la finalización del contrato de las cafeterías, “no depende de nosotros sino de Ferrovial”. La realidad es que en el anden quedan 2.000 familias y estas ya tienen claro que si se recupera el servicio de aquí a 6 meses, lo harán en peores condiciones. El peaje será muy duro.

Nos han dicho que estaba prohibido despedir, aquí tenemos la realidad a golpe de cifra y de historia real. La clase de los empresarios lleva dándose un atracón de derechos durante más de un mes con el Covid-19 como plato principal del menú y todos nosotros de camareros. En pocas semanas están engullendo todos nuestros derechos y, de momento, nadie pone freno. Al contrario, todo son sonrisas y ofrecer más platos, café, puro, postre. Un no parar.

Howard Zinn dijo que nadie es neutral en un tren en marcha. Es imposible encontrar mejor descripción para este drama. En el tren de la clase obrera no hay neutralidad que valga, no vale salir a aplaudir y luego mirar a otro lado o simplemente agachar la cabeza cuando despiden a los tuyos. Esas 2000 familias tienen que saber que no estan solas y los otros deben saber que lo pagarán.

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