Yolanda Díaz. Imagen: EFE.

Desde que comenzó el Estado de Alarma y sus decretos, no han parado de sucederse despidos, ERTEs, situaciones de vacaciones forzosas, falta de EPIs y de protocolos en las empresas, etc. Está claro que a casi todos y a todas nos ha pillado por sorpresa el surgimiento de una pandemia, nos es ahí donde voy, no seré yo quien intente iluminar al mundo con tesis epidemiológicas de barra de bar, sin tener la formación ni la información adecuada. Aunque el derecho a la opinión y al sentido crítico, al estudio y la valoración de la información lo defenderé con todos los medios a mi alcance. La tecnocracia y el elitismo podrán ser pilares de una sociedad de clases, pero es precisamente esa sociedad la que luchamos por destruir. Miren si voy de frente.

Pero de lo que sí voy a hablar es del mundo del trabajo y cómo el sistema sociopolítico en que vivimos está basado en la contradicción capital-trabajo y todos los acontecimientos que suceden están interrelacionados, aquí sí estoy dispuesto a decir lo que está bien y lo que no lo está porque en la contradicción capital-trabajo que rige el capitalismo, o se está con el capital o se está con el trabajo. No hay más. Y nadie que participe de la estructura de gobierno en el Estado burgués puede durar mucho si realmente pertenece al mundo del trabajo, bien porque acabe dimitiendo, bien porque lo acaban expulsando, esto último en el mejor de los casos.

Como decía, desde el comienzo del Estado de Alarma, el Gobierno ha ido tomando una serie de medidas laborales. La crisis capitalista ya se cernía sobre nosotros, es falso decir que la ha provocado el virus y por suerte hay hemeroteca para rebatirlo, aunque no tengamos los altavoces. Es cierto por otra parte que el problema que genera la pandemia agrava y adelanta la crisis. También es falso hablar de gestiones neoliberales o socialdemócratas, la gestión del capitalismo en cualquiera de sus formas es gestionar para los intereses de la burguesía, del capital.

Está claro que las medidas laborales de la gestión socialdemócrata, las que nos venden como las mejores posibles no son, sin embargo, las necesarias, no son las que necesitamos la clase trabajadora. Hoy uno de cada cuatro trabajadores está afectado por un ERTE que no saben cuándo van a cobrar el 70% de lo que se cobraba sin saber si acabarán en un ERE, que será una realidad para muchos, además de los despidos de fijos y temporales, hay familias amenazadas por desahucios y demás situaciones que conforman este tétrico panorama. Elegir la extrema derecha es elegir el mal mayor, elegir el mal menor, es elegir igualmente el mal y en cualquier caso es elegir de todo, menos lo necesario.

Desde que existen las sociedades de clases, las clases pobres, las desposeídas siempre han luchado contra las clases poseedoras, explotadoras. Desde el inicio de las sociedades de clases, la clase rica, pudiente, la que tiene de todo, ante los grandes desafíos a los que se enfrentó la humanidad siempre ha hecho uso de sus recursos para afianzar su poder basado en la posesión de herramientas, alimentos, casas, tierras, etc.

Hace unos 12.000 años surgió una revolución en la humanidad, el neolítico o nueva piedra en contraposición al paleolítico o vieja piedra. El desarrollo de la agricultura fue el pilar fundamental de esta revolución, pero pensemos por qué. Por la simple razón de la obtención de excedentes. Por primera vez en la vida, al ser humano le sobraba comida y apareció la logística, la gestión de los recursos y el desarrollo tecnológico. Para qué caminar en busca de alimento si lo podemos cultivar. Apareció el arado, los graneros y pajares, los establos y cuadras, las casas, etc.

Pero los fenómenos y la adversidad han sido una constante, la vida que está en constante evolución no se parapeta en una sociedad cerrada, la sociedad no se adapta a sí misma, sino que se adapta a los cambios externos. Nadie sale de su zona de confort si no es por una buena razón: la supervivencia. Al final si algo se impone es la vida como fenómeno biológico, no adaptamos la vida a las sociedades, sino las sociedades a lo que la vida impone y a fin de cuentas la vida se adapta a los fenómenos que nos rodean. No somos ajenos a nada. De hecho, la principal función de una sociedad es el acondicionamiento de la vida, poder generar las mejores condiciones posibles. Así si en las casas tenemos tejados es para no mojarnos, acondicionamos un hogar en adaptación a las condiciones climáticas.

El desarrollo científico tecnológico avanza y así llegamos a nuestros tiempos. Con la gran capacidad de gestionar los recursos y excedentes hoy, se impone la realidad de que no es necesaria la explotación de unos sobre otros, los excedentes y logística avanzada permiten la eliminación de las clases sociales de manera objetiva, el mundo está profundamente interconectado y colonizado. La única razón por la que hay hoy clases sociales es por la reacción de la clase poseedora a ceder en sus privilegios, pero hay lucha de clases, por las irreconciliables contradicciones entre explotados y explotadores. Pongamos la máxima de los ejemplos: en el capitalismo hoy produciendo tres veces más alimento del que se necesita, 890 millones de personas pasan hambre, no tienen acceso a ese recurso.

Bien, ya hemos llegado a nuestro tiempo y estamos en una crisis de sobreproducción, una de esas que el propio capitalismo genera de manera cíclica hasta su agotamiento y conduce a la humanidad a la guerra generalizada fruto de su propio comportamiento y además hay una pandemia, una de tantas que asoló a la especie humana.

Entonces, ahora ¿qué relación tiene la pandemia con la crisis, el gobierno como autoridad y la clase obrera y los derechos laborales? Pues la tiene toda. Como vimos, todo está relacionado, la eficiencia de una sociedad está en la capacidad para afrontar una crisis de cualquier índole o naturaleza para garantizar la supervivencia. Como vimos, las clases desposeídas siempre han sufrido y pagado las crisis y, como vemos, hoy la estamos pagando.

De los 23.822 muertos por COVID-19 actuales en España, ¿Cuántos son trabajadores y cuántos son burgueses? ¿Cómo es posible que se mueran los trabajadores y no los burgueses si el virus no entiende de clases? Porque el virus no entiende, pero el modelo de sociedad sí. Y ¿por qué se muere? Pues en gran medida porque quienes todo lo producen lo siguen haciendo y quienes nada producen, pero son dueños de todo, no permiten poner los recursos al servicio de quienes hacen funcionar el mundo. ¿Cómo? Especulando, concentrando recursos, robándolos, negando los recursos necesarios a los desposeídos y en definitiva haciendo lo que hace una clase que no haciendo falta, estorba bastante, en lo concreto una clase parasitaria.

Y aquí, volviendo al principio del artículo, está el mundo de trabajo, está la contradicción capital-trabajo. Y es entonces cuando surge la pregunta ¿A qué mundo pertenece la ministra de trabajo? La ministra de trabajo decía en una entrevista poco después de las elecciones que “eso de ser comunista era algo complejo”. Y sí, es cierto, es muy complejo ser comunista cuando no se pertenece al mundo del trabajo, es complejo ser comunista cuando estás en el bando de la clase poseedora, de la reaccionaria, de la que estorba, de la que no hace falta ya.

No hago estas valoraciones en vacío, en absoluto, sería un ejercicio acientífico y meramente provocador. Estas valoraciones son ciertas porque tienen su base para serlo, así que ahora sí, vamos a entrar el terreno de la forma.

El capitalismo, a pesar de su gran capacidad de producción y la capacidad tecnológica de su logística no puede, sin embargo, parar de producir, pues el valor no se genera en las esferas financieras, si no en la extracción de plusvalía en la producción como base de la explotación, por eso hoy nos obligan a trabajar, a producir incluso lo que no es esencial y producimos en condiciones de peligrosidad, mientras, los excedentes no están al servicio de todos, en esta tesitura los trabajadores, los desposeídos, los que no deciden sobre lo que hacen ni lo que producen, se revelan, nos revelamos con las herramientas que tenemos.

Durante muchos años esa lucha de clases fue ganando cierto terreno, implementado medidas y leyes, que, aún no solucionando el problema, eran paliativos, pequeñas herramientas sostenidas a base de una lucha cansina y constante, agotadora. Como decía el Che: la libertad y su sostén diario tienen color de sangre y están henchidos de sufrimiento. Haciendo uso de esas medidas sostenidas a base de una verdadera correlación de fuerzas, (siempre fruto de la organización sindical y política de la clase obrera, de la lucha de clases donde el Partido Comunista siempre ha sido guía y vanguardia del verdadero progreso revolucionario de la humanidad) se luchó desde el principio de esta crisis contra los peligros y abusos en un momento en que las manifestaciones y concentraciones están prohibidas. Pero de entre “esas herramientas que tenemos”, como la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, la mejor arma de lucha, como vimos, es siempre parar la producción y así se hizo en muchos talleres y fábricas de España y del mundo. Fruto de esos derechos adquiridos en la lucha, los paros eran legales, digo eran porque ahora ya no lo son, excepto la huelga, derecho que está en el punto de mira de las patronales. Pensemos que la legalidad o la ilegalidad no alteran la consecuencia de un acto, pero sí las consecuencias sobre quien o quienes lo cometen y ahí aparece la represión. Por lo tanto, la ministra de trabajo y el gobierno “progresista” es represor de la clase obrera y si aprendemos a leer el lenguaje político nos dicen: acepten por las buenas, que nuestro sistema tiene al fascismo preparado si no lo hacen. Te apuntan con la pistola del fascismo si no les das la bolsa de la vida y del dinero, que es a fin de todo, la riqueza el objetivo de producir.

Una de esas herramientas en forma de leyes que desde el principio se utilizó fue la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y una herramienta para hacerla cumplir, una autoridad laboral que es la Inspección de Trabajo y Seguridad Social. Pues bien, han desvirtuado la Ley y han capado la herramienta. El Gobierno es responsable y el Ministerio de trabajo más. Claro, los gestores del enemigo de clase no se dieron cuenta a tiempo, fruto de la improvisación, de que el uso de esta Ley, en concreto el artículo 21 y el apartado 1 del 14 podía entrar en contradicción con las medidas tomadas en los RD que se fueron sucediendo: flexibilización de los ERTE con voluntad de no despedir en los seis meses después de la finalización del ERTE ¿voluntad? Pues sí, voluntad para ellos y fe para nosotros. ¡Muy comunista todo! Encarecer en 13 días el despido, que NO PROHIBIRLO, permiso retribuido ¡recuperable! En definitiva, conceptos nuevos para esa «nueva normalidad», que suponen en la práctica una nueva reforma laboral que no solo no deroga los aspectos más lesivos de la anterior, si no que los empeora. ¿Os dais cuenta que al pleno del Congreso llevaron al debate la cuestión de los despidos por baja médica? Unos y otros, más a favor o en contra, pero siempre ocultando que no se prohíbe el despido, si no, que se encarece, pero lo importante es que llevar ese debate a el pleno donde se votaba el estado de alarma supone fabricarse una coraza de escusas ante el pueblo, gracias al papel que le toca jugar a la derecha, por lo que ¡señores ahí tienen a la derecha, no podemos hacer más! Artimañas cutres, maldades. Dejemos atrás las suposiciones y vamos a los hechos. El uso de una medida para no solo no derogar la reforma, si no profundizarla. Señores de la aristocracia obrera que os sentáis en los despachos y perdéis allí lo que conquistamos en la calle y en el trabajo, os la han metido, pero nos la comemos nosotros.

El Ministerio de Trabajo, formula un escrito en el que desautoriza a la IT a paralizar los trabajos por riesgo grave e inminente, esto sí que constituye un hecho grave, e inminente debe ser su dimisión, aunque si no pertenece al mundo del trabajo comprendo que no lo haga, ahora lo que no puedo comprender es que no dimita usted siquiera del PCE, señora ministra, como el señor Garzón que ante la especulación de los precios de mascarillas, alimentos y geles el Ministerio de Consumo no se sabe dónde anda.

Pero analicemos cómo lo hace la señora ministra de trabajo. Primeramente, desvirtúa la ley, es decir argumenta que las consecuencias derivadas del coronavirus no son de aplicación en la PRL puesto que no proceden del centro de trabajo, si no de causas externas. Es decir, la ministra de trabajo usa la concepción idealista y metafísica para dilapidar la ley. Comprende que las causas vienen de dentro y adaptamos la realidad a ello, cuando en realidad es el trabajo el que se debe adaptar a la realidad exterior, como así lo demuestra la historia del desarrollo humano. Si no, señora ministra, ¿por qué no quitamos la calefacción de los centros de trabajo si el frio es un elemento exterior que no nace del centro de trabajo? O quite los tejados de los talleres a no ser que niegue la lluvia y el calor del Sol como fenómenos naturales. La concepción idealista y metafísica siempre ha sido la base filosófica de las sociedades de clase para perpetuar su poder y confundir al pueblo, al igual que es usada por las religiones para el mismo cometido. Todo tiene una base económica y aquí esa base es impedir paralizar la producción, aunque falten EPIs, aunque falten protocolos, aunque los trabajadores se infecten y enfermen o mueran. Para ello hace interpretación parcial de la Ley y destroza la amplitud del concepto de seguridad y salud en el trabajo, reconociendo solo lo intrínsicamente asociado al trabajo que se realiza.

Como la realidad se impone, permite a la IT recoger en informe estas cuestiones y trasladar a la empresa un requerimiento para que lo cumpla, redirigiendo la responsabilidad a las autoridades sanitarias. Por lo que en la práctica desautoriza a la IT y sus inspectores e inspectoras a paralizar un centro de trabajo por riesgo grave e inminente. El Ministerio de sanidad podrá hablar con la empresa, pero no hay autoridad laboral que tenga efecto de paro de los trabajos a los trabajadores, De nuevo gana la empresa.

La ministra no puede negar que en las clínicas, residencias, hospitales, servicios de atención, etc., el riesgo de infección es un hecho propio del centro de trabajo, intrínseco, ahí no caben a lugar interpretaciones falsas ni excusas, entonces en una decisión de absoluto descaro, prohíbe directamente la paralización de los trabajos por riesgo grave e inminente como recoge la Ley PRL. Vamos, que se carga la ley. Esto en la práctica implica que los trabajadores sanitarios, esos a los que aplaudimos todos los días, trabajen sin EPIs y no se puedan revelar contra la situación legalmente, están atados de pies y manos. Esto sucede ante la incapacidad de un sistema de abastecer de los recursos necesarios a pesar de existir las fábricas y la tecnología. Pero además ¿en qué situación quedan los centros privados, residencias y servicios de atención? Sencillo: como no pueden parar, no hay protesta, si la hay pueden ser sancionados y detenidos, de esta forma se oculta el problema y no se interviene por la sanidad pública, abandonando a su suerte a los trabajadores sanitarios y a los pacientes-residentes.

En medio de todo esto se apela al heroísmo de la clase, pero se usa la categoría de héroe para justificar la entrega de sus vidas al capital, ni más ni menos. La clase obrera es heroica porque solo el pueblo salva al pueblo, pero no permitiremos que nuestros héroes mueran, porque no mueren ni por héroes ni como héroes, mueren por ser obreros y lo hacen como esclavos. Son nuestros héroes, no los vuestros.

Por si fuera poco, en el mismo documento de apenas seis páginas, deja claro que ante la ambigüedad de sus decretos y para aclararlo, los ERTES parciales SÍ están permitidos en los servicios esenciales.

De esto podemos sacar cuatro conclusiones inmediatas: ni la ministra de trabajo es comunista ni hay comunistas en el Gobierno; el capitalismo monopolista no admite la capacidad de una gestión más amable y se demuestra como ineficaz y como cinturón de fuerza para las necesidades de la humanidad hoy y mañana; el desarrollo científico-técnico y del proletariado, así como la capacidad productiva y de gestión de los recursos permiten hoy más que nunca la implantación y construcción del socialismo-comunismo; como sociedad de clases, la revolución del proletariado es la única forma capaz de conquistar el poder político y construir el socialismo.

¡Basta ya de hablar de neoliberalismo y keynesianismo! Hablemos de lo que toca, de imperialismo y de revolución socialista.

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