Madrid está siendo el epicentro de la crisis del coronavirus en España. Este artículo es la cuarta entrega de una crónica —a través de sus trabajadores— de estos días.

Si algo deja claro estas semanas es que el capitalismo se vale de cualquier circunstancia para apretarle el cinturón a la clase obrera. Los gobiernos en la Comunidad de Madrid se han vuelto expertos en hacer nuevos agujeros por los que pase la hebilla, aunque sea a costa de la salud de los trabajadores.

En Metro de Madrid murieron y mueren trabajadores por el amianto y ahora se infectan masivamente por culpa de la gestión capitalista de un virus en la que su trabajo es esencial pero no su salud. Como viene siendo habitual, tanto CAM como Ayuntamiento de Madrid continúan con los perpetuos ataques al transporte madrileño, no implantando medidas suficientes para salvaguardar al personal, únicamente pendientes de los intereses empresariales. El Comité de Empresa de Metro tiene claro que la única solución que les queda es «acudir a demandas y a Inspección de trabajo, porque la Dirección y los responsables políticos no velan por la salud de los trabajadores. Sin esta vía, solo nos marean, nos engañan y ningunean». Inspección ya ha dictado que existen múltiples anomalías en prevención laboral por parte de la empresa. La representación social ha sido excluida en la toma de medidas preventivas, más bien en la no toma. «No podemos consentir que se evalúen los riesgos igual al personal que teletrabaja y al que atiende a los viajeros presencialmente. Han ignorado y ninguneado nuestras propuestas de prevención, reestructuración de turnos y adaptación de los sistemas de trabajo. Es evidente que el personal que presta servicio directo y esencial está pagando un precio muy alto y no se procura su máxima seguridad. Actualmente tenemos 167 casos confirmados y otros 417 en cuarentena, a la vez que 1032 están en aislamiento o de baja». Supone un 23% de la plantilla. Los más afectados el personal de estaciones, maquinistas y mantenimiento. Un muerto incluido.

Una situación parecida se vive en la EMT. Cuatro meses atrás sus trabajadores dejaron claro que la unidad y el trabajo sindical son la piedra angular sobre la que construir la defensa de los derechos obreros. De nuevo han vuelto a seguir el mismo camino, plantando cara a los gestores por la nefasta gestión de la crisis. ¿Ha querido tomar represalias el Ayuntamiento tras perder la batalla frente a los trabajadores? Podría pensarse que sí, pues durante semanas se ha intentado enfangar cualquier reunión con la representación sindical, se ha intentado enfrentar a trabajadores y, lo más grave, se han puesto trabas para no cumplir con las medidas de seguridad que garantizasen la salud de los trabajadores. El resultado es una insultante tardanza en el aprovisionamiento de EPIs, se forzó a trabajar a personal de riesgo, sigue habiendo reticencias a la adaptación de los horarios para evitar el contacto entre trabajadores y el alcalde llegó a negar el fallecimiento de dos compañeros infectados. Hasta comienzos de abril la empresa no aceptó la baja retribuida al 100% de todos los trabajadores que formasen parte de grupos de riesgo, mientras que hasta mediados de mes no fue reconocido como accidente laboral el contagio.

A diferencia de la EMT, el transporte interurbano es un servicio ya privatizado por la CAM. Gracias a ello la patronal ha conseguido ir extrayendo derechos a los trabajadores. Esta vez la intención no ha sido diferente. «Nosotros hemos conseguido salvar el ERTE. Hasta la fecha vamos haciendo cambios de cuadrantes, de libranzas y acumulando los días festivos en vez de cobrarlos», dice Raúl, delegado de CGT en Avanza. «Al no tener mampara en el puesto de conducción los usuarios entran y salen por la puerta de atrás y no abonan el viaje. Se ha prohibido el acceso a nuestro puesto de conducción desde la segunda fila de asientos, por lo que el contacto es casi imposible».

Daniel, de SLT en Avanza, confirma cómo la representación de los trabajadores ha sido determinante para garantizar el empleo y la protección del trabajador: «En el transporte regular los Comités hemos estado al pie del cañón evitando el ERTE, pendientes de las reducciones de servicios del CRTM y de que se aplicasen las medidas de seguridad pertinentes, un gran problema ante la escasez de EPIs. Se ha repartido entre todos los compañeros el trabajo de la forma más solidaria posible y hemos tenido que ceder condiciones sociales y económicas para mantener el empleo de los compañeros». La situación es peor en los servicios asociados al turismo hostelería o aeropuertos: «En el servicio discrecional los ERTE se han llevado a cabo ante el cese de actividad». Sumándole los retrasos de la gestiones por parte del SEPE, los trabajadores están sin cobrar. «Nos vemos arrastrados por la pasividad de las administraciones, con un futuro incierto en el sector. Desde el sindicato buscamos el menor impacto posible para los trabajadores».

El taxi es el tercer foco claro de ataque capitalista al transporte de viajeros en la CAM. Igualmente son un servicio esencial e igualmente el trato ha sido lamentable por los gestores políticos. Luis es presidente de Élite Taxi y relata que «el servicio que prestamos tiene un alto riesgo porque el contacto con nuestros usuarios es muy cercano, el habitáculo debemos mantenerlo constantemente desinfectado o corremos el riesgo no solo de infectarnos nosotros sino de que pueda contagiarse algún usuario. Las medidas de protección que nos han facilitado se pueden resumir en dos mascarillas por taxista y ahora recibimos otras cuatro del Ministerio de Transportes a través de Correos». El resto corre a cuenta suya, igual que cargar con las pérdidas que supone la crisis. «La gran mayoría de taxistas son autónomos unititulares de licencia, y lo tienen más complicado. Como no podemos suspender nuestra actividad por ser servicio esencial debemos demostrar una reducción de facturación superior al 75% en el mes con respecto al semestre anterior». Las presiones han surtido efecto, ya que el Ayuntamiento ha accedido a rebajar la actividad al 40% y que la Consejería de Transportes de la CAM certifique el descenso del 75% en la facturación. «Nos costó mucho, porque parecía que estaban más preocupados en el Ayuntamiento en protegerse de una posible demanda por limitar los derechos de explotación de las licencias que de la salud de las personas». Pero el problema no acaba ahí. «Muchos taxistas están en una situación dramática al tener que hacer frente a numerosos pagos y no tener ni ingresos ni ningún tipo de ayuda económica». A los pagos habituales de una familia se unen los préstamos por compra del vehículo y la licencia.
A diferencia de quien gestiona la situación, durante esta crisis muchos taxistas se han volcado en ayudar, poniendo su granito de arena de forma altruista. «Hemos trasladado personal sanitario gratuitamente desde los primeros días, distribuido viseras que fabricaban los colectivos de makers o comida a enfermos de Alzheimer en colaboración con AFADE, por ejemplo».

Solo el pueblo salva al pueblo: «Somos igual que muchos otros trabajadores de otros sectores, nuestra intención es ayudar a quienes están sufriendo más duramente los efectos del COVID-19». Lo único que piden a cambio es que «la gran mayoría de la gente haya aprendido a valorar la importancia y necesidad de poder mantener unos servicios públicos de calidad, accesibles para todos y sostenibles. No se pueden continuar anteponiendo los privilegios y beneficios del poder económico por encima del interés general».

Ellos no abandonaron la carretera, no dejemos que les echen de ella. Cuando el resto vuelva a salir fuera la crisis no habrá más que comenzado. Volveremos a no ser esenciales, seguiremos siendo explotados. Nuestra tarea, romper la hebilla y deshacernos del cinturón.

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